CAPÍTULO 38-.

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Una alarma me resalta en los oídos y abro perezosamente los ojos, cuando voy a incorporarme tengo que contenerme para no dejar escapar un grito.

Me voy incorporando poco a poco, convenciéndome que si me quedo todo el día en la cama posiblemente mañana estaré fuera de aquí y aunque suene muy tentador tengo ya bastantes problemas como para que me echen.

Posiblemente las agujetas más fuertes que jamás he tenido. Cada movimiento es como si miles de diminutos cuchillos afilados se me clavaran. Aún así consigo levantarme de la cama y me miro al espejo.

Tengo unas ojeras prominentes fruto del cansancio, no puedo imaginar que solo llevemos aquí unos cuantos días. Necesito aguantar las próximas semanas o si no estaré fuera.

No sé de qué se asusta la gente de irse, hay veces que me resulta una opción bastante considerable y tentadora.

Las primeras dos horas nos las pasamos experimentando con nuestros poderes, no tardo en cogerle el truco a la invisibilidad, al parecer con el suero que me proporcionó Marine es bastante fácil.

De vez en cuando algún objeto sale volando obra de los psíquicos, los guardianes levantaban fuertes bolas de hierro, creedme, eso pesa más que yo. Me he acercado a intentar levantar una y por poco me dejo las manos en el intento.

El único que se queda fuera de lugar es un chico, es alto y delgado con unas gafas que le ocupan media cara, debe ser un infinito ¿Por qué estará aquí metido? Por lo general los infinitos siempre están en los laboratorios, o al menos eso tengo entendido.

Al mirarle a la cara sé que no se encuentra bien, su cuerpo tiembla considerablemente mientras ve como la gente aparece y desaparece, ve a chicos y chicas enormes levantar bloques del doble de peso que él y cosas volando solas.

Me voy a acercar a preguntarle cuando uno de los generales, el que estuvo con nosotros el primer día creo, entra por la puerta y todos se callan.

— Vamos a dar comienzo la primera limpieza — Su cara muestra un sonrisa cuando más de uno deja escapar un sonido ahogado.

— Probaremos vuestro aprendizaje y quien no esté a la altura se irá fuera — Su semblante es tan serio que me empiezo a preguntar sin tendrán sentimientos.

Nos conduce hacia un muro del cual sale un identificador y en cuanto le lee la información de la muñeca se abre dando a un enorme montacargas.

Nos montamos sin decir palabra, el ambiente es tan tenso que cualquier respiración algo más fuerte podría romperlo.

El montacargas hace un sonido chirriante al empezar la subida, al parecer solo va hacia una planta ya programada.

Debe ser bastante viejo por cómo suena al ascender, parece que nadie le ha echado aceite desde que se puso aquí.

Tardamos dos minutos en llegar a la susodicha planta, dos minutos que se me han hecho horas allí dentro con todos metidos. Muchos de ellos tienen la cara descompuesta del miedo y me empiezo a asustar ¿Qué debe ser tan malo allí fuera para estar así?.

Los nervios crecen en mi interior mientras atravesamos un pasillo estrecho de color negro y a los laterales unas puertas metálicas colocadas minuciosamente a la misma distancia una de otra.

Nos colocamos en fila y nos ponemos cada uno delante de una puerta.

Los nervios no me dejan estarme quieto ¿Me van a echar? Joder no lo sé. Lo que más me preocupa es lo que pasará si me echan. Nadie me ha dicho absolutamente nada y por las caras blancas como la cal que presentan algunos me imagino que no es nada bueno.

Lo Invisible LI#1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora