CAPÍTULO 43-.

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Música de piano acaricia mis oídos mientras dejo atrás la larga alfombra roja y el espectacular jardín con las luces que le dan un aspecto místico, Susan se mantiene a mi lado mientras atravesamos el gran portón de cristal para dar al recibidor.

Todo está distinto, han quitado todas las mesas de recepción y los sofás de cuero, a estos los sustituyen sofás de terciopelo rojo en los que los invitados se relajan y toman una copa de champagne de bienvenida de la gran pirámide de copas que se encuentra en medio de la sala.

El aspecto es realmente increíble, es cómo si estuviésemos en un palacio, la gente ríe y charla animadamente con otras personas mientras que otras suben por un ascensor de cristal que han dispuesto de forma visible en medio del recibidor.

— ¡Bienvenidos, Bienvenidos! Suban al salón principal por el ascensor, no sin antes de beberse nuestra copa de bienvenida — Literalmente uno de los camareros nos arrastra a la pirámide de copas y nos obliga a coger una, después nos lleva al ascensor y pulsa uno de los pisos — ¡Disfrutad! — Exclama y se va a hacer lo mismo con las demás personas.

Subimos por el ascensor de cristal después de ese momento tan raro, tardamos poco en llegar y cuando lo hacemos estamos al principio de una gran escalera, está en alto y podemos ver el gigantesco salón en el que se celebra la fiesta.

Me quedo sin aliento al ver lo grande y lujoso que es, apuesto lo que sea que este salón solo se abre para este acontecimiento, no es sino otra prueba del poder que tiene el gobernador Aswad.

Le ofrezco el brazo a Susan quien lo acepta para ayudarse a bajar por las escaleras, a medida que bajamos la gente se queda mirándonos y no sólo porque no somos los invitados que seguramente vengan aquí año tras años, gente poderosa del mundo, ricachones y demás personalidades, no solo de Mersus si no del mundo entero; muchos de ellos se quedan absortos con el vestido de Susan y puedo percibir miradas indiscretas hacia mí, personas que me miran y entre todos ellos un común denominador, miradas de envidia me atraviesan a diestro y siniestro.

Llegamos al final de la gran escalera y observo un poco mejor el lugar, lámparas de los más exquisitos diseños cuelgan del techo, observo varias esculturas de hielo que a mi parecer son impresionantes, el suelo de un elegante mármol blanco contrasta con los trajes de colores oscuros, gigantescas cortinas de terciopelo rojo se encuentran recogidas por gruesos cordones dorados que dan paso a grandes balcones en los cuales la gente sale a respirar aire fresco.

Camareros uniformados pasan por doquier con bandejas llenas de copas y visualizo decenas de mesas llenas de manjares, siento que alguien me tira de la manga del traje y salgo de mi estupefacción.

— No me dejes sola — Me dice Susan algo nerviosa mirando hacia todos lados.

— ¿Te encuentras bien? — Su cara se entona algo preocupada.

— Es solo que me agobia tanta gente — Se pega un poco más y decido ponerme a andar.

— Vamos a tomar el aire, ya verás que nos lo pasamos bien — Empiezo la marcha entre toda la gente hasta llegar a lo que debe ser el balcón principal.

Varias personas disfrutan del aire fresco mientras se saludan y conversan de los más variados temas. El balcón es bastante amplio y es agradable recibir el aire nocturno en mi cara, nos acercamos a la barandilla y contemplo el paisaje, el jardín adornado de las más dispares luces de colores dejan paso a una ciudad nocturna llena de vida, la gente sale a pasear por la calle y los bares y restaurantes se encuentran a rebosar, las luces de los edificios hace que la ciudad luzca impresionante.

— Cada vez le voy cogiendo más gusto a esta ciudad — Es Susan la que confirma mis pensamientos.

Asiento en modo de darle la razón y cuando terminamos de admirar el paisaje entramos otra vez al salón, Susan parece más relajada y contonea su cuerpo al ritmo de la música de piano.

Lo Invisible LI#1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora