CAPÍTULO 34-.

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Me cuesta seguirles el ritmo, ya se me han pasado los efectos de los analgésicos. Siento mi cuerpo mucho más pesado que de costumbre, el cuerpo me molesta en numerosas partes pero procuro no prestarles atención.

Gotas de sudor se crean en mi frente y bajan hacia mi barbilla, aun así intento no perder de vista a Susan quien Sigue a Taison que al parecer está muy emocionado. Una vez vamos viendo a más y más gente podemos respirar en paz, se ha formado una especie de fila que entra por una puerta metálica.

Nos colocamos en la cola de gente y espero a que llegue mi turno mientras observo como uno a uno van desapareciendo detrás de la puerta.

Al parecer todos avanzan hacia una dirección como ovejas de un rebaño, llegamos a una sala que parece ser de almacenaje con una gran puerta metálica plegada hacia arriba por la cual entra la luz del día que ilumina toda la estancia, allí numerosas cajas con lo que parecen ser armas reposan y un hombre, supongo que un general, está repartiendo a medida que la gente pasa.

<<¿Pero qué se supone que vamos a hacer?>> Mi cabeza no para de dar vueltas, no deja de pensar que esto no es una simple excursión al campo.

Observo la reacción de Taison al coger el arma, parece como un niño a quien le han comprado un juguete nuevo, la verdad es que me asusta un poco el que dispare a alguien porque piense que está jugando o algo por el estilo.

Menos mal que Susan va en su busca en cuanto le dan su arma y le coge del brazo para llevarlo a la cola de gente, una vez se coloca vuelve a parecer un chico de su edad, parecían algo mayores pero no lo sabía a ciencia cierta.

Sin darme cuenta llego hacia el hombre que reparte las armas, está rapado como la mayoría de los altos cargos que he visto y tiene una especie de intercomunicador en la oreja, su semblante es duro y solo mueve el brazo de forma automática para repartir las armas.

Cojo el arma y pesa más de lo que imaginaba, nunca había cogido un arma de este calibre, tampoco tenía ni idea de cuánto iba a pesar. Es parecida a un rifle pero más moderno, puedo ver donde se encuentra el gatillo y el visor, espero no tener que utilizar esto.

— ¡Prestadme atención principiantes! — Grita el general desde otro punto en el que se empieza a formar un corro, solo veo cabezas y puntas de rifle.

Voy hacia el corro donde la gente se aprieta para enterarse de lo que quiera que esté diciendo el general, yo intento hacerme un hueco para poder enterarme también.

—... Tendréis la oportunidad de estar en una misión de vigilancia rutinaria, no tengo por qué decir que cualquier acción fuera de sí estará penada.

— ¿Qué nos vas a hacer? — Esta vez era la voz de una chica a la que no veía la que sonaba.

— Por vuestro bien que no lo descubráis — El tono en el que lo ha dicho me ha puesto los pelos de punta.

Una vez ha dicho todo sube a un aerodeslizador como unas tres veces del que me trajo aquí. Subimos todos siguiendo la fila y apelotonándonos dentro del aparato.

Estamos cerca de treinta personas subidas a uno de los aerodeslizadores, nada más despegar de tierra empiezan los problemas.

La gente se agita de un lado a otro, el aerodeslizador da un bote y un chico queda suspendido en el aire agarrado solamente con una mano a uno de los huecos de los laterales.

La sangre se me hiela y me intento mover para ir a ayudarlo, veo perfectamente su cara de puro terror mientras hace fuerza por estar agarrado.

Me intento agachar para cogerle la mano al chico, su pelo negro como el tizón se revuelve de un lado a otro dificultándole la visión. Puedo ver su boca pidiendo auxilio pero el sonido se lo traga el aire, una vez de rodillas intento estabilizarme, cuando le tiendo la mano al chico puedo notar un cilindro frío pegado a mi nuca.

Lo Invisible LI#1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora