♦ "Maldita sea"
Abro la cortina despacio, solo un poco para poder observar.
Cuando no alcanzo a ver absolutamente nada afuera, frunzo el ceño y alzo una ceja, esto debe de haber sido una total broma, una broma de mal gusto.
Estoy casi segura de que no hay nadie allá afuera por lo que agarro la cortina y la hago a un lado totalmente. En la carretera los autos pasan como debería de ser, pero hay uno en específico del otro lado de la calle que no se mueve. No es tan grande, pero lo suficiente para poder verlo, es de color negro intentando dispersarse con los demás aunque su falta de movimiento no ayuda. Entre cierro los ojos en su dirección intentando ver a través de las ventanas polarizadas del coche, pero no logro nada.
De repente, como si la otra persona dentro del vehículo me hubiera visto, baja la ventanilla del auto, pero yo me encuentro demasiado lejos para ver de quien se trata. Me detengo ahí, solo un momento, consiente que aquella persona es una mujer. Es ella.
Admiro la escena de su coche con los ojos abiertos, un escalofrió recorre mi cuerpo avisándome que estoy en lo cierto y que ella ha regresado a por mí, que ella no iba a detenerse hasta verme hundida, hundida de verdad.
Cierro la cortina de un tirón sin quitar la mirada de ese auto.
¿Por qué ahora? ¿Por qué en este momento? ¿Por qué después de varios años?
Quería dormir, dormir y nunca despertar, porque esto no era un jodido cuento de hadas, porque esto no era de color rosa y porque todo, absolutamente todo me salía mal.
Caminaba por las calles buscando nada y a la vez intentando recordar el camino de la noche anterior, todo en el día era tan diferente a la noche. La mochila golpeaba suavemente contra mi espalda haciendo un traqueteo constante, la caja en donde traía el dinero con el que sobreviviría reposaba en mis manos haciendo que algunas miradas curiosas voltearan a verla no importase si traía la tapa.
Me pongo la gorra de mi suéter y paso decidida por enfrente de todos los autos de policía que se encuentran a fuera del edificio en el que vivía. Suplico internamente porque no hagan el escaneo de huellas dactilares en el cuerpo de Kently.
Estoy en el centro de Bridgetown, hay demasiada gente en las aceras, unos salen del trabajo, otros van camino al trabajo, todos ocupándose de algo en especial.
El móvil suena en el bolsillo trasero de mi pantalón.
Desconocido:
Te siguen.
No me preocupo en esos momentos de contestar. Guardo el celular, miro por encima de mi hombro. Escaneo la multitud en busca de alguien, quien sea. Los encuentro.
Ahí parados distinguiéndose entre todas las personas, dos hombres de negro con lentes me miran solo a mí y a nadie más.
Regreso la mirada al frente agachando la cabeza, cierro los ojos con fuerza y aprieto fuertemente la caja entre mis manos. Parpadeo un par de veces antes de levantar la mirada y seguir caminando.
Intento tranquilizar mi respiración sin éxito. Comienzo a dar grandes zancadas yendo más rápido, miro por encima de mi hombro de nuevo viendo como esos hombres empiezan a seguirme a la misma velocidad. Cuando sé que no tengo otra opción corro lo más rápido que puedo esquivando a la gente que se traviesa en mi camino. Voy de un lado a otro esperando camuflajearme con cualquier persona. Regreso la mirada atrás, ellos también esquivan a todos, van por unos metros más lejos de mi por lo que tengo ventaja.
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Fugitiva
AksiTodo lo que necesitas saber es que los buenos se mantienen como buenos. Copyright - Todos los Derechos Reservados.
