Capítulo 12.

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Niall 



 
No supe cuánto, pero lo único que sé, es que fue mucho el tiempo en el que Harry y yo nos quedamos estáticos, sin hacer o decir nada, solo miradas.


 

-¿Qué A-ca-b-a-s D-de D-decir? –Tartamudeo Harry, mirándome a los ojos fijamente, haciéndome temblar con esa simple acción.


 

-Nada –Dije, rogando al cielo para que Harry no haya oído nada, aunque lo dudo mucho, porque por su cara lo demuestra; está completamente pálido.


 

-No me mientas, dijiste que te besara ¿No? –Negué levemente, haciéndome el desentendido, pero sabía que Harry había escuchado completamente.


 

-No, lo que trate de decir fue "Déjame" no "Bésame", pero parece que estas totalmente enamorado de mi porque ahora escuchas otras cosas –Harry sonrió de medio lado, con esa porte chulesca y picarona que me enciende. Sus ojos me observaban con burla, divirtiéndose de lo patético que me veía. Sus manos capturaron mis brazos a cada lado de mi cabeza, dejándome apresado y a su entera disposición.



 
-¿Ah, sí? mira tú, que tonto soy ¿No? escuchando cosas que nada que ver con el tema –Se acercó peligrosamente a mí, nuestros rostros estaban a escasos centímetros de distancia y nuestros pechos se rozaban. Su delicioso aroma se coló por mis fosas nasales, y su respiración tranquila chocaba contra mi nariz, provocándome un leve cosquilleo que recorrió todo mi cuerpo, enviándome corrientes de electricidad. Mi corazón estaba que se salía de mi pecho, y es que tener a Harry mirándome fijamente me pone de muchas maneras.


 

-D-de J-ja M-me –Susurre, aunque sabía que lo que mi cuerpo quería era otra cosa. No era un "Déjame" sino un "Tócame" o "Bésame", cualquiera de las dos seria efectiva.


 

-No suenas muy convincente –Murmuro en mi oído, su boca estaba a escasos centímetros de esa parte, provocándome un revuelco en el estómago y una sensación placentera, como un hormigueo.



 
-Solo Dejam... -Me quede estático, sin poder pronunciar palabra. Harry estaba mordiendo mi oreja, y lo hacía de la manera más sucia posible, pero que para mí me parecía totalmente excitante, sentía como iba a derretirme en cualquier momento.


 

-¿Te gusta? –Su voz estaba completamente ronca, mucho más de lo que era eventualmente. Sus labios aun besaban el lóbulo de mi oreja, mordisqueando y lamiendo, justo donde mi punto dulce y sensible se encuentra, ese lugar que me hace perder la cordura. Él está tocando ese punto.


 

Entonces me pregunto si es una broma. Harry no podía estar haciendo aquello ¿O sí? esto debe ser una completa mentira, un sueño, eso debe ser.


 

-¡Oh, joder! –Un jadeo salió de mis labios sin poder evitarlo. Escuche la ronca risa de Harry muy cerca de mi cuello, haciendo que mi cuerpo vibrara y que una tonta sonrisa se dibujara en mis labios. Sentía como iba a desfallecer en cualquier momento ¡Joder, Harry me ponía caliente!


 

-¿Quieres que continúe? –Pregunto, con su boca pegada a mi oreja, respirando entrecortadamente mientras que daba un cortó lametón en esa parte. Asentí, cerrando los ojos, disfrutando de la sensación que sus lamidas me proporcionaban, aferrándome a su espalda como si de ello dependiera mi vida. Sus besos pasaron del lóbulo de mi oreja a mi cuello, repartiendo pequeño picoteos por la piel sensible de este. No podía creer aun lo que estaba pasando, no sabía si era un sueño o algo parecido. ¡Joder, eso tiene que ser, un sueño, un perfecto sueño!


 

-Oh Joder... Harry –Sentía como poco a poco mi amiguito iba despertando sin previo aviso, pidiendo ser tratado, y por supuesto que por nada más y nada menos que Harry.


 

Gemí estruendosamente, sintiendo como mi cuerpo se derretía en espasmos de placer por la deliciosa boca de Harry sobre mi cuello, lamiendo, chupando, mordiendo. Mis ojos se blanquearon y mi espalda se arqueo, mientras que Harry se aferraba con fuerza de mi cuerpo, impidiendo que cayera. Cerré mis ojos y clave mis uñas en su espalda, haciendo que Harry dejara salir un leve gemido de sus labios, sonido que hizo que mi cuerpo vibrara. Sus gemidos son música para mis oídos.


 

-Harry... -Gemí por lo bajo, con la respiración un tanto agitada y el corazón en la boca. En cualquier momento desfallecería aquí mismo, mis piernas flaqueaban y mis manos temblequeaban. Corrientes eléctricas y mariposas revoloteando en mi estómago eran unas de las cuantas sensaciones que Harry me estaba haciendo sentir en este momento. Todos mis pensamientos se vieron nublados por una oscura capa de lujuria y deseo que me empezaba a consumir.



 
-Te prendes rápido...Eso me encanta –Harry mordisqueo mi cuello y luego succiono con fuerza, haciendo que un pequeño, casi audible gemido escapara de mis labios, pidiendo más. No respondí, solo asentí, dejándome hacer – ¿Quién fue el que callo ahora? –No comprendí su pregunta, pero cuando abrí los ojos comprendí por completo. Se marchó, soltando mis brazos, los cuales cayeron a cada lado de mi cuerpo. Me quedé estupefacto en mi lugar, tratando de analizar lo que había pasado. ¡Joder, me la había hecho, y lo peor, lo peor era que había caído redondito! ¿Cómo podía ser tan idiota, Joder? Debí haberlo supuesto. Pero es que ¿Cómo Resistirme? Harry, me mataras algún día.


 

Recogí mi mochila que se encontraba en el piso, y con paso lento me dirigí a mi siguiente clase sin la mayor de las energías. Estaba completamente excitado, mucho diría yo, pero no podía hacer nada, solo esperar a que se me bajara la excitación por si sola.


 

Nada bueno me esperaba en el salón, solo un Louis enojado, ignorándome, cosa que me hará sentir peor de lo que ya me siento ahora.


 

Antes de entrar al salón, vi pegada en la puerta una fotografía. Me acerque a ella para observarla, y al verla rompí la hoja en mil pedacitos, sintiendo ganas de llorar otra vez.


 

Era una imagen de mí, empapado en pintura, siendo avergonzado frente a casi todo el instituto. Estaba siendo exhibido, como una puta. Entre a mi salón de clase, esperándome claramente lo peor. Cuando entre, todo el ruido que había, desapareció, dando paso a un silencio perturbador. Todas las miradas de los cuarenta y tantos estudiantes, estaban puesta sobre mí, sin perderse algún detalle.


 

Decidí ignorar aquello, dirigiéndome al asiento que compartía con Louis. Me pareció algo muy extraño no haber encontrado a Louis allí, el asiento estaba vacío. A penas me senté en mi lugar, los murmullos y las risas no se hicieron esperar. Todos me señalaban y se burlaban en mi propia cara. Me sentía muy mal, y no tenía a Louis a mi lado para que me ayudara a ignorarlos. Sentía un vacío a mi lado, como si una ficha clave me faltara, y por supuesto, era Louis.


 

Me encogí en mi lugar, tratando de ser fuerte y no llorar, porque, aunque parezca de acero, soy sensible, y cualquier cosa relacionada con Bullying me pone mal. Solo quiero desaparecer, que se haga un holló en la tierra y me trague por completo, así no seré más el motivo de burla de todos estos idiotas.


 

-Jóvenes ¿Por qué tanto ruido? –Pregunto el maestro, quien puso sus cosas en su escritorio y se posiciono en el centro del aula de clase, mirándonos a todos, uno por uno, de forma expectante –De pie, por favor -Todos nos levantamos obedientes. Mire a mi lado, viendo el puesto vacío, frunciendo el ceño con confusión. Louis no era de los que faltaban, mucho menos por alguien. ¿Y si le pasó algo? ¡Oh joder, si es así, será toda mi culpa! –Buenos días chicos ¿Cómo están? –Pregunto el maestro, sonriendo de oreja a oreja.


 

-¡Muy bien! –Respondimos todos al unísono, causando que el maestro asintiera con la cabeza, en aprobación. El profesor Mathew hizo una señal con la mano para que todos nos sentáramos.


 

-Bien, empezare con la lista, por favor respondan presente –Estaba nervioso. Miraba hacia la puerta cada dos por tres, rogando porque Louis apareciera, pero nada, ya se estaban acercando a su nombre, y este aun no llegaba. Me sentía como una vil mierda. ¿Cómo puedo ser tan cruel? En serio no tengo corazón. Louis ha de estar muy mal, mientras que yo estoy aquí, tan campante como siempre.

 


– ¡Louis Tomlinson! –Suspire frustrado, el no vendría.


 

-¡No Ha Venido! –Dije. El maestro frunció el ceño, mirándome con sorpresa.


 

-¿En serio? ¿Tomlinson no ha venido? –Asentí levemente con la cabeza, mirando a mi lado y sintiendo ganas de echarme a llorar.


 

-No –El maestro asintió, con cierta pena pintada en su rostro. Quizás él también sabe que Louis nunca faltaría al instituto.


 

-Bien, saquen su libro de química y hagan los ejercicios de la página 260, vendré en un momento –El maestro se fue, dejándonos a todos solos. Escuche un "Pss" a mi costado. Trate de ignorarlo, pero este se hacía más intenso Y Fastidioso.


 

-¿¡Qué Mierda!? –Pregunte con rabia, girándome hacia un grupo de chicos que me miraban expectantes.


 

-Hey, tranquilo, relájate hermano –Dijo uno de ellos. Era un chico con cabello castaño liso, ojos cafés y cuerpo de atleta; este me observaba con burla.



 
-No me digas hermano idiota, y disculpa, debo trabajar –La mandíbula de aquel grandulón se tensó, dándome a entender que no le había gustado para nada mi actitud. Ja, pues me vale una mierda, que se joda.


 

-Oye, solo quiero hacerte una pregunta. Dime ¿Es cierto que fuiste tú el que le quemo las pertenecías a Harry? –Pregunto el chico con voz extasiada, mirándome de forma expectante al igual que los otros idiotas que lo secundaban.


 

-Si ¿Y? –Me encogí de hombros, restándole importancia, ignorando a ese idiota por completo.


 

-Vaya ¿Es en serio? joder, tu sí que tienes huevos –Dijo sorprendido, aunque no sé porque la sorpresa.


 

-¿Qué es lo que te sorprende? –Dije con fastidio. ¿Acaso parecía tan débil?



 
-Bueno, es que nadie se ha enfrentado a Harry, y tu como eres marica, pues no pareces tener el valor de hacerlo –Respondió sin descaro, causando las risas de todos los estúpidos que habían a su alrededor, contemplando su teatro. Sentí como la sangre me hervía, y como la rabia iba incrementando por segundo.



 
-¿Me acabas de decir debilucho? –El chico asintió con diversión, haciendo que mi rabia incrementara muchos más y que las ganas de golpearlo fueran inevitables.


 

-Claro que sí, mírate, ayer parecías una quejica, llorando porque te empaparon en pintura ¡Solo eres un débil! –Dijo. Todos empezaron a burlarse de mí, palmeando la espalda del chico en aprobación. No aguante más, explote completamente.


 

Me abalance con toda la ira contenida hacia el chico, quien abrió los ojos como platos.


 

Lo tome de la camiseta, forzando mi agarre en este. Lo eleve en el aire, mirándolo desde abajo con ira, y sin más miramientos lo lance al suelo, haciéndolo caer de lleno contra este. Varios pupitres que había allí fueron derrumbados, dejando paso a un completo desastre. Unas chicas gritaban escandalizadas, mientras que unos chicos miraban de lejos, sin entrometerse. El chico que había lanzado al suelo tenía el labio roto, por el cual se encontraba sangrando. Este trato de apoyarse con sus manos para Levantarse, pero le impedí hacerlo, girándolo por completo hacia mí y haciendo que me mirara fijamente a los ojos.


 

-¡¡Quiero que me repitas Lo mismo que has dicho antes, dímelo idiota, dímelo que no te escuche!! –La ira, en vez de disminuir, iba creciendo. Sentía como la adrenalina recorría todo mi cuerpo. Me subí encima del chico, colocando mis pies a cada lado de su cintura, tomándolo del cuello de la camiseta y acercándolo a mi rostro, mirándolo con desprecio y repugnancia. El chico respiraba entrecortadamente, mientras que podía oler el miedo por cada poro de su piel.


 

Uno de mis puños impacto en su mejilla derecha, haciéndole girar la cara hacia un lado automáticamente por la magnitud del golpe. Varios de mis puños fueron a parar en su cara, otros en el abdomen y estómago. Sentí el chico desvanecer, así que lo solté para luego pararme de encima de él, dejándolo allí tirado en el piso. Ya había descargado toda mi rabia, me sentía mejor.


 

Pero antes de que pudiera dar un paso más, sentí como alguien me agarraba del pie, haciéndome caer de lleno al suelo. Mi boca impacto con el frió y duro suelo, haciéndome romper el labio inmediatamente; la sangre no demoro en salir a borbotones de este, manchando mi camiseta y el piso. Me gire con los ojos abiertos como platos para ver quien había sido el imbécil. Me lleve la sorpresa de que era el mismo chico al que había dejado hace un rato en el piso, casi muerto. Este me observo con ira, antes de agarrarme con brusquedad de la camisa, levantándome del suelo y elevándome en el aire.


 

-Quieres pelea, pues pelea vas a tener –Escupió con la respiración entrecortada. Tenía toda la cara magullada, llena de golpes e hinchada, un par de morados en su mejilla y ojos, mientras que sangre salía de su labio y nariz. Sus ojos estaban oscurecidos por la rabia. Me estrello varias veces contra la pared, haciéndome perder el equilibrio. Me dio una patada en el estómago, haciéndome gemir de dolor y encogerme en mi lugar, mientras que perdía el aire. La sangre se resbalaba silenciosamente por mi cabeza hasta caer en mi camiseta y mancharla por completo.


 

Fui tirado al suelo nuevamente, pero esta vez con más fuerza, recibiendo innumerables golpes por parte del chico que antes había golpeado. Puse mis manos en señal de protección, pero el chico fue más listo y los evadió. Uno de mis puños impacto en su ojo izquierdo, haciéndole perder el balance. Aproveche su debilidad para dejarlo debajo de mí, mientras que con toda la rabia del mundo, seguía proporcionándole golpes en el rostro. Eleve mi puño en el aire, dispuesto a pegarle una vez más, cuando escuche una voz asustada a mis espaldas.



 
-¿¡Que están haciendo chicos!? –Era el maestro, quien se encontraba enojado. El chico debajo de mi y yo lo miramos fijamente, con nuestras caras pálidas – ¡Dejen de pelear ahora mismo! –El maestro se acercó a nosotros, levantándome de encima del chico con brusquedad, mientras que con su otra mano levantaba al imbécil – ¡A coordinación, ahora mismo! –El maestro estaba hecho una fiera, no tenía paciencia, eso se le notaba. Pero no tengo la puta culpa, fue él quien empezó, no yo.


 

Ambos nos dirigimos a la coordinación, mientras que el maestro nos seguía detrás, con la mirada puesta sobre ambos.


 

-Me la vas a pagar marica –Susurro el idiota, mirándome de reojo, mientras escupía sangre en el piso.


 

-Mira que miedo –Le saque el dedo de en medio, provocando rabia en el chico, ya que se acercó a mí con ira y me sujeto de la camiseta.

Juego de venganzas -NarryHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora