Si no recuerdo mal el cuarto de la limpieza está al final del pasillo; cada paso que doy, un nuevo escalofrío me recorre la columna vertebral.
Llego al final del pasillo alumbro con la linterna a la puerta, nunca está cerrada así que entro sin ningún problema. Una vez dentro no hay nada fuera de lo normal, hay varios cepillos y varias fregonas, un montón de botes de antisépticos y demás sustancias de limpieza, también vislumbro lo que debe ser una enceradora en una esquina.
— Que raro, debería haber una especie de puerta — Exclamo alumbrando las paredes con la linterna.
Aparto algunos trapos sucios de las estanterías pero no doy con nada. Aparto la enceradora y me acerco a la esquina, no hay nada, en cuanto paso el suelo cruje, me llama la atención y apunto con la linterna justo donde ha crujido.
Mis ojos dan con una pequeña alfombra negra y sucia encima del suelo. Me agacho y quito con cuidado la alfombra, observo cuidadosamente cada centímetro de ese trozo de suelo. Efectivamente no es como lo demás. Es del mismo color que el suelo pero tiene una manivela de la que se puede tira, la agarro y tiro con cuidado, está más fuerte de lo que creía así que tiro más y más fuerte hasta que consigo que se mueva dejando al descubierto unas escaleras de metal.
Ignoro las miles de voces que me repiten que es una mala idea y bajo por las escaleras de metal, está muy fría y hacen que se me congelen las manos pero no puedo estar tranquilo sin saber qué está pasando.
Apenas se puede ver nada, la estancia está iluminada por tubos de luz en el techo, me imagino que en un principio esta sala estuvo iluminada por completo pero ahora la mayoría de tubos están fundidos o rotos y la iluminación es casi nula.
Enciendo la linterna y ando a lo largo del pasillo. De vez en cuando una gota de agua de alguna de las miles de goteras que hay me cae en la cabeza sobresaltándome. Está todo bastante descuidado, hay trozos de cristal por el suelo y mobiliario roto, me obligo a saltarlo arañándome con pequeñas astillas.
Hay un olor muy fuerte que me llama la atención <<— Lejía —>> Consigo descifrar.
El subsuelo del campus es un laberinto por el cual es muy difícil no perderse. Entro por una puerta de metal oxidada y me encuentro en una sala, tiene dos puertas de las cuales una de ellas está entreabierta y puedo apreciar que es una sala de almacenamiento.
Ando y ando sin cesar, abriendo puertas y pasando de una estancia a otra. ¿Cuánto ha pasado? ¿Horas? ¿Minutos?, quiero pensar que llevo solo unos pocos minutos pero la sensación es de llevar horas aquí metido.
Después de pasar miles de puertas llego a una puerta en la que se puede leer <<Sala de calderas>>
— Gracias a Dios — Dejo escapar junto a un suspiro de alivio.
Según Jeane debería encontrar una cinta aquí, todo este tiempo he estado pendiente de encontrar la sala de calderas y no he pensado en la cinta. Una parte de mi dice que es mejor no cogerla pero otra gran parte de mi me obliga a buscarla.
Nada más entrar en la sala noto como el vapor entumece mis músculos, hay una gran diferencia de temperatura de un lado de la puerta al otro.
La sala consta de unas máquinas bastantes grandes que intuyo que son las calderas, a un lado encuentro una mesa con varios planos de las calderas y una taza encima.
Me quedo observando la taza y la levanto, un círculo de café queda debajo de esta; toco el círculo y observo cómo se expande — Es reciente — Pienso y vuelvo a dejar la taza con cuidado.
ESTÁS LEYENDO
Lo Invisible LI#1
FantasyPRIMER LIBRO DE LA SAGA LO INVISIBLE Peter Mitrholl, un chico de 18 años, creía llevar una vida normal, no buena pero si normal. ¿Qué pasará en el Campus Masistor para que su vida de un giro radical? ¿Crees en los espíritus? ¿Y en los espectros? Él...
