Niall
Niall: 22
Harry: 23
Hoy era el día.
Faltaba apenas una hora para que todo comenzase, y yo, sentado en aquella silla que se ubicaba frente a un espejo que me devolvía mi propio reflejo, estaba nervioso. Era una sensación de nerviosismo diferente a cualquier otra que hubiese sentido en mi vida, y es que, ¡Iba a casarme! En algunos minutos yo estaría caminando hacia ese altar improvisado y me comprometería ante Dios y decenas de testigos que serían participes de aquella perfecta escena en la que sellamos nuestro amor ante el mundo.
Me veía a mí mismo en aquel traje elegante con una flor en el bolsillo que quedaba a la altura de mi pecho y sonreía, tan grande y radiante que incluso pensé que rompería el espejo. La sensación de calor que llenaba mi interior provocaba que en mi estómago se revolvieran todos aquellos sentimientos que, junto a las mariposas queriendo salir, enviaban corriente a mi cuerpo. El día finalmente había llegado y yo ya me sentía llorar como magdalena porque aquello era demasiado irreal.
¿Cómo llegué aquí? ¿Cómo siquiera pasó tan rápido el tiempo como para estar a pocos minutos de mi boda? Responderme aquellas preguntas sin duda me llevarían el tiempo más largo del mundo, y es que era incluso demasiado loco volver a atrás y recordar todo con lo que empecé y ahora lo que conseguí.
Me levanté de la silla en la que reposaba ansiosamente y me planté ahora frente al gran espejo que frente a mí se mostraba. Sonreí de medio lado y acomodé mi cuello de la mejor manera posible, pensando en cómo se vería él, en sí estaría nervioso también, en sí estaba tan malditamente ansioso por salir allí y gritar a los cuatro vientos que nuestro amor no tendría fin al igual que yo. Todo en mi cabeza era un gran lío.
-Dios, mi hijo se ve tan perfecto –Unos sollozos a mis espaldas lograron que me girase hacia las dos personas que frente a mi se presentaban, ambos con lágrimas de felicidad en los ojos y aquellas hermosas sonrisas que me llenaban el pecho de calidez –Mi bebé creció tan rápido –Greg se hizo a un lado para dejar que mi madre corriese a abrazarme de la forma más reconfortante y estrecha posible, dejando salir suspiros lastimeros de sus labios mientras que cuidaba no arrugarme el traje o mancharlo, como dijo hace algunos segundos.
-Mamá, no sabes lo increíble que es tenerte aquí en este día tan importante para mí –Mis ojos se aguaron sin ninguna intención al oír a mi madre sollozar en mi cuello, viéndose tan frágil que no pude evitar apretarla un poco más fuerte y cerrar mis ojos, agradeciéndole con aquel gesto el haberme criado de la manera en la que lo hizo y haberme alimentado con la perseverancia con la que había llegado hasta ese punto, a casarme, a darme la oportunidad de ser feliz finalmente.
-Estoy tan orgullosa y feliz por ti, Niall, no sabes cuanto se me llena el pecho de calidez al ver que mi hijo finalmente se convirtió en un hombre maduro que sabe lo que quiere y lucha por conseguirlo –Mi madre se apartó de mí aún con la respiración irregular, dejando que sus yemas me acariciasen las mejillas en un acto dulce que me hizo cerrar los ojos ante el tacto. La extrañaría tanto –Me dolerá no verte más en casa, cantando, agotándole la paciencia a tu hermano o riendo de esa manera estruendosa que ilumina mis días, pero tengo que aceptar que ya no eres un pequeño que se escondía debajo de su cama por miedo al coco. Ahora has crecido, desarrollaste tu personalidad y te vas a casar, serás feliz al lado de la persona que amas y yo me siento increíblemente orgullosa al ver en lo que te has convertido. Mamá te ama, y para mí, a pesar de todo, seguirás siendo mi bebé. Te amo mucho, mi amor.
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Juego de venganzas -Narry
FanfictionQuien iba a pensar que la vida de estos dos chicos se encontraría y que de juego en juego ambos terminarían enamorados. Niall Horan, chico abiertamente gay, temperamental, impulsivo y con un gran carácter, dispuesto a no dejarse de quien quiera pis...
