Reiner
La oficina tenía un tinte opaco, quizá producido por el estado de ánimo que he tenido desde hace unos días.
Le había confesado a Bertholdt lo que había desarrollado hacia él, y contrario a lo que esperaba, se quedó en silencio con una mirada petrificada. De verdad que fui un reverendo idiota. A leguas se notaba lo asustado y conmocionado que estaba.
¿Por qué abrí la boca? O mejor dicho, ¿por qué te cruzaste en la vía aquella noche, Bertholdt?
Coloqué el corazón por encima de la conciencia, de forma que creí que mi turbia vida amorosa por fin se aclararía a través de mi creciente atracción y generación de sentimientos por aquel manojo de nervios con molde humano.
Ahora que sé que no tengo oportunidad con él, debo de desechar por completo mi idea sobre llevar dentro de un tiempo la relación a más allá de una amistad, más cuando me dejó en claro que le gusta otra persona. Lo que menos quiero es interferir en algo que no me concierne.
—Señor Braun— mi asistente se asomó en la puerta llamando mi atención.
—No estoy disponible para ninguna reunión o visita— me apresuré a contestar.
—Una persona externa lo solicita. Antes de venir dijo que probablemente respondería así, por lo tanto insiste en que no se escude en excusas.
—¿Quién es el visitante y qué se cree para mandarme a decir semejante cosa?
—Él me dijo su apellido. Es algo así como Galliard.
—¿Galliard?— claro, lo debí haber imaginado. —Dile que pase.
Con un asentimiento acató mi orden, la cual fue cumplida de manera inmediata, pues a los pocos segundos ya tenía al visitante dentro de mi oficina.
—Vaya, vaya, Reiner Braun. ¿Cuánto tiempo ha pasado?— saludó el hombre a la vez que tomaba asiento frente mi escritorio.
—Cerca de año y medio, Por...
—Ni se te ocurra llamarme así.
—Siempre es bueno verte cabrear por culpa de tu nombre.
—Tch. ¿Quieres que te golpee?
—¿Tanto quieres ser derrotado?
—Qué gracioso, Braun— dijo rodando los ojos.
—¿A qué se debe tu aparición por estos lares?
—Oí que el CEO y fundador de ésta gran inmobiliaria no ha estado dando lo mejor de sí; por el contrario, se le ve decaído y altamente gruñón.
—Qué gran alcance tienen los chismes — solté en compañía de una exhalación de aire.
—¿Qué sucede, Reiner? ¿Es alguna mujer? ¿Es tu familia? Porque no creo que sea por economía.
—¿Desde cuándo te interesa tanto mi estado?
—Somos amigos, ¿no?
—No me resultas de una confianza genuina; principalmente porque hasta hace unos años manejabas un contacto muy fuerte con Zeke.
—Sabes que eso quedó en el pasado.
—¿Cómo lo pruebas?
—¿Enserio estás desconfiando? Vamos, Reiner. Vengo con las mejores intenciones a ver por qué estás como estás y me recibes con dos piedras en la mano, incluso te traigo una invitación.
—¿Invitación?
—Sí, para que fuéramos a un buen bar y por un momento olvidaras todo lo que te tiene así. ¿Qué dices? ¿Aceptas?
Honestamente, esto es raro viniendo de Galliard. De Marcel sí me esperaría tal situación, pues ambos hermanos manejan personalidades contrarias, pero del que se encontraba sentado delante de mí era muy difícil asimilar tan repentina aparición.
—¿Reiner?
No obstante él tenía razón en un punto, aquel en el que se entendía mi necesidad de distracción ante mi comportamiento.
—Está bien, ¿cuándo y dónde?— acepté.
Después de todo sólo era una salida que no involucraba más allá que unos tragos y charla, ¿no?
—Ésta semana termino de arreglar unos asuntos pendientes. ¿Qué te parece la que sigue?
—De acuerdo.
—Perfecto. Prepárate para olvidar tus problemas.
Acababa de recibir el mensaje de Bertholdt. Quería que habláramos; no obstante tuve rechazarlo, pues en un instante llegaría Galliard para salir a lo acordado.
Es increíble que Bertholdt aparezca de aquella forma, como pidiéndome encarecidamente que nos reunierámos. Eso no hace más que revolver mis sentimientos, pero debo ser fuerte y seguir encontrando los caminos para disipar la atracción.
El timbre se hizo oír con insistencia. No recuerdo que el encargado de celar la entrada me haya avisado. Definitivamente necesito hablar eso con él.
Abrí la puerta encontrándome con mi acompañante para la salida, quien lucía una camisa negra de botones y encima de ésta, una chaqueta del mismo color; aquello con un pantalón marrón oscuro y zapatos beiges.
—Deja de detallarme y vamos— comentó.
—Claro— torcí mi boca en una pequeña mueca; acto seguido cerré la puerta.
Lo que se suponía que debía pasar a continuación era que me diera la vuelta y ambos tomaríamos el elevador, pero no. Apenas puse seguro a mi hogar, me vi acorralado entre la pared y el cuerpo de Galliard, el cual con una peligrosa proximidad se limitó a decir:
—Créeme cuando te digo que ésta noche olvidarás lo que te agobia. Haré hasta lo inimaginable para lograrlo. ¿Lo entiendes, Braun?
Nota de la autora:
Como ven, éste capítulo está narrado desde la perspectiva de Reiner. Lo quise hacer así para que supieran también cómo la pasa el rubio con la situación entre él y Bert; además, quería brindarles dos capítulos, pues estoy muy agradecida con su apoyo.
Sigan leyendo y nos vemos el próximo fin de semana.
❤
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It can't be (ReinerXBertholdt)
FanfictionBertholdt Hoover, un estudiante de sexto semestre de medicina residido en Berlín. Para su desapercibida existencia todo parece ir bien, pues estudia lo que siempre le gustó; mejor aún siendo becado en la Universidad Libre de Berlín, no obstante su t...
