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Luego de aquella experiencia tan novedosa y apasionante para mí, la relación con Reiner se ha tornado más íntima y de mayor confianza.

Por cada día que pasaba, sentía cómo las cosas se acentuaban con suma solidez; a la vez, la emoción por la cercanía de las vacaciones, también ocupaba mi largo cuerpo.

Con Reiner, quedamos en que iríamos con su familia a pasar la navidad y después cada quien tomaría su camino para el año nuevo. Esto último por petición mía, pues el estar con los míos para el recibimiento del año ya es una tradición; no obstante, el rubio manifestó su interés por conocer mi núcleo familiar, por lo que acordamos vernos hoy cerca de las cuatro de la tarde.

Observé mis manos, las cuales temblaban como si de entrar a una operación se tratara, aún así soy consciente que el motivo por el que estaba de tal forma es porque no tengo idea del cómo reaccionarán mis padres al saber que estoy saliendo con un chico. No sé si me aceptarán y me felicitarán por encontrar el amor, o por el contrario, me rechazaran e incluso se negaran a verme por el resto de sus vidas.

Exhalé un suspiro a la vez que recostaba mi cabeza en la pila de libros de anatomía que se encontraban en el escritorio; acto que produjo que Marco posara su mirada en mí.

—¿Por qué siempre te echas a sufrir antes de que sucedan las cosas?— habló en tono de regaño.

—El hecho de que a ti te haya salido todo bien con tu familia no quiere decir que aplique lo mismo en mi caso.

—Si de verdad te aman, te van a aceptar tal y como eres. Al menos así lo manifestó mi madre cuando le conté.

—Tengo miedo de que no lo entiendan. No me imagino siquiera sus facciones tensas producto del impacto.

—Bertholdt, de verdad que hay veces en las que quiero golpearte, es decir, ¿por qué no piensas primero en lo positivo? Siempre te atemorizas por lo malo de una situación que aún no ha pasado.

—Es que normalmente cuando un hijo le confiesa tal cosa a su familia, estos tienden a señalar inmediatamente. He escuchado de casos en los que repudian al pobre humano.

—Sí, los hay, pero no creo que los tuyos hagan semejante espectáculo. De todo el tiempo que te conozco, puedo dar fe a cerca del constante e inmenso apoyo que te tienen tus padres.

—Bueno, eso es verdad— acepté volteando la cabeza a otro lado disimulando la vergüenza por haber atormentado el ambiente con mi innecesaria y excesiva preocupación.

—Perdona el regaño que te di. Eres mi amigo y debo hacerte ver lo negativo cuando lo cometes o sacas a relucir.

—G-gracias, Marco.








Una hora después de mi charla con mi compañero de habitación, ya me encontraba  en el asiento del copiloto al lado de Reiner, ambos en el auto del rubio, quien mantenía el vehículo parqueado a las afueras de la tan conocida estructura que ocupaba el campo de visión, aquella en la que crecí y viví grandes momentos: mi casa.

—No estés nervioso— posó su mano sobre las mías, las cuales entrelazadas denotaban la manera en la que me sentía. —Entraremos juntos y lo afrontaremos de la misma forma.

—Estoy listo.

Con actitud decidida nos dirigimos a la puerta. Bastaron dos timbres para que mi mamá se asomara y posteriormente casi saltara de alegría.

—¡Berthito!— chilló a la vez que se abalanzaba sobre mí. —Ya decía yo que debías apartar el estudio por un instante para venir a visitarnos. Pasa, pasa.

It can't be (ReinerXBertholdt)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora