Capítulo 15

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Desperté feliz. Recordando lo que sucedió el día anterior. Y prometiéndome que así iban a ser todos los días de mi vida. Porque hacía tiempo que no me sentía así de bien.

-Buenos días, enana -saludó Adam al verme entrar en la cocina. Parecía un verdadero chef, con su delantal y todo.

Vino hacia mí bailoteando, y yo eché a reír. Pero lo que más me gustó fue su beso. Que me supo a dulce de leche.

-¡Dulce de leche! -chillé al abrir la nevera, y comprobar que había un tarro enorme. Llamándome para que lo devorara.

Por el rabillo del ojo, vi a Adam sonreír. Y le miré con mirada intimidante. Como diciéndole: "Dime algo, y te mato." Gesto que él entendió, porque agachó la cabeza fingiendo sentirse intimidado.

Después de eso, decidimos que pasaríamos el día viendo películas, y atiborrándonos de comida basura. "Una tarde de ponernos gorditos." Lo llamaba yo. Y más tarde. Empezamos a prepararnos. Para ir a la fiesta de nuestros vecinos.

Adam odiaba la idea. Porque no quería llamar la atención. Pero como yo lo arrastraba a todo. Conseguí convencerlo para que saliéramos.

Yo pensaba que nos iba a venir bien. Para relacionarnos con más personas,  tranquilizarnos un poco, y pasar desapercibidos. Ya que teníamos que aparentar ser una parejita feliz. Que felices éramos. Pero nuestra vida no era común.

-Será chachi -canturreaba mientras bailaba a su alrededor.

Adam me agarró por la cintura, y me puso frente a él.

-Después tenemos que solucionar un problema -dijo en tono amenazante. Intentando intimidarme.

Sus ojos estaban fijos en los míos. Mientras sus manos comenzaban a acariciar mi cintura.

-¿Tenemos un problema? -pregunté cerca de sus labios.

Él asintió. Y su típica sonrisita, me indicó que tenía malas intenciones.

-No... -dije mientras lo apartaba con mis brazos.

Él hizo un pucherito con sus labios. Y aprovechó que me acerqué a besarlo, para agarrarme a traición.

-¡Suelta, mamarracho! -chillaba mientras intentaba zafarme de su agarre.

-Dame un besito -rogaba con carita de corderito degollado.

Paré mi pelea por soltarme, y lo besé con dulzura.

-Te adoro -murmuró en mis labios.

Dirigí mi mirada a sus ojos. Aquellos ojos que me demostraron tanto desde el día en que los vi. Que me hicieron comprender que no todo es lo que parece. Y que lo oscuro también puede ser bello. Como Adam. Él era bello en todos los aspectos. Adoraba cada centímetro de su piel. Sus defectos y virtudes. Porque me demostró más que nadie. Que siempre iba a estar para mi.

Me quedé callada. Admirando su mirada. Mientras sus grandes manos acariciaban mis hombros.

-Termina de vestirte. Porque acabaré violándote -amenazó mirándome de arriba abajo.

Yo reí a carcajadas, y me fui al baño bailoteando, para provocarlo. Y eché a correr, cuando escuché un golpe. Advirtiéndome que no le provocara.

Nos terminamos de preparar, entre risas y besos. Y una vez listos, nos fuimos para la fiesta.

La gran casa estaba decorada de una manera exquisita. Se notaba que aquel matrimonio tenía más dinero del que aparentaba. Es como si la casa la hubiera decorado un profesional.

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