-¡Mamá! -con ropa, como salida de un velatorio, salió mi madre del coche. En milésimas de segundo, ya estaba a mi lado. Ahogándome a besos. Sonreí de oreja a oreja. Y la aparté unos segundos de mí para poder contemplarla. ¡Está increíble!- Eres como una mejor versión de ti misma. Le dedico un guiño. Mi madre no puede evitar sonrojarse.
-Nos lo hemos pasado teta -aparece en escena Carlos con sonrisa radiante. Me parto el culo de la risa, al ver los miles de moratones que tiene esparcidos por el cuello.
-No sabía yo, que a los vampiros le pudieran salir moratones -río a carcajadas. Él me dedica un: "Qué graciosa". Y yo me sigo riendo.
-¿Cómo has estado? ¿Ha ocurrido algo mientras no estábamos? ¿Y los niños? -Ya tardaba en caer la lluvia de preguntas. Abracé a mi madre, para así tranquilizarla. Y le dediqué una sonrisa.
-Todo perfecto mamá, no tienes nada que temer. Tus niños, vinieron a verme, y tal y como me vieron se fueron -me dedica un gesto de agotamiento. Sus hijos son un caso. Van a su bola-. Y vino a verme Caín -nuestras caras se iluminan a la par-. Me hubiera encantado presentártelo, pero no pudo quedarse más tiempo. Y seguro que ya sabrás, que a mí tampoco.
-Tranquilas, todo irá estupendamente bien -Carlos es, nuestro mejor paño de lágrimas, y nuestro psicólogo particular. Ambas lo abrazamos. Y después de hacernos a la idea, entramos en casa para hacer algo bueno de comer.
A la tarde, el corazón me va más deprisa. Creo que se me va a salir del pecho. Me encuentro en mi cuarto, guardando un par de recuerdos indispensables, y lo último que se quedó fuera. Oigo a Carlos avisar, y junto con mi madre bajo hacia la puerta. Estoy muy muy nerviosa. Más aumentan mis ganas de quedarme en casa, con cada peldaño que piso. ¡Estoy muy bien aquí! ¡Ese tío me da mal rollo! Mi madre, aprieta mi mano con fuerza. Respiro hondo. Una vez en el umbral, toca despedirse. Abrazo a mi madre como si la vida me fuera en ello. Y contengo mis lágrimas para no hacérselo más difícil. Me cuesta la vida separarme de ella, pero pensando en positivo, no va a ser tan malo. Tengo que pensar que esto es algo temporal.
Llego a la altura de Carlos, que está en la salida. Me despido de él. Y después de darme miles de consejos, me subo en el gran coche con cristales tintados. Suspiro, y doy gracias a Dios, al girar la cara y no ver a Calen. El hombre que está al volante, me saluda con seriedad, pero aún así me resulta más simpático que mi futuro jefe.
-Te reunirás con él en el yet -¡Uy sí, que bien, en el yet! Eso de volar me gusta, pero espero que no dure demasiado. No quiero tener que aguantar mucho la desesperación que me recorre el cuerpo cuando estoy cerca de él.
Llegamos al aeropuerto privado, en cuestión de segundos, y eso que es de noche. Mi corazón va está tan acelerado que me es imposible controlarlo. El sonido de la puerta al abrirse, me saca se mis pensamientos. El chófer me a abierto la puerta. Hago un amago de sonrisa, y me dirijo al yet.
-Encantado de verte de nuevo -Dios mío, mátame ya. Está mejor que nunca, y se parece mucho más a él. ¿Cómo voy a actuar con normalidad si parece que tengo a Adam frente a mí? Joder... Lo tengo muy complicado.
-Hola, ¿qué tal estás? -intento hablar con cordura. Alejo mis pensamientos, y sonrío.
-Perfectamente -ya te veo, de eso no me cabe duda. En este instante parece que Calen ha leído mi pensamiento, y sonríe. Me dedica una sonrisa arrolladora. Yo intento alejarla, y miro hacia otro lado-. El viaje es un poco largo, ¿te apetece algo? -hace que dirije mi mirada hacia él.
-No, gracias. Ahora mismo estoy bien -vuelvo a sonreír como una boba. Y dado por zanjada nuestra breve conversación, me dispongo mentalmente a mirar por la ventana, y seguir en mi lugar, lo más lejos de él.
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La Esclava
VampiroYo creía en los cuentos de hadas y en las historias bonitas. Creía en la vida, en las casualidades. Pero ahora mismo puedo afirmar que nada es lo que parece, así que aférrate a lo que puedas, como yo hice. Cuando de verdad te encuentres solo, estará...
