Niall
Era irónico, ya que en ese momento me encontraba en una situación que vagamente recordaba haber vivido meses atrás, cuando mis esperanzas se arrastraban por el suelo y la única oportunidad que vi brillar frente a mis ojos era esa, pararme frente aquella puerta con mis nudillos apretados y la respiración quedándose atorada en mi garganta, llamando insistentemente a la persona que pensé que me devolvería a la vida. Hoy, aquí de pie, los motivos son totalmente diferentes, aunque las sensaciones siguen siendo las mismas. Dentro de mí se acumulaban un sinfín de emociones que difícilmente podía controlar. La sangre en mi sistema parecía querer jugar una carrera a toda velocidad, mientras que el sudor empapando mi tembloroso cuerpo terminaba por complementar aquella imagen apenada y nerviosa que estaba mostrando.
Me repetía a mí mismo que debía mantener la calma en aquel momento, pero me era muy imposible dejar de sentirme asustado ante los pensamientos que atormentaban mi mente. Todo yo era un desastre tembloroso y miedoso que se retorcía de temor en la puerta de aquel que no parecía atender a mis fuertes llamados. Mi mirada viajaba de mis pies a la puerta, terminando en el hermoso y colorido jardín que detrás de mí se mostraba. Intentaba normalizar mi respiración tomando cortas boconadas de aire, casi ahogándome con mi propia saliva al no obtener resultado.
¿Qué le diría? ¿Cómo sería capaz siquiera de pronunciar palabra al verlo? Me era muy complicado pensar en las oraciones que saldrían de mi boca en cuanto lo viese. Por más que puse a trabajar mis neuronas para que me diesen una respuesta, nada surgió. Había estado planeando toda la tarde las palabras correctas, aquellas que fuesen concretas y claras para que no dejasen paso a la malinterpretación, pero no fui capaz, simplemente me fundí antes de siquiera funcionar. Estaba a punto de explotar de la impotencia, sintiendo como si estuviese a punto de perder la vida en manos del miedo, aunque poco creía que el miedo fuese causa de muerte.
Lo gracioso de todo aquello era que, a pesar de sentir mis piernas flaquear a punto de dejarme colapsado en el suelo y la culpabilidad extendiéndose a cada zona de mi cuerpo, me sentía feliz. Incluso aquel pánico que se comía la poca cordura que albergaba dentro mí no terminaba de afectarme del todo cuando en ciertas ocasiones sonrisas furtivas aparecían en mis labios y el recuerdo de lo que pasó en la mañana se cruzaba en mi mente. Era un remolino de sentimientos que sin duda me estaban asfixiando, pero poco me importaba eso cuando sentía que cada poro de mi piel casi gritaba lo contento que estaba en ese momento.
El aire frío que corrió por allí se coló dentro de mí, logrando que mis huesos se calaran y que mi labio inferior empezara a temblar. La noche se cernía sigilosamente sobre mí figura, penetrándome con una capa espeluznante de oscuridad que me dejó helado en mi lugar. Me abracé a mí mismo con temor y miré la puerta que minutos antes había asaltado como un loco con mis nudillos. Las luces de la casa estaban encendidas, lo que me demostraba que había personas dentro. Sin embargo, nadie parecía percatarse del tonto chico que lleva casi 3 horas congelándose mientras espera con una hipotermia que se llevará su vida en cualquier momento.
Me di media vuelta con algo de resignación, estirando mis pies con algo de dificultad al notar el entumecimiento de estos. Estar tantas horas allí parado sin duda no me cayeron tan bien. Mis pies consiguieron dar un par de pasos más antes de que el sonido de la puerta abriéndose llegase a mis oídos, haciéndome detener abruptamente.
Las alarmas se encendieron dentro de mí, acelerando a mi pobre corazón que no dudó ni un segundo en intentar escapar por mi boca. La sangre volvió a recorrer rápidamente mi torrente sanguíneo mientras que mi cuerpo inmóvil y estático se quedaba allí de pie, sin asimilar siquiera la situación. Deseaba voltearme solo para cerciorarme de que fuese la persona que estaba esperando, pero mi cerebro le mandaba órdenes a mis piernas para que se quedasen quietas.
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Juego de venganzas -Narry
Fiksi PenggemarQuien iba a pensar que la vida de estos dos chicos se encontraría y que de juego en juego ambos terminarían enamorados. Niall Horan, chico abiertamente gay, temperamental, impulsivo y con un gran carácter, dispuesto a no dejarse de quien quiera pis...
