-¡Venga, papá! -la semana más larga de nuestras vidas, pasó por fin. Todos estábamos radiantes de alegría y ganas. Ester a puesto a nuestra disposición, su avión privado. Llegaremos a Sevilla en un visto y no visto. ¡Estoy que muero! Si pudiese morir de nuevo...
Todos, aguardamos a Carlos, expectantes y ansiosos. Nos hemos acoplado en un gran coche de siete plazas. Que por cierto, a penas cabemos en él por la cantidad de maletas que llevamos. Sobretodo, por las mías y las de Arai, que más presumido no
puede ser. Elijah y sus hermanos silbaron al unísono, cuando vieron a su padre dirigirse hacia el coche. Me tomé unos innumerables minutos para fijarme en él. Su expresión, su rostro, su mirada. Todo en él detona euforia. Va a encontrarse con la mujer que más ha amado en este mundo, mi madre. Y yo estoy orgullosa, de que por fin, se halla hecho justicia con ellos. Y pensar, que ha tenido la solución a sus plegarias justo delante... El más perspicaz, ha resultado ser Elijah, que, a pesar
de ser el mayor, es el más niño de todos. Sonrío, cuando me giro para observarlo, y me saca la lengua mientras zarandea la cabeza. Qué mal está el mundo... Río como
una boba, sus bromas me pueden.
Nos ponemos en marcha, y, en cuestión de horas, ya estamos en tierra andaluza. ¡Mi Andalucía, por fin! Cuánto la echaba de menos. Vi, cómo se les caía la baba a todos, cuando nos introdujimos en el tráfico de Sevilla, y, en especial, cuando pasamos por el Puente de Triana. Una sensación maravillosa, golpeó mi alma. Una sensación de calor de hogar, que perdí desde que me mudé, y que ahora vuelvo a sentir con solo pensar lo cerca que estoy de ella. De la gran mujer de mi vida.
Tomé las riendas, y conduje hacia mi casa. Y, una vez allí, decidimos que yo entraría primero, mientras Carlos y sus hijos, esperaban en un hotel cercano. Me tomé la libertad, de ir andando desde el hotel a
casa.
Todo me es tan familiar...
Las callejuelas pequeñas, junto con las risas de los niños, es una melodía preciosa, que resuena en mis oídos y viaja por mi corazón. Sonreí plenamente. Andalucía y su gente, no tiene comparación con nada... Este es mi lugar, donde crecí. Entre estas estrechas calles, viajando por plazas con mis abuelos, y caminando al colegio con mis amigos... Esas pequeñas cosas, son las que marcan la diferencia entre lo que de verdad importa y lo que creemos que nos importa. Y lo se, gracias a ella. El corazón se me acelera inesperadamente, con cada paso que doy. El olor a naranjos inunda mi nariz, mientras me voy acercando cada vez más. Ahora, diviso perfectamente mi hogar.
Siento morir, cuando veo a mi madre, sentada en el escalón de casa junto a la entrada. Mi instinto, hace que frene en seco, a escasos metros de ella. La observo, detenidamente. Sus ojos cansados, no dejan dudas, de lo tanto que ha sufrido durante todo este tiempo. Las manos le tiemblan, alrededor de la taza que sostienen. Y su expresión, es de tranquilidad...
Sigo mis pasos, sin miedo, y me acerco cada vez más. El corazón se me va a salir del pecho en cualquier momento, junto con el nudo enorme que se está formando en mi garganta. Respiro hondo, pero me es imposible. En el momento en el que veo su rostro, claramente, rompo en llanto y caigo al suelo. Y ella, que escuchó el golpe que provocaron mis rodillas al chocar, giró la cabeza. Escuché, sus pasos apresurados, mientras chillaba mi nombre... En un instante, sus brazos me rodearon con fuerza, dejándome sin respiración. Nuestras lágrimas se mezclaban con un abrazo desesperado. Me agarró fuertemente la cara, y me la alzó, intentando ver a través de tantas lágrimas. Vimos nuestros rostros con más nitidez, y sonreímos. Me llenaba de innumerables besos, mientras me decía cuánto me quería. Nuestros gritos y sollozos, hicieron salir a todos los vecinos cercanos, habidos y por haber. Todos ellos, sonreían de felicidad, puesto que, han crecido junto a mí, y me conocen desde que vine al mundo.
-Lo siento mucho mamá, ¡te amo! -chillé aferrada a ella. Echaba tanto de menos su calor, que no quiero dejar de abrazarla nunca. Moriría si lo hiciera.
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La Esclava
VampiroYo creía en los cuentos de hadas y en las historias bonitas. Creía en la vida, en las casualidades. Pero ahora mismo puedo afirmar que nada es lo que parece, así que aférrate a lo que puedas, como yo hice. Cuando de verdad te encuentres solo, estará...
