SEGUNDA PARTE: TE ESTOY VIGILANDO
Lo único que siento es el vaivén de mi cuerpo, lo que me indica que vamos montados en algo. Noto como el aire me sacude con fuerza y ya no huele a mar, no huele como olía en el campus.
Eso hace que esté feliz, feliz por salir de esa jaula a la que llaman universidad, huir de mis problemas, de ese lugar que ya no me recordaba a nada bueno. A la vez estoy aterrorizado al no saber a dónde voy y en donde vamos.
Quiero abrir los ojos pero algo no me deja, parece que los tuviese pegado con pegamento extrafuerte. No puedo oír nada, el sonido del viento lo inunda todo, solo me llegan pequeños trozos de conversaciones en los que siempre van enfocados a indicaciones que deben seguir, al parecer nos dirigimos a un sitio en concreto.
Me tengo que relajar y dejar que mis ojos se abran por ellos solos, cosa que no tardó más de diez minutos, una vez estoy seguro de que puedo abrirlos lo hago poco a poco, la luz del sol me ciega y tengo que esperar unos segundos hasta que mis ojos son capaces de enfocar objetos.
Me encuentro en un vehículo extraño, lo que debe de ser el interior del vehículos está vacío, no hay asientos, solo puedo ver algunas agarraderas colgadas del techo repartidas por toda la habitación. Evalúo mi posición, estoy apoyado en la pared, me sorprende que no esté atado ni amordazado.
Inmediatamente pongo todos mis sentidos en alarma, no sé dónde estoy ni con quien estoy, no puedo permitirme el lujo relajarme.
— Vale, esto no es un secuestro —Digo intentando auto convencerme, pero asegurándome que nadie me oye.
Echo otra mirada al sitio donde me encontraba, hay dos grandes puertas a los lados por donde entra mucho aire y no hay nadie más conmigo. En frente de mí hay una puerta que supongo que llevará a la cabina de mando.
Me sorprende lo bien que estoy, me levanto y no tengo ningún dolor, nada.
Voy con cuidado al lado de una de las puertas y me asomo a ver el paisaje para intentar adivinar dónde estamos.
Nada más asomarme me arrepiento de hacerlo, estamos a por lo menos diez mil pies de altura, sobrevolando un terreno lleno de árboles. Me vuelvo a sentar y desde esa posición, algo más segura, miro el horizonte y observo algo, en medio de esa selva, un edificio, y luego otro y otro y así hasta que todo acababa con un brusco cambio, de la selva más espesa a la desolación total, una gran llanura salpicada de manchas más oscuras y algún que otro edificio destruido.
Estoy realmente fascinado ante tal cambio, no paro de preguntarme qué ciudad sería esa, nunca había oído hablar de nada parecido.
Cada vez vamos acercándonos más y más a esa extraña ciudad y es cuando ya llevamos bajados bastantes pies cuando consigo encontrar una pista de aterrizaje, es igual que las pistas de aterrizaje que hay en los Estados Unidos, aterrizamos y no hay nadie que venga a recibirnos, de pronto, la puerta que tengo delante se abre y aparece un hombre, tiene unos ojos profundos y va vestido con un uniforme negro con botas de militar.
Mi primer impulso es salir corriendo pero teniendo en cuenta que estamos a mil pies de altura decido quedarme donde estoy y dejar que ese señor se acerque, pero no lo hace; se queda al lado de la puerta mirando al frente.
No hago ningún movimiento, mis músculos están engarrotados y han encontrado una postura de la que se niegan moverse.
Me quedo mirando al hombre con curiosidad, está bien entrenado, de eso no hay duda. No me dirige ninguna mirada hasta que el vehículo volador da una sacudida y yo doy un bote y me golpeo en el brazo con uno de los salientes de la pared.
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Lo Invisible LI#1
FantasyPRIMER LIBRO DE LA SAGA LO INVISIBLE Peter Mitrholl, un chico de 18 años, creía llevar una vida normal, no buena pero si normal. ¿Qué pasará en el Campus Masistor para que su vida de un giro radical? ¿Crees en los espíritus? ¿Y en los espectros? Él...
