22

1.4K 184 73
                                        

Bertholdt

Tal como dijo Reiner, pasó por mí cuando aún no eran las seis.

La última evaluación sería pasado mañana, y la verdad es que ya no me preocupaba. Básicamente las vacaciones ya estaban por vivirse, y con ellas, mi Navidad con Reiner y su familia.

El susodicho manejaba el auto. Desconocía a dónde me llevaría. En un principio pensé que a su casa, pero la idea se desvaneció cuando tomó una ruta diferente.

-En la mañana hablé con mi madre- comentó el rubio. -Le dije que tendremos una visita muy especial para las fiestas. No hace falta precisar que se emocionó mucho.

-¿Ella sabe que tú...?

-Sí, se lo confesé hace varios años. Al inicio no estuvo tan contenta; no obstante con el tiempo fue aceptándolo. Eso sí, no me ha conocido ninguna pareja; la última que tuve fue hace cinco años y desde entonces dejé el tema de las relaciones sentimentales para centrarme más en los negocios, o así fue hasta que te atravesaste en mi camino, literal.

-No me recuerdes ese incidente- rasqué mi nuca con un poco de vergüenza, - siento que soy un tonto por haber cometido ese acto.

-Pues "ese acto" fue producto del destino. De lo contrario, ni supiéramos de la existencia del otro, y créeme que no me arrepiento de haberte conocido.

-¿Cómo puedes decir eso tan fácil?- protesté con notable sonrojo. Aún no entendía la naturaleza con la que manifestaba sus sentimientos.

-Porque me gustas.

-Reiner, basta- pedí con mi cabeza a punto de explotar. Ante esto, él soltó una risa, como si le gustase verme así.

-Adorable.

Dejé salir un bufido con falso enojo, porque en verdad sí me agradaba que me tratara de esa forma, para qué mentir, pero aún así siento un poco de vergüenza, quizá por ser algo nuevo para mí.

No demoramos más de cinco minutos en el vehículo. El sitio elegido por Braun era un restaurante no elegante, pero sí de apariencia formal, muy atractivo para ser exactos. La arquitectura de dos pisos consistía en un amplio salón en la primera planta, el cual poseía mesas distribuidas de manera estética, y sobre ellas simples y bellos candelabros que daban un toque acogedor al lugar. La segunda planta figuraba en su totalidad como una terraza de aspecto no tan serio como el piso de abajo, aunque sin lugar a dudas gozaba de gran calidez. Alrededor era adornada con hileras de lámparas globo; al lado izquierdo saludaba la barra, cuyo estante exhibía toda clase de licores; varias macetas se ubicaban estratégicamente en las esquinas, mientras que las mesas de estilo urbano estaban repartidas sin algún orden estricto.

-¿Te gusta?- preguntó Reiner, en busca de mi opinión.

-Sí, demasiado- afirmé a gusto mientras abría una de las sillas puestas en la terraza. -Por cierto, es extraño que de repente surja una salida de este tipo, es decir, no esperé que esto ocurriera por mi éxito en el examen.

-Te lo dije en la llamada, no fui por ti sólo por ese motivo.

-¿A-ah sí?

-Bertholdt, por cada día que pasa necesito verte más, necesito tu cercanía. Estos últimos días estuviste muy pendiente de tus parciales finales y casi no tuvimos tiempo para nosotros, por lo que apenas recibí tu timbrazo supe que hoy por fin tendríamos el momento que tanto anhelaba.

-O-oye, no eras el único que deseaba que nos reunierámos. También me hiciste falta; ya los libros me tenían aturdido.

-Pensé que no habías tenido tiempo de acordarte de mí.

It can't be (ReinerXBertholdt)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora