El silencio que rondaba la casa se hizo insoportable. Caín lleva una semana sin salir de su habitación. Necesito hablar con él, y ver cómo está. Pero cada vez que me acerco a su habitación, me echo atrás. No sé qué decirle, o qué hacer. Me siento impotente.
-Caín… -llamé a su puerta. Subí después de haber hecho el desayuno. Desde aquel día, no ha comido absolutamente nada. Se morirá, o se volverá completamente loco, si no come ya. No puede estar así tanto tiempo-. Por favor… -rogué, aún afuera. Esperaba escuchar su voz. Pero no hubo ninguna respuesta. Todo estaba demasiado en calma. Y me empecé a preocupar-. Dime por lo menos que estás ahí -aporreé la puerta. Y al no escuchar nada. Entré desesperada. Cuando lo vi, me quedé perpleja. Estaba acostado en la cama. Y de inmediato, pensé lo peor. Me acerqué a él, casi presa del pánico, y le tomé el pulso. Está vivo y consciente. Lo observé con deteniendo. Vi que su piel estaba grisácea, y tenía ojeras muy oscuras. No se enteró de nada, estaba profundamente dormido. Entonces, decidí dejarle una nota: “Me gustaría que comieras algo y que hablásemos. Sé que esto no es fácil, y que necesitas tu tiempo. Pero déjame verte. Por favor”. Espero que me haga caso. O al menos, si no quiere hablar, que coma algo.
Al ver que no venía, pasadas dos horas. Me fui al gimnasio, para librar tensiones. Y luego, me comí el desayuno yo sola. Lo tenía guardado para Caín, pero ya le haré otra cosa. Si se levanta por la noche, no se va a comer unas tostadas blandengues. Más tarde, hice el almuerzo. Con la esperanza, de que Caín apareciera.
-Tengo un poco de hambre -me alegré al verlo. Su piel tenía un aspecto más cálido, y sus ojeras estaban más claras. Esto, ya es un paso más hacia delante. Le indiqué que se sentara a mi lado, y cuando lo hizo, me levanté para ir a la cocina. Le había guardado un vaso con mi sangre, y le hice una tortilla de patatas. Me acordé de mi madre esta mañana, y decidí hacer su gran tortilla de patatas. Siempre que me la hacía, daba saltitos por la casa. Es mi plato favorito.
-Toma -le extendí el vaso. Y puse la tortilla de patatas en la mesa del comedor, donde él estaba sentado. Decidí levantarme, para que comiera tranquilo. No quiero que se sienta presionado. Pero entonces, él agarró mi mano.
-Necesito que te quedes -susurró con un hilo de voz. Se le notaba que había llorado durante días. Tenía la voz ronca, y los ojos rojos. Asentí, y me senté junto a él.
-Estaré aquí siempre -agarré su mano con cariño, y entrelacé nuestros dedos. Quería que sintiera lo mucho que le quiero. Ahora mismo, me siento muy identificada con él. Aunque, el dolor que él soporta, es mucho mayor que el mío. Yo amo a Adam, pero él lo adora. Era su hermano…
-En realidad, no quería echarte ese día de mi habitación. Pero estaba muy dolido, y lo hubiera pagado contigo. Sería muy injusto. Ya has sufrido suficiente… -se disculpó. Pero en realidad, no tenía por qué. Hubiera comprendido perfectamente que lo hubiera pagado conmigo, si esa es su manera de desahogarse. Yo fui la única persona que vio a Adam con vida, y desde que lo conocí, todo fue cuesta arriba. Siento, que yo tengo la culpa, en cierto modo.
-No tienes por qué -quise hacerle comprender, que no me molestó que me echase-. Acababas de perder a tu hermano, y no sabías qué hacer. Créeme, yo hubiera actuado mucho peor. Demasiada coherencia has tenido -sonreí levemente. No quería ponerme tan sentimental. Al final acabaría llorando como una boba.
De pronto. Sucedió algo que no me esperaba. Caín me estaba abrazando. Recordé aquel día, en el que fue a buscarme sin saber qué podría pasarle. Y fue, a por mí. Porque tenía las esperanzas que yo había perdido. La misma sensación de calor, que sentí aquel día, es la misma que estoy sintiendo ahora mismo. Lo diferente, es que, ahora es él quién necesita de mí. Y al igual que él estuvo, yo estaré.
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La Esclava
VampiroYo creía en los cuentos de hadas y en las historias bonitas. Creía en la vida, en las casualidades. Pero ahora mismo puedo afirmar que nada es lo que parece, así que aférrate a lo que puedas, como yo hice. Cuando de verdad te encuentres solo, estará...
