Enfrentamiento

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Cuando Viktor, Yakov y JJ planearon el secuestro del omega de Yuri Plisetsky, jamás se imaginaron que todas las precauciones tomadas contra la reacción de su enemigo, serían insuficientes contra la ira que el rubio desataría sobre ellos, y todos los implicados en el sufrimiento de su chico.

Los hombres llegaron a la conclusión de que Yuuri era el medio perfecto para joder a Plisetsky, cuando el platinado y el canadiense regresaron de Suiza. En su breve estadía en la bella ciudad, Viktor había decido de que el lindo omega de su mayor rival, era la pieza clave que faltaba en su plan, para acabar con el reinado de casi nueve años de Plisetsky.

Según lo dicho por el atractivo alfa de azules ojos, podía ser que el fiero rubio no tuviera un interés personal en el japonés, más sí había mucho más por lo cual interesarse en el chico. ¿La razón? Yuuri era testigo de una buena parte de los negocios que su amo realizaba con sus socios extranjeros.

Para llegar a tal conclusión, Viktor se basó en lo visto en Suiza y en lo que indagó por su cuenta; después de todo, era ridículo pensar que siendo el acompañante del rubio, Yuuri jamás hubiera escuchado sobre los jugosos asuntos de su amo. Gracias a eso, Viktor estaba seguro de que Yuri haría casi lo que fuera, con tal de recuperar al omega. Después de todo, Viktor sabía que a su rubio rival no le convendría que la información sobre sus negocios en el extranjero y en Rusia, fuera divulgada una vez que el tierno omega cayera ante los encantos y promesas de Viktor.

El atractivo alfa tampoco le había dicho a sus socios que después de todo, el rubio sí se interesaba en el omega más personalmente, porque sabía que de hacerlo, Jean o Yakov tratarían de sacarle ventaja a la situación, sin medir antes las consecuencias. Por eso, Viktor se aseguró de convencer a sus socios, de que el único uso que Yuuri tenía para ellos, era la valiosa información que había escuchado en todas las ocasiones en las que acompañó a su amo, y éste habló de negocios.

Viktor se había asegurado de no dejar cabos sueltos, incluso aunque él y Yakov permitieron que Leroy se encargara de contratar a los sujetos que secuestrarían a Yuuri. Viktor lo había sugerido así, pues sabía que una vez que Yuri se percatara de la ausencia del omega, buscaría por todos los medios al chico; también sabía que ellos serían los primeros sospechosos, así que les daría un poco más tiempo, aparentar no tener ninguna conexión con el secuestro.

A pesar de dejar que el canadiense buscará a los hombres adecuados, y de darle una aparente libertad, el platinado vigiló cada uno de sus movimientos, gracias a los espías que mantenía en su organización. Así supo que Leroy había arreglado un tiempo a solas con Yuuri, antes de que fuera entregado a él, quien se encargaría de entrevistarlo. Si bien aquella actitud le molestó demasiado -en especial porque sabía que JJ podía ser demasiado brusco con los omegas-, se dijo que si dejaba que Yuri se enterara de lo que el canadiense haría, el mismo rubio se encargaría de acabar con él, quitándole trabajo a Viktor. La idea le pareció conveniente.

Una vez con Leroy fuera del juego, Viktor podría concentrarse únicamente en Yakov.

El platinado sabía que sus socios esperaban el momento adecuado para acabar con Yuri y con él, lo que era comprensible teniendo en cuenta la ambición de Leroy y de Feltsman; sin embargo, si ambos hubieran sido un poco más listos, se habrían percatado de que Viktor no negociaba con nadie, si no podía deshacerse de él, una vez que ya no tuviera más valor.

Era una pena que los socios de Viktor lo hubieran subestimado, pues así cometieron un gran error.

Durante las semanas que Viktor debió esperar para saber algo de Yuri, le preguntó a Fedya si había algún cambio en la actitud del rubio, hacia el único omega que habitaba su casa, obteniendo la misma respuesta: Yuri pasaba totalmente del chico.

Al platinado le pareció muy incongruente, que su rival repentinamente no mostrara interés en Yuuri, teniendo en cuenta todas las ocasiones en las que fue posesivo con el japonés. El mismo Viktor había visto en más de una ocasión, el trato especial que Yuuri recibía de parte del rubio, eso sin contar que gracias al mismo alfa, asistía a una buena escuela y gozaba de una relativa libertad. Ante sus dudas, Fedya le dijo a su jefe, que Yuri Plisetsky era totalmente impredecible, y que al parecer, la única razón por la cuál dejaba que su omega hiciera a su antojo, era para no tenerlo todo el tiempo sobre él.

¡Qué tonto era Yuri! Pensaba Viktor, pues si él aún conservará al lindo cerdito, lo último que haría, sería estar alejado de Yuuri.

El alfa de azul mirada, se lamentaba por no haber marcado antes a Yuuri, pues de haberlo hecho, no tendría que usar a otros para saciar su apetito. Si Yuuri fuera suyo, podría gozar del infinito placer que seguramente Plisetsky sentía cada vez tenían sexo; Viktor sería el nombre que los labios del japonés pronunciarían con desespero, rogando por más. Serían sus manos las que recorrerían el cuerpo del omega y lo estremecerían, pero, lo más importante, Yuuri tendría la marca de sus dientes en su nuca.

Viktor recordaba bien la promesa que le había hecho a Yuuri, sólo un par de días antes de que el moreno debiera ir con el rubio. El chico lo ayudaba a bañarse, pues para Viktor ya era una costumbre tener al cerdito cerca de él, todo el tiempo cuando estaba en su mansión; además, le divertía bastante provocar lindos sonrojos en el japonés, cada vez que decía algo subido de tono.

En esa ocasión, Yuuri lavaba su espalda tratando de ignorar su desnudez, y la clara excitación que el alfa sentía, al tener tan cerca suyo al virginal omega. En esa época, el menor contacto con Yuuri, provocaba que Viktor quisiera hundirse entre sus piernas y ver por cuenta propia, el tipo de expresiones que el chico tendría al sentir placer.

–Dime, Yuuri, ¿Has pensado en enlazarte con alguien? –le había preguntado Viktor al chico, saliendo de la tina donde estaba inmerso.

–¿Eh?... Uhm, no, yo no… jamás… –fue la respuesta del tímido chico.

–Eso me alegra tanto como me enfurece, cerdito –Viktor sonrió al ver las mejillas rojas del omega–. Yuuri, ¿No te gustaría que fuera yo quién te marque?

–¡¿Eh?! ¡Yo! ¡No! ¡Lo siento! –Yuuri se ruborizó aún más y no supo qué decir ni cómo actuar, lo que excitó más a Viktor.

–Piénsalo, cerdito… Si fueras completamente mío, nadie pensaría en tocarte, no tendrías que preocuparte por ser como los demás omegas… –Viktor miraba seductor al moreno, mientras sus manos recorrían su cuello–. Sólo debo dejar mi marca en ti, Yuuri, y no volverás a preocuparte.

Viktor recordaba muy bien el extraño e hipnotizante aroma que desprendía el nervioso japonés, así como recordaba su intenso deseo por poseer por completo, a Yuuri.

–Yuuri, cuando llegué tu primer celo, te marcaré –le había dicho a Yuuri, el platinado después de besar suavemente su cuello.

Sin embargo, Viktor tuvo que ceder al lindo cerdito, para que Yakov no pensara que el chico era de gran importancia. En esa época, Nikiforov y Feltsman no eran socios, y no le convenía al platinado, que Yuuri parará en las manos de alguien que podía utilizarlo de horribles maneras, si lo creía de utilidad; con eso en mente, dejó que Yuuri se fuera, seguro de que después lo podría recuperar. Era una pena que sus planes hubieran fracasado, pues Viktor jamás imaginó que Yuri decidiría mantener al omega a su lado, mucho menos que llegara a sentir algo parecido al aprecio y deseo que él sentía, por el japonés.

Quizás sólo Viktor y Yuri sabían que había algo en el japonés, que despertaba en ellos el deseo de poseer, y era justamente eso, lo que motivaba al alfa mayor a buscar recuperar lo que era suyo. Una vez con Yuuri entre sus manos, no lo dudaría ni un segundo, y se convertiría en el último hombre del cerdito.

Viktor ansiaba tener entre sus manos a Yuuri, porque sabía que en cuanto tuviera su marca, el chico no podría oponerse a sus deseos, y le diría todo lo que necesitaba saber para derrocar al irritante rubio, que tenía años gozando de todos los beneficios que su poder, le daba.

Pero nuevamente, Viktor calculó mal los movimientos de sus socios, y de Yuri Plisetsky. Cuando fue notificado de que finalmente habían capturado a Yuuri, Viktor aceptó reunirse con sus socios a las 23:00, en uno de sus bares, todo con la finalidad de mantenerse lejos de la mira del rubio. El alfa había imaginado que apenas supiera que su omega había desaparecido, Yuri los enfrentaría, para exigir saber el paradero del chico; según el plan de Viktor, eso les daría una ventaja sobre el rubio, pues éste dejaría al descubierto su situación, dándoles la oportunidad de actuar para sacar ventaja.

Sin embargo, Yuri no los considero en ningún momento, ni siquiera les prestó atención, lo que fue la primera cosa que no salió como el alfa la había planeado. Aún así, se mantuvo en calma, pues en cualquier momento su enemigo bajaría la guardia, otorgándoles una oportunidad. Además, Fedya lo mantendría informado de lo que ocurría con el rubio y sus actos.

En el transcurso de ése viernes, Yuri Plisetsky rompió con todas las expectativas que sus enemigos tenían sobre él: no le importo en lo más mínimo, dejar a la vista su urgencia -desesperación según Viktor-, por recuperar al omega que le pertenecía. La furia que demostró al quemar la primera bodega donde el japonés había estado, alertó a Yakov, quién quiso asegurarse de que las cosas aún estaban bajo control; Viktor le dijo al viejo alfa, que mientras no hubieran pruebas de que estaban involucrados, difícilmente Yuri podría hacer algo contra ellos.

Pero la ira de Plisetsky aumentaba conforme pasaban las horas, y Viktor lo supo cuando Fedya le dijo que el rubio estaba destrozando todo a su paso. Lo peor llegó cuando su espía le informó, que el omega había sido usado como si fuera poca cosa, en un burdel al Este de la ciudad, parte del territorio de Yakov. Desde el momento en el que Yuri recuperó al omega, perdió la cabeza y el caos se desató.

Fedya no volvió a comunicarse con Viktor a partir de ese momento.

Viktor se negó a ver a sus socios, consciente de que cualquier movimiento suyo los delataría, y con el poco raciocinio de Yuri, lo mejor era no dar indicios de que eran los autores del rapto de Yuuri. Viktor les hizo saber a sus aliados, que la furia que invadía a Yuri era comparable a la que sintió al morir su abuelo, por lo que no era conveniente actuar en ese momento.

Sin embargo, Viktor deseaba romperle la cara a JJ, pues el descuido de los hombres que había contratado, les costaría demasiado. El ruso no entendía cómo mierda Leroy no había sido claro al decirles a los imbéciles que secuestrarían a Yuuri, que no debían ponerle ni un dedo encima, que su único trabajo era ocultarlo hasta que ellos lo recogieran. Gracias a esa imprudencia, el rubio no se detendría hasta saber quién les había pagado para llevarse al moreno, o qué motivos tuvieron para creer que era buena idea tocar lo que le pertenecía.

Viktor sabía que Yuri lograría su objetivo, aunque toda Moscú ardiera en el proceso.

Justamente por eso, el platinado no se sorprendió tanto al saber que Yakov Feltsman estaba en el hospital, al día siguiente del fallido secuestro de Yuuri. Según los noticieros, el hombre fue asaltado a la salida de su residencia, por unos desconocidos. ¿El resultado? Una bala que estuvo cerca de atravesar sus pulmones y todos sus escoltas muertos.

El alfa les ordenó a sus hombres que estuvieran preparados para un enfrentamiento con Yuri Plisetsky; sólo era cuestión de tiempo para que el rubio fuera por él y por Leroy, por lo que era más que obvio que el alfa más joven, ya sabía que habían sido ellos los que tramaron todo.

Viktor Nikiforov conocía lo que la ira de su rival era capaz de hacer, más no tenía miedo: enfrentaría a Yuri Plisetsky, sobreviviría, recuperaría a Yuuri, y acabaría con sus inútiles socios, antes de que el tigre lo atacara.

Ése mismo sábado, por la tarde, mientras el platinado buscaba mantenerse informado de las acciones del rubio, de manera discreta, Jean llegó a su oficina principal, buscando su apoyo. A decir verdad, lo último que Viktor tenía en mente, era en ayudar al estúpido canadiense que no pudo asegurarse de que sus pellejos no corrieran peligro; sin embargo, con Feltsman fuera del juego, el ruso no tuvo más opción que aceptar a Leroy. Después de todo, si Plisetsky estaba tan enfurecido como lo imaginaba, dos era mejor que uno a la hora de encararlo.

–No entiendo qué salió mal… –se lamentaba JJ bebiendo una copa de coñac.

–Sucede que los hombres que contrataste abrieron la boca –contesto Viktor mirando fríamente al canadiense–. Me pregunto cómo supo Plisetsky que Yakov está involucrado, si se supone que no sabían quiénes los contactaron…

Jean miró al ruso con la misma frialdad.

–Yo los entrevisté personalmente, Nikiforov –repuso el moreno–, Plisetsky debió preguntarles cómo eran sus contratistas.

–Verás, JJ, eso no explica porqué Yuri fue primero tras Feltsman –continuo Viktor–. Yuri no es tonto, y si los pobres diablos que cayeron en su manos sólo le hubieran que fuiste tú quién los contrató, el querido rubio sólo te buscaría a ti…

–¿Estás insinuando lo que yo creo…?

–Sí –los azules ojos del platinado estaban listos para atacar en cualquier momento.

Antes de que cualquiera de los alfas pudiera hacer algo contra el otro, el fuerte estruendo proveniente del burdel, los alertó. De inmediato, ambos sacaron las armas que portaban, dispuestos a defenderse en caso de ser necesario.

–Maldición… –Viktor no había esperado que Yuri tuviera las agallas, como para enfrentarlo en su territorio.

Ni Leroy ni Nikiforov pudieron hacer algo contra la furia con la que Plisetsky los atacó, pues apenas éste derribó a los hombres que custodiaban la oficina del platinado, entró a la misma inhabilitando rápidamente al canadiense, al dispararle en ambas manos. La protesta del moreno fue inmediata.

Viktor aprovechó que el rubio iba solo, para dispararle en el hombro, más eso no fue suficiente para detenerlo. Yuri avanzó hacia él sin importarle su herida, así que continuo disparando contra el platinado que buscaba cubrirse de las balas, usando su escritorio como escudo. Los ojos verdes del rubio estaban vacíos, como si no hubiera vida en ellos, advirtiéndole a Viktor qué su muerte estaba frente a él.

Pero el platinado no estaba dispuesto a morir, no si no era bajo sus propias condiciones, por lo que logró herir nuevamente a su rival, en el costado izquierdo. Sin embargo, Yuri le atravesó una pierna a Viktor, por lo que éste bajó por un segundo la guardia, segundo que el rubio aprovecho para ir sobre él, y golpearlo con brutalidad.

La pelea entre los rusos pasó de ser armada, a puño limpio. Viktor no había esperado que Yuri pudiera golpearlo con tanta fuerza pese a estar herido, así que su sangre se mezclaba con la del rubio, a media que sus puños le infligían más daño. Pero el platinado no se quedaba atrás, aprovechó que Yuri estaba más susceptible por las heridas de las balas recibidas, para terminar de romperle unas costillas, y dislocar su hombro.

Yuri respondió al daño, golpeando con brutalidad al alfa que estaba bajo su cuerpo. Todo en la mente del rubio, era borrar la estúpida sonrisa del platinado, y si para lograrlo debía herirse aún más de lo que ya estaba, lo haría. Por eso ignoró el fuerte dolor que sentía gracias a sus costillas rotas, para darle un certero gancho derecho a Viktor, que lo aturdió tanto que casi lo dejó inconsciente. Por último, Yuri tomó del cabello al platinado, y estrelló su cabeza contra el suelo.

Jadeando y sangrando, el rubio se puso de pie. No había olvidado a Leroy, por lo que sacó la pistola que llevaba en la espalda, para abrir fuego contra el canadiense que intentaba huir. La sádica sonrisa que se posó en los labios de Yuri al momento de dispararle en las piernas a Leroy, le pareció al hombre que no pudo defenderse, una burla por lo que le estaba haciendo.

Jean quiso proteger sus piernas que eran destrozadas por las balas impactado en sus huesos, pero si lo hacía perdería lo que le quedaba de manos, por lo que debió aguantar el dolor que sentía.

JJ nunca pensó que el Tigre de Rusia guardara tanta brutalidad bajo su atractiva apariencia.

Una vez que casi vació su arma en Leroy, Yuri se dispuso a abandonar la guarida de sus enemigos, más el impacto de una bala rebotando justo debajo de la primera herida recibida, lo detuvo. Volteó a ver al ensangrentado Viktor que aún sonreía burlón, ante su fiera mirada.

–La próxima vez no fallaré –fue lo que dijo Yuri, tras hacer que una de las balas que aún tenía, impactara a centímetros de la cabeza del otro ruso.

–Será mejor que no falles… Yuri… –habló entrecortadamente, Viktor. Se había puesto de pie, sólo para despedir cómo era debido, al ruso.

Yuri no dijo nada más, simplemente salió de la oficina destrozada de Viktor.

Con su nariz sangrando y varias heridas que atender, el alfa platinado buscó su teléfono en medio del caos que lo rodeaba, para llamar al resto de sus subordinados. En el suelo, Leroy sangraba y maldecía al ruso que lo había dejado en tan penoso estado; sin prestarle atención a su socio, Viktor supuso que si a ellos les había ido tan mal, seguramente los medios suavizaron la condición en la que Feltsman fue hospitalizado.

–Maldición… –gruñó Viktor después de constatar que todos sus empleados habían sido aniquilados en cuanto Plisetsky entró al edificio–. Esto es lo que sucede cuando eres estúpido, JJ.

–Mierda… llama a alguien, Viktor… no tienes idea de… –se quejó el canadiense.

–¿No tengo idea de cómo duele? No me molestes, JJ –repuso Viktor fríamente–. Será mejor que tú estupidez y la de Yakov no tengan más sorpresas desagradables, de lo contrario yo mismo me encargaré de ustedes.

JJ miró por unos segundos al alfa ruso que claramente estaba molesto, intentando saber si era consciente de que él y Feltsman habían actuado a sus espaldas porque los vigilaba, o si llegó a esa conclusión después de que los secuestradores fallaron. De cualquier forma, era él quien más problemas tenía, pues no sólo traicionó a Nikiforov, también a Feltsman, al ordenarles a los sujetos que contrató -en caso de fallar-, decir que los rusos también les pagaron. JJ estaba acorralado.

Viktor debió esperar a que sus hombres llegaran a la oficina, para atender sus heridas. Con cuidado, -y sólo porque al platinado le convenía que  JJ aún  viviera- llevaron al mismo hospital privado donde el platinado fue atendido, al canadiense.

Mientras era suturado por el doctor que jamás había visto que alguien lo dejara en tan mal estado, Viktor se preguntaba qué mierda había ocurrido para que el rubio actuara de aquella manera. Ni siquiera cuando Nikolai murió, su nieto se mostró tan enfurecido. Todo lo que el platinado podía imaginar, era que sin duda alguna, Yuuri tenía mucho que ver.

De cualquier forma, y aunque sus planes fracasaron, había algo de lo cual sacar provecho: Yuri Plisetsky rompió con todos sus acuerdos de paz, al invadir su territorio y el de Yakov, para dejarlos hospitalizados. Gracias a eso, ya no necesitarían crear excusas para ir tras el rubio, podrían hacer uso de todos sus recursos, para acabar con Yuri.

–Pero él tampoco se detendrá… –se dijo el alfa de azules ojos.

Ahora, todo lo que le quedaba a Viktor era reponerse de su primer enfrentamiento con Yuri, para después acabar con él.

Sin embargo, había algo que no lo dejaba en paz: ¿qué tan grande era el daño sufrido por Yuuri, como para que el frío alfa al que le pertenecía, perdiera la compostura de aquella forma?

Sin duda, la respuesta no le gustaría a Viktor.













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