H u m a n

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La casa olía a madera vieja y té de manzanilla. Afuera, el mundo se desangraba: la Red colapsaba por horas, los gobiernos escondían cadáveres en estadísticas, y el sol era un recuerdo. Lumen apretó su laptop contra el pecho, leyendo el último titular:

"<<Apagones masivos en Europa: ¿Fallos técnicos o sabotaje?>>

Hyuk, reclinado en el alféizar, observaba la nieve cubrir el jardín.
-¿Sigues buscando fantasmas en las noticias? -preguntó sin girarse.

-Algo está mal -susurró ella-. No son fallos. Es como si algo se alimentara de la oscuridad.

Él sonrió, sus colmillos asomando apenas.

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El libro estaba escondido bajo las tablas del suelo, envuelto en tela negra. "De Umbrarum Principiis" ("Sobre los Principios de las Sombras"). Lumen pasó las páginas con dedos temblorosos:

- "Sic luceat lux vestra" ("Que brille vuestra luz") -subrayado en oro.
- "Nox sine fine" ("Noche sin fin") -manchado con algo rojo.

Hyuk apareció detrás de ella, arrancándole un grito.
-Eso es aburridísimo -dijo, cerrando el libro-. Léeme mejor tus novelas.

Pero esa noche, Lumen tradujo en secreto una línea rasgada:
"Harbingerum tenebris non fundit umbram... nec animam" (El Portador de la Oscuridad no proyecta sombra... ni alma).

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La cámara digital de Lumen nunca capturaba a Hyuk con claridad. Las imágenes salían borrosas, como si él fuera un espejismo.

-¿Qué eres? -preguntó, mostrándole una foto distorsionada.

Hyuk se rió, pero sus ojos eran de hielo.
- Un error de lente, nada más.

Entonces, en el ático, Lumen encontró el daguerrotipo.

Plata pulida. 1887. Hyuk, perfectamente nítido, vestido de levita, junto a una mujer idéntica a ella. Al dorso:
"Fugit lumen, manet umbra" (Huye la luz, persiste la sombra).

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Lumen enfrentó a Hyuk con el daguerrotipo en mano. La casa crujió, como si las paredes contuvieran un suspiro reprimido.

-¿Cuántas veces has hecho esto? -gritó-. ¿Cuántas veces he sido yo?

Hyuk avanzó, su sombra alargándose antinaturalmente.
-Tú siempre buscas la verdad, Lumen. Pero algunas luces están hechas para apagarse.

El grimorio en el suelo se abrió solo. Una página nueva, escrita en sangre:
"Lumen es nomina eius. Et ipsa est clavis" (Lumen es su nombre. Y ella es la llave).

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La nieve seguía cayendo. Hyuk acarició el rostro de Lumen con un dedo gélido.

-Dime que no eres parte de esto -rogó ella.

Él le mostró la última foto borrosa: esta vez, era el rostro de Lumen el que se desvanecía.

- El problema, cariño, es que nunca fuiste real.

Fuera, los apagones se extendían. La noche era infinita.

v a m p i r eDonde viven las historias. Descúbrelo ahora