Capítulo 47.

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Niall 



 
Atareado y sin ninguna intención por detenerme, seguí avanzando entre la multitud de personas que me empujaban muy descortésmente, sin siquiera susurrar un "lo siento" o al menos un "quítate" para hacerme sentirme visible en medio de aquella manada de animales. El lugar estaba hasta el tope mientras que en mi mente me maldecía a mí mismo por haber sido tan perezoso y no haber acudido antes.


 

-Ni, no me dejes atrás –Una mano se aferró a la manga de mi camiseta mientras que una asustada voz llegó a mis oídos. Apenado me giré hacia Louis, quien me observaba con mirada de cachorro y un puchero en sus labios, producto de mi anterior abandono a su persona.


-Lo siento, Lou, es tu cumpleaños y yo te arrastro por todo el centro comercial en busca del regalo de Harry. Soy un mal amigo –Algo cansado y con las bolsas cortándome la circulación de la sangre, jalé a mi amigo y lo conduje a una banca que milagrosamente se encontraba vacía. Louis aún aferrado a mi brazo como si su vida dependiera de ello, sonrió.


-No digas eso, tonto. Qué amigo hace todo lo que tú estás haciendo por mí ¿Ah? A pesar de que me han pisado casi 20 veces y he recibido algunas miradas de odio, estoy a gusto contigo. Es decir, es mi cumpleaños y estoy con la persona que más quiero en este mundo. ¿No es ese regalo suficiente? –Sus palabras eran suaves y su sonrisa muy gigante, dándome esa sensación cálida incluso cuando la temperatura era enteramente baja y helada.



 
-Dios, no sé que hice para merecerte –Dispuesto a darle un par de mimos, le acaricié las mejillas, dejando inocentes besos en estas antes de pellizcarlas como era costumbre, viendo aparecer aquel significativo color rosa que se extendió por su piel.


 

-Anda, no te pongas romántico que me harás llorar. Mejor vamos a buscar el regalo de Harry y luego si me regalas todo tu tiempo –Animado y sin un indicio de cansancio a pesar de haber caminado prácticamente toda la mañana, este se levantó de golpe y me arrastró con su mano entrelazada a la mía, abriéndose paso entre las personas para correr a aquel almacén que en pocos minutos cerrará, y si no llego a tiempo, no tendré el regalo que hace algún tiempo mandé a hacer, pero que por pereza, no vine a recoger antes. He aquí las consecuencias de ello.


 

Hoy, finalmente, sería navidad. Estaba muy ansioso por la ocasión, y es que, no sólo es el cumpleaños de Louis y la pequeña reunión que tengo planeada para celebrarle su día lo que me tienen así, sino también está el hecho de que en la noche cenaré con mi familia, y además, la de Harry, incluida Ana.


Sí, sorprendentemente los padres de Harry consiguieron pasar una navidad con él, y como mi novio no aguantó la felicidad, quiso compartirla conmigo, proponiéndole así a sus padres y Ana una cena con mi madre y Greg. Sorpresa me llevé cuando no dudaron ni un segundo en aceptar. Es más, el padre de mi novio alegó que desea conocer al ángel que cambió la vida de su hijo, o al menos así lo dijo.



 
-Aquí es, Lou –Sonreí con burla al ver el desvío que Louis pretendía hacer, sin saber exactamente en donde quedaba el almacén. Este muy obediente dejó que lo guiase al interior de la tienda, en donde una chica amablemente nos recibió, preguntándonos entonces si requeríamos de algo en específico. Negando y con una pequeña sonrisa, me dirigí a la mujer que una semana atrás me atendió.


 

-Buenos días –Saludé educadamente, llamando la atención de Louis, quien hasta el momento se había entretenido bastante con unos collares preciosos que se mostraban en la vitrina.



-Oh, joven Horan, es usted –La mujer de mediana edad me dedicó una sonrisa y respondió a mi saludo anterior, invitándonos con la mirada a que la siguiéramos al lugar en donde se supone, está el regalo de Harry. Louis muy atento sólo se dedicó a seguirnos, sin soltarme la mano en ningún momento porque según él, podría perderse. Claro.


 

-Aquí está, bien empacado y decorado, como usted dijo. Si quiere puede verificar la inscripción –Una hermosa bolsa de regalo se presentó frente a mis ojos, mientras que en el interior yacía una mediana caja de terciopelo color azul. Louis abrió sus ojos muy grande y me aplastó con su cuerpo en el momento en que abrí la caja, observando con maravilla ambos objetos en su interior.



 

-Perfectos –Susurramos al unísono Louis y yo, respirando casi pausadamente frente a aquellos relucientes objetos, con miedo de estropearlos u ocasionar cualquier daño a tan frágiles cosas. En mi interior no podía sentirme más satisfecho, todo yo era una fuente de luz brillando de alegría en aquel almacén. La inscripción era simple y cliché, pero a mí me gustaba y eso es lo que importa. Si a Harry le parece una ridiculez, ya tendrá tiempo para arreglárselas con mi puño en su cara.


 

-Muchas gracias –La encargada empacó nuevamente el regalo y lo guardó cuidadosamente en la bolsa, pasándolo a mis manos segundos después cuando me preguntó algunos datos y firmé uno que otro recibo. Con factura en mano y nada más que hacer en aquella joyería, me dirigí a la salida, despidiéndome atentamente de la mujer que me atendió para finalmente respirar tranquilidad al tener lo que principalmente quería.


 

-Ahora sí, Lou, vamos a disfrutar la mañana tú y yo –Ambos sonreímos y nos encaminamos fuera de aquel gigantesco lugar que en cualquier momento caería con tantas personas dentro. Todos ellos eran aquellos perezosos que el primer día de diciembre dijeron que tendrían todas las compras listas, y casi dos semanas después, están ahí, llevándose lo poco que hay. Yo no era tan irresponsable, ya que por lo menos lo había mandado a hacer con anticipación. Ya si hablamos de venir a recogerlos, pues... en eso si fallé.


 

Juego de venganzas -NarryHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora