Corría por el bosque. Entre un sin fin de árboles y arbustos.
Aquel lugar no tenía nada de vida. Todo se oscurecía cada vez más, a medida que iba avanzando. Mi piel ardía ante la desesperación. Y sudores fríos caían por mi frente.
-Adam... -susurré millones de veces. Sintiendo aumentar la desesperación en mi interior.
Mis fuerzas decaían. Empezaba a sentir que iba a morir. Pero entonces lo vi. Tendido en el suelo. Con el rostro pálido e ido.
Intenté susurrar su nombre una vez más. Pero no podía hablar. Y mucho menos, seguir respirando.
Me esforzaba lo más que podía. Pero ya era el fin para mí. Sentía una angustía en el pecho que se
aferraba a mi corazón, dispuesta a marchitarme el alma. Y entonces chillé.
Chillé con todas mis fuerzas. Sacando todo el dolor que intentaba ocultar dentro.
-¡Éire! ¡Éire! -escuchaba desde la lejanía.
Mi cuerpo era zarandeado con brusquedad.
-¡Despierta! -escuché claramente.
Mis ojos se abrieron al instante. Y ante mí. El rostro desencajado de Caín, lleno de preocupación.
-¿Qué estabas soñando? -preguntó con el rostro pálido. Estaba totalmente asustado.
Sentí lágrimas caer por mis ojos. Y mi barbilla ya empapada por las anteriormente caídas.
Tapé mi cara con ambas manos. En un intento fallido por controlar mis emociones.
-Eh... Tranquila... -susurraba Caín mientras apartaba mis manos cariñosamente. Yo lo observé unos instantes, sin saber qué hacer. Por una parte, deseaba estar sola y llorar cuánto quisiera. Y por otra, necesitaba a alguién que me hiciera sentir comprendida.
Su mirada se clavó en la mía. Y noté que sentía casi mi mismo dolor.
Disimulé mi tristeza, fingiendo una pequeña sonrisa.
Y él captó que era mi señal de "quiero estar sola".
Se levantó de la cama. Y salió de la habitación.
***
Los días transcurrían para mí como si se trataran de segundos.
Todas las noches me las pasaba intentando dormir. Pero el recuerdo de Adam no me abandonaba. Y revivía su muerte una y otra vez. Era imposible dormir de esa manera. Y últimamente era peor...
No me alimento desde que llegué, y mi cuerpo no lo asume nada bien. Aparte de despertarme entre gritos y sollozos. Estaba empezando a tener alucinaciones. Sufría fuertes dolores de cabeza repentinos. Y solía desmayarme a cada instante. Estaba pasando un verdadero infierno.
Y solo me preguntaba, cuándo acabaría...
Aún no he salido de la habitación. Y ya han pasado tres semanas desde que llegué. No conozco a nadie, así que el único que viene a verme es Caín. Que siempre se lleva mis insultos y peores caras.
Había optado por no ver a nadie. Y lo estaba cumpliendo.
-¿Se puede? -preguntaron desde el umbral de la puerta. Asomé la cabeza de entre las mantas para ver quién era. Se trataba de una mujer de unos treinta años. Muy alta y delgada. Con una larga melena rubia y ojos claros.
-Solo vengo a decirte algo... -se excusó mientras entraba y cerraba la puerta tras ella -Espero que no te moleste -añadió mientras se acercaba a mí.
Le indiqué que se acomodara en la cama. Y cuando se sentó a mi lado. Comenzó a hablar -. No soy quién para juzgarte, porque no te conozco -comenzó - Pero me imagino por lo que has pasado, y más por lo que estás pasando -siguió hablando con su mirada perdida en las paredes azules de la habitación -. Solo quería que supieras, que Caín te da todo su apoyo, incluso sin conocerte. Y siempre escucho como lo tratas -añadió apenada -. Nosotros somos una gran familia, y merece la pena conocernos.
Y mucho más a Caín -saqué mi cuerpo dolorido fuera de las mantas y me acomodé -. Tienes todo el derecho de estar así. Pero no merece la pena machacarte por algo que pasó. Y perderte todo lo bueno que tienes por vivir -agarró mi mano con fuerza para darme ánimo. Y me sentí en ese momento comprendida -. Te aconsejo que seas muy fuerte
y luches contra tus miedos. Porque mientras ellos te vencen a tí, te machacan. Y tu no puedes permitir que te quiten tu humanidad -añadió con los ojos cristalizados.
ESTÁS LEYENDO
La Esclava
VampiriYo creía en los cuentos de hadas y en las historias bonitas. Creía en la vida, en las casualidades. Pero ahora mismo puedo afirmar que nada es lo que parece, así que aférrate a lo que puedas, como yo hice. Cuando de verdad te encuentres solo, estará...
