En la oficina: parte 1.
En la casa del matrimonio Min el más joven de ambos apenas despertaba esa mañana de lunes. El día anterior a pesar de sus esfuerzos no pudo quitarse de encima el enojo que se traía por las acciones del mayor, por lo que no se había levantado a despedirle como todas las mañanas laborales.
Apenas dejo el cuarto aún con su pijama puesto sintió la vergüenza invadirle pues frente a él ahora estaba su nuevo ayudante hogareño, riendo con disimulo por su pantalón de pijama de Batman muy seguramente.
-En mi defensa olvidé que venías y fueron un regalo de mi mejor amigo.
-No hay problema señor Min, usted puede vestir como desee, es su casa después de todo. -Carraspeo Seokjin intentando apaciguar su risa. -Su esposo me dejó entrar esta mañana, dijo que lo dejara dormir...
-Jeon... Mi apellido es Jeon. Yoongi dejó que mantuviera mi apellido de soltero -Clarificó deprisa. -Y no es necesario que me llames señor. -Añadió arrugando la nariz con desagrado. -Soy más joven que tu de todos modos.
-Bueno, si, pero-
-Dime Jungkook o me enojaré mucho. -Bromeó haciendo un puchero infantil que terminó por convencer a un sorprendido Kim, era por seguro que su nuevo jefe era alguien muy divertido.
En el complejo de oficinas del conglomerado Min un ajetreado lunes llegó muy deprisa para cierto pálido hombre de cabellos negros, quién pasó pésimamente su domingo en casa, más aún teniendo en cuenta que no pudo pedir disculpas a su cohabitante, quién no sólo le evitó desde la mañana levantándose más temprano que él sino que le condenó a dormir en el sofá cerrando la puerta del dormitorio apenas dio la hora de dormir.
Es por eso que ahora, en medio de su reunión matutina con su mano derecha sólo podía pensar en lo estúpido que había sido.
-Y si movemos la junta en Japón para mañana en la tarde podremos... ¿Me estás escuchando?
Una vez salido de su ensoñación balbuceo un intento de respuesta más no lo logró.
-Lo siento, no oí nada es que... agh diablos. -refregó su rostro con frustración. -Es que creo que tengo un problema y no sé como darle solución sin quedar como un idiota.
-Déjame adivinar ¿Es un problema hogareño? -se burló Kim. -Específicamente de tu precioso esposo ese ¿No?
-Ahórrate las burlas quieres... todo está mal. Creo que metí la pata con ese chico.
-Pues eso noté, nunca te había visto tan disperso. Sabes que puedes hablar conmigo si deseas una segunda vista.
Luego de un breve resumen de lo sucedido la madrugada del domingo y los fallidos intentos de entablar una conversación, Min se sentía liberado y los listo para recibir la reprimenda que sabía recibiría de parte de su mejor amigo.
La misma llegó acompañada de mil y un regaños por su proceder incorrecto además de un discurso sobre como tratar correctamente a las personas.
-Ya te dije que no fue mi culpa, estaba ebrio y caliente, sabes que no soy yo mismo con alcohol dentro. Lo tenía a él cerca y quise quitarme las ganas ¿Está mal querer acostarme con quién es legalmente mío?
-Sí si lo haces por la fuerza, idiota -luego de un breve suspiro continuó. -Tienes suerte que ese chico sea una dulzura porque si lo hubiera querido no dudo que te habría pateado el trasero.
-Ni lo menciones. Estaba fuera de mi pero recuerdo que me empujó bastante fuerte, no entiendo porque no me golpeó... yo lo hubiera hecho. Me porte como un imbécil.
-Al menos lo reconoces -rió Kim. -Ahora falta que te disculpes como se debe antes de que te pida el divorcio y te arruine. -Esta última frase dejó pensando al azabache en lo que observaba a su amigo abandonar la oficina. -Ah... por cierto ¿En serio no sabes por qué no te golpeó? -Ante la negativa del de ojos gatunos sonrió. Su amigo era tan inepto frente a las emociones ajenas que le resultaba divertido de ver. -Es porque te quiere, increíblemente, en tan poco tiempo eres importante para él. Felicidades supongo.
Pasada la movida mañana entre documentos para firmar y reuniones aburridas faltaban apenas veinte minutos para su hora de almuerzo cuando regresó a su oficina para encontrarla plagada de arreglos florales.
Estaba a punto de gritar para preguntar que diablos significaba todo eso cuando su mente le pidió que leyera las tarjetas con la esperanza de que fueran de su pareja. Se llevó una pequeña decepción cuando al leer una tras otra notó que eran de amigos, familiares, empleados y hasta directivos de otras empresas, todos felicitándole por el trato que había cerrado con un proveedor japonés; el trato de su vida como muchos decían.
En sus manos tenía una última tarjeta rosado, con el nombre de Park Jimin en ella. Desanimado la dejó caer en su escritorio, todo para oír la aguda voz desde la puerta.
-Eso no fue nada amable sabes... cuando alguien escribe buenos deseos debes leerlos.
-No estoy de humor, además creo saber que escribiste. Como siempre, y la respuesta sigue siendo no.
-Oh que cruel~ ¿Qué sucede con ese carácter, acaso no te atienden en casa?
-Jimin... -observó al contrario adentrarse a la habitación para tomar una de las flores en una canasta más cercana a su posición.
-¿Entonces no lo hacen? Debí imaginarlo, aunque claro, me daba a la idea... después de todo, el niño que te buscaste no es nada tonto, se habrá dado cuenta que no pones de tu parte. -jugó con la flor entre sus dedos antes de comenzar a quitar los pétalos uno por uno, dejándolos caer al suelo. -Aunque no puedo culparte, uno no le toma el gusto a un cuerpo de un hombre tan rápido si no es lo tuyo, eh~
-Suficientes estupideces por hoy Jimin, ¿Te molestaría dejarme ya?
-No hay problema hyung, pero recuerda que hablo muy en serio, te buscaste a un chico listo. No tardará en unir puntos.
Diciendo esto el más bajo se fue por el mismo pasillo que llevaba a su cubículo, sonriendo al ver a la persona sentada en su silla.
El joven castaño parecía ensimismado leyendo los papeles en su escritorio, le pareció gracioso que estuviera esperándole en su oficina.
-¿Te aburres mucho? Esa es la única explicación que encuentro para el que estes leyendo reportes financieros. -no pudo contener su risa al ver el cuerpo ajeno saltar en la silla y tirar prácticamente todo cuando golpeo sus rodillas contra el escritorio. -Deja allí, ya lo juntaré.
-Juro que no era mi intención husmear, pero es que tardaban tanto hablando y no quise interrumpir entonces...
-Oh, buscas a Yoonnie. Él ya está libre.
-Ah.
-Si vas a verlo que sea ahora, es hora del almuerzo de todos modos. -Comentó antes el obvio nerviosismo del menor. Park creía que era mentira decir que no le molestaba su presencia en el edificio pues sentía que invadía "su territorio" pero después de todo, sabía que no era nadie para reclamar. Porque literal, el contrario le llevaba ventaja. -¿Qué no oíste? Ve con él. -Un asentimiento y un gracias más tarde le vio pasar a su lado para seguir el pasillo y encerrarse en la oficina del pelinegro. -Diablos, como me irrita este mocoso.
-Jimim ¿Estás bien? -Preguntó Irene apenas llegó con él. -Me dijeron que Jungkook vino aquí y quise ver si...
-¿Si me afectó? He recibido golpes peores, ya estoy acostumbrado noona, que su queridísimo esposo se paseé frente a mi no duele tanto como creí. -Habló firme el pelirosado. -Podría por favor llamar a Joonie y decirle que se apure con el almuerzo, tengo que llenar un vacío con comida y rápido.
Pasados los minutos el más alto llegó con los pedidos de los tres y se dedicaron a comer en el cubículo de Park como era costumbre. Los demás trabajadores se retiraban por lo que nadie les molestaría en esa hora sagrada.
O eso pensaban hasta que escucharon suaves jadeos y dulces sonidos placenteros por el intercomunicador de la oficina.
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Trophy - YoonKook
RandomJeon Jungkook es el nuevo vecino, un vecino perfecto, si le preguntaban a los demás residentes. Siendo un joven de tan sólo 21 años logró lo que la mayoría solo soñaría; se abrió paso en el mundo del espectáculo como modelo predilecto de su patrocin...
