Capítulo 36.

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Niall.


Sentí un leve hormigueo en mi cabello, pero aun así no abrí los ojos, ya que no podía ni tenía las fuerzas para hacerlo. Sentía como si un camión me hubiese pasado por encima varias veces. Me sentía cansado, agotado, fatigado, mi cuerpo dolía mucho.


Me tomó mucho tiempo darme cuenta que había una presencia a mi lado, y que esa persona se encontraba acariciando mi cabello con tanta delicadeza y cuidado que incluso llegué a pensar que lo había imaginado. Las caricias eran suaves y realmente estaban logrando que el dolor se apaciguara un poco. Me sentía más relajado, y aunque aún sintiera ese horrible dolor en todo mi cuerpo, era capaz de dejarlo en un segundo plano solo por las tranquilas caricias.


Me siento confundido. No sé dónde estoy, ni recuerdo nada de lo que ocurrió ayer. Es como si de repente todos los recuerdos de lo que paso el día anterior se hubiesen borrado de mi mente sin siquiera dejar rastro.



La cabeza me daba vueltas, dolía y parecía que en cualquier momento iba a explotar por lo fuerte que palpitaba. Me sentía un poco atontando, ido, como si me encontrara en un tipo de trance o encantamiento. Es extraño, porque al mover mi boca siento mis labios entumecidos, como si me hubiesen aplicado anestesia o algo parecido. Mis ojos arden, y mi garganta duele mucho. Realmente me siento mal y quiero averiguar ahora mismo en que jodido lugar estoy y quien es la persona que se encarga de relajarme, pero no puedo abrir los ojos. 


-No te esfuerces mucho, aun estás muy débil y no podrás abrir tus ojos durante algunos minutos –Mi cabeza se giró hacia la izquierda, de dónde provenía la voz, la cual identifiqué como la de Daisy. Mi mente estaba nublada, y por más que intentara recordar los acontecimientos sucedidos, no podía hacerlo.


-Yo... ¿Dónde est...? –Intenté hablar, pero lo único que salía de mi boca eran balbuceos incoherentes. Escuché la leve risa de Daisy, quien había pasado sus caricias a mis mejillas. Suspiré y me dejé llevar por sus caricias, las cuales estaban logrando calmarme al menos un poco.


-Shh...no intentes decir nada, solo relájate. Después responderé todas las preguntas que quieras –Susurró con un tono de voz dulce y agradable. Empezaba a sentirme bien, ignorando todo el dolor físico que sentía, me sentía más cómodo y a gusto. Mis músculos se relajaron y un suspiro de alivio salió de mis labios. Nunca pensé que tener la mente en blanco, sin tantos pensamientos de por medio, me traería tanta calma y paz.


No tengo nada porque preocuparme, nada en que pensar, nada que me agobie o me haga daño. Todo es paz ahora, tan calmado y tranquilo que realmente empiezo a dudar si esto es un sueño o es verdad, porque nunca en mi vida me he sentido tan relajado.


-Has de sentirte muy cansado ¿No es así? –Preguntó Daisy con un tono de voz que no supe de qué forma identificar. Sonaba triste, pero a la vez no abandonaba ese tono protector y cálido.


Asentí con la cabeza, sin las fuerzas suficientes para poder responderle. Sentía mi cuerpo pesado. Intenté mover mis pies pero los tenía entumecidos, al igual que mis manos. Mis parpados, por más que intentara abrirlos, parecían pegados.


-Basta, no intentes moverte, tu cuerpo aun no despierta del todo –Fruncí mi ceño, haciendo que la cabeza me doliera considerablemente al hacerlo. Mis labios ahora formaban una fina línea, mientras que mi mente empezaba a procesar las palabras dichas por Daisy.

Juego de venganzas -NarryHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora