No todo es lo que parece: Parte 3.
Con un enorme bostezo, Min comunicaba al mundo su cansancio. No se había levantado particularmente temprano para llevar a su madre, era nada más que su falta de ganas le producía agotamiento mental.
Por eso y más, ahora, al mediodía ya de camino a su hogar para almorzar se sentía cansado solo de pensar en tener que ir a conocer gente nueva luego de comer. La única razón por la que no se quejaba en voz alta era simple y sencillamente que no deseaba ver la expresión triste en el rostro del menor de nuevo.
En el transcurso de la noche, cuando este ya se encontraba dormido, Min se dedicó a observarlo por un período de tiempo algo prolongado. Observó por primera vez en lujo de detalles el rostro apacible de Jungkook, como fruncía el ceño al dormir, el color que tomaba la piel de sus mejillas, la cicatriz que tenía en el pómulo izquierdo de la cual no tenía idea hasta ahora que estaba allí, notando también lo bonito que le sentaban los lunares que con disimulo acentuaban la zona pasando luego a ver lo pequeñas que eran sus pestañas.
-¿Qué estoy haciendo contigo? -Recordaba haber murmurado antes de llevar su mano a la calmada faz ajena para mover los mechones de cabello que osaban ocupar su frente. -Te tengo cariño, pero eso no es suficiente. -Suspiraba. -Espero que sepas enamorarme, por nuestro bien.
Ya llegado a su casa y luego de estacionar el automóvil en su garaje ingresó a la mismas, sorprendiéndose de no recibir su típico "¡Bienvenido hyung!" cargado de energía y emoción.
-Ya estoy en casa. -Alzó la voz, por si el sonido de la puerta no había sido suficiente para alertar a quienes estaban dentro. -¿Jungkook? ¿Estás aquí?
-En la cocina. -Recibió el eco de la voz a través del umbral divisorio. -La comida estará en la mesa en unos instantes, puedes ir a cambiarte. -Eso era todo. Sin emoción ni besos de alegría por su sola presencia en la casa. Lo sintió extraño, como si algo faltara.
Una vez finalizado el ritual de la mesa, Jungkook levantó los platos, con un increíblemente colaborador Yoongi a su lado, quién ayudó sin dudar.
-¿Y ahora qué? -Exclamó una vez el mantel fue guardado. -¿Qué haces normalmente ahora? Digo... bueno... ahora que estaré en casa supongo que debo apegarme a tu rutina.
-¿En serio vas a hacerlo? -Comentó entre risas. -En un buen día, salgo a correr media hora y después voy al gimnasio, luego ayudo a Seokjin a guardar la ropa, oh, después-
-Espera... ¿Vas al gimnasio? -Verbalizó su duda, la única que tenía. -¿Desde cuando?
-Desde que me dijiste que estaba descuidado. -Sentenció con molestia en su voz. -Armé un gimnasio en el patio, ¿No lo habías notado? -Perfecto, había metido la pata. -¿No lo hiciste verdad? -Preguntó ahora más decepcionado que enojado.
-A-Ah, así que para eso era el saco de boxeo... -Suspiró, mitad aliviado, mitad nervioso. -Disculpa, sabes que no paso mucho tiempo en casa y si no me lo dices no lo notaré.
-Lo sé, por eso no me molesta. -Respondió con neutralidad. -No tienes que venir a correr conmigo si no quieres, puedes descansar arriba si deseas. Seokjin ya no subirá hasta antes de irse.
-¡No! -cortó con prisa. -Me comprometí a compensarte y eso haré.
Min Yoongi, de veinticinco años, nunca jamás se había arrepentido tanto de una frase en su vida como lo estaba haciendo ahora, recostado en su propia cama boca abajo. Con su esposo subido en su espalda.
-Por favor aguanta, tal vez duela al inicio.
Y con un demonio que estaba en lo correcto. El tirón muscular que sentía a medida que el menor empujaba más y más contra su sensible piel era un dolor para nada leve y soportable.
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Trophy - YoonKook
DiversosJeon Jungkook es el nuevo vecino, un vecino perfecto, si le preguntaban a los demás residentes. Siendo un joven de tan sólo 21 años logró lo que la mayoría solo soñaría; se abrió paso en el mundo del espectáculo como modelo predilecto de su patrocin...
