Jeon Jungkook es el nuevo vecino, un vecino perfecto, si le preguntaban a los demás residentes. Siendo un joven de tan sólo 21 años logró lo que la mayoría solo soñaría; se abrió paso en el mundo del espectáculo como modelo predilecto de su patrocin...
Con esas sencillas siete palabras, más su nombre, Park Jimin entendió una cosa: Ese viaje estaba por ponerse peor.
-Tu... madre...
-Eso dije, ¿Eres sordo? -Si, allí estaba. La actitud condescendiente que ya tenía muy bien conocida.
Estuvo a punto de replicar con una frase irónica y cargada de ingenio para tener él la última palabra, como le gustaba, más no pudo hacerlo debido a la interrupción de cierta mujer mayor que venía a toda prisa saliendo de su pórtico para rodear la cerca que dividía ambas propiedades. La oyó murmurar cosas inentendibles para él antes de pasar por su lado e ignorarlo de manera campal, terminando por llegar donde Jungkook y abrazarlo sin delicadeza. Luego de un abrazo medianamente prolongado, el menor fue liberado y el camino a la puerta hecho.
En cuanto la casa fue abierta, el mayor supo que algo no estaba bien allí. Jeon había quedado petrificado delante de él y detrás de la señora -De la cual por cierto, aún no sabía nada- en el porche de la casa, apenas llegó al lado de éste, cargando sus propias maletas, se dio cuenta que la mirada del menor se encontraba perdida en el interior de la habitación delante de su vista y que claramente estaba reacio a entrar allí.
-Jungkook, ¿Estás bien? -Preguntó con voz suave y preocupada. -¿Te sucede algo?
-¿Eh? -Respondió, saliendo prontamente de su ensoñación. -Si, yo estoy... bien. Es sólo que han pasado años desde que estuve... ha sido mucho tiempo, eso es todo.
-¿Desde que visitaste a tu madre? Vaya, que mal hijo y te quejas de-
-¡Que haces ahí! Pasa hijito, pasa, todo está como ella lo dejo~
-Si... creo que ese es el problema.
Con una frase tan simple, Jungkook le comunicó más que suficiente al de cabello anaranjado. Entre esas cosas, lo idiota que era.
Ni bien ingresó en la acogedora habitación notó muchas cosas que podrían pasar inadvertido para otros más no para él.
"El lugar está perfectamente decorado".
"Los muebles son de buena calidad".
"Hay cuadros de paisajes y retratos muy bonitos, todos de marcos finos".
"Alfombra elegante y un mueble lleno de vajillas finas".
"Muchas fotos de grupos de adolescentes o adolescentes solos".
"Fotos de Jungkook de adolescente, junto con dos chicas más grandes".
Todo eso y más pasaba por su mente mientras analizaba su entorno, aprovechando que el menor hablaba de algo aparentemente importante con esa mujer. Hubiera seguido con su intento de hacer las de detective, sino fuera por un enorme descubrimiento que lo dejó helado.
En una de las esquinas cercanas a la ventana que daba a un hermoso pero descuidado patio que tenía los arbustos crecidos y las rejas despintadas, allí estaba.
Dos pequeños muebles cuadrados con dos pequeñas puertitas abiertas cada uno, uno negro y uno color café claro. En su interior cada uno de éstos guardaban dos estantes con dos cajones cada uno, dando un total de cuatro cajones por mueble. Pero lo que más le llamó la atención era que sobre la estantería superior de cada cual, había un hermoso contenedor de esos que él conocía bien, porque era el mismo que usaba en su hogar para prender velas y por lo que veía, aquí tenían el mismo uso.
Porque frente a él había dos pequeños altares para honrar a los difuntos.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.