En cuanto abrió los ojos esa mañana, algo dentro de él se sentía diferente. No era capaz de decir a ciencia cierta qué, sólo sabía que lo era. Esa era la única explicación medianamente coherente que encontraba a su cambio de rutina.
Era un sábado en la mañana, específicamente las ocho con doce minutos, pero allí estaba él, despierto y alerta mirando el blancuzco cieloraso de forma fija. Parpadeaba con lentitud más no desviaba la vista, sólo miraba cada segmento de techo sin ningún motivo más que el observarlo pues tampoco era que estuviera pensando en algo profundo o reflexionando mientras lo hacía, no, solo estaba allí dejándose envolver por la calidez que el cuerpo a su lado le proporcionaba mientras se dedicaba a hacer nada.
Un movimiento débil le hizo concentrar su foco de atención en el rostro que se encontraba recostado apenas en su hombro, y más que nada en esos labios entreabiertos que comenzaban a dejar escapar la saliva de su dueño sobre su piel. Con algo de asco llevó su mano derecha a la cabeza del azabache, posicionó la palma contra la frente para moverla despacio y apartarlo, evitando así el futuro charco de fluidos. Suspiró aliviado, más, se volvió un resoplido de molestia al notar como la tibieza se alejaba de su lado. Aún dormido el pelinegro se había apartado dándole la espalda.
Él imitó su posición colocándose de costado sobre su hombro derecho para observarlo ahora a él. La morena espalda ahora le resultaba hipnótica; nunca le había prestado la atención que merecía, más bien, nunca había visto a Jungkook desde esa posición. Porque él siempre era quién iba adelante, el que guiaba y quién le daba al menor la espalda para que este la observara al seguirlo. Quizás eso era el algo que había cambiado, porque ahora, no sabía desde cuando, Jungkook ya no iba detrás suyo sino a su lado, eso le había quedado muy en claro cuando lo vio de cerca hacerle frente a la situación y encargarse por su cuenta de la improvisada conferencia de prensa que acabaron dando en la puerta de la empresa.
Con la mente ocupada en el recuerdo de lo increíble que se vio Jungkook aquella mañana, Yoongi deslizó su mano hasta palpar la piel desnuda de la escápula ajena. Realizó un trazo leve sobre la epidermis que, tal y como el resto del cuerpo de su esposo, era suave al tacto; se sorprendió al recibir un soplido ligero en respuesta. Subió la apuesta al terminar por acercarse hasta terminar detrás de él, acurrucados y en posición fetal, de manera que todo -o casi todo- si cuerpo estaba en contacto con el ajeno. Internamente se rió de sus propias acciones, pues había terminado por optar esa posición tan común entre las parejas, esa llamada "cucharita". Él la odiaba, pero allí estaba, pegado a Jungkook y con su nariz chocando con el hombro de este; se dio un momento para inhalar el aroma dulce que desprendía el cabello negro y suspirar complacido.
-Si vas a toquetear tan temprano, hazte responsable~ -Escuchó que le dijo con voz adormilada. La risilla que le siguió se le antojó melódica. -Yo no siento ninguna prueba ahí atrás de que lo vayas a hacer, entonces cuidado con lo que haces, tonto.
-¿Quién dijo que no? -Continuó divertido cerrando más las distancias mínimas existentes, pegando su pelvis a la zona baja del menor y deslizando su escurridiza mano hasta la pequeña cintura de la que este era dueño comenzando a trazar garabatos circulares con las yemas de sus dedos allí.
-Saca tu mano~ -Se quejó resoplando suave. -Aún es temprano. -Protestó a la vez que contraía sus piernas hacia arriba acercándolas a su pecho lo más que podía. -Ya~ me da cosquillas. Detente.
-¿Te molesto? -Preguntó fingiendo inocencia. -Porque no veo que te apartes o me quites... -Rió expulsando el aire sobre el oído que se encontraba en medio de esos oscuros mechones de cabello con toda la intención de provocarle. Sonrió complacido al sentir el cuerpo ajeno ser sacudido ligeramente por un estremecimiento involuntario. -Hmm~ ¡No! ¡No veo que te moleste! Es más, hasta te gusta lo que hago. -Afirmó aventurando más su mano dejándola sobre el vientre plano, rozando todo lo que podía, deleitándose con los pequeños espasmos que provocaba por las cosquillas. Quería más, necesitaba más. Necesitaba sentir que Jungkook aún era suyo. -Me pregunto que pasará si hago esto -Dijo mientras bajaba tortuosamente lenta su mano en dirección hacia el sur del cuerpo pegado al suyo. -Y luego esto. -Con toda intencionalidad, posó su mano sobre la hombría del menor comenzando a acariciarla sobre su ropa interior.
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Trophy - YoonKook
LosoweJeon Jungkook es el nuevo vecino, un vecino perfecto, si le preguntaban a los demás residentes. Siendo un joven de tan sólo 21 años logró lo que la mayoría solo soñaría; se abrió paso en el mundo del espectáculo como modelo predilecto de su patrocin...
