Bertholdt Hoover, un estudiante de sexto semestre de medicina residido en Berlín. Para su desapercibida existencia todo parece ir bien, pues estudia lo que siempre le gustó; mejor aún siendo becado en la Universidad Libre de Berlín, no obstante su t...
Frené en seco ante la exclamación de Marco, junto al que regulé mi respiración luego de arrastrarle durante unas cuatro cuadras.
Mis piernas temblaban, amenazando con flaquear en algún momento; mientras que mi amigo se apoyaba en sus rodillas en busca de relajarse y posteriormente interrogarme con la mirada.
—E-ese tipo… Tengo que llamar a Reiner. Le pediré que venga por nosotros.
—Aguarda. Al menos entremos en un local para estar más seguros.
Ambos nos encaminamos al único sitio cercano que visualizamos. En el interior había una tienda de bienes muebles, donde un joven de al menos dieciocho años se presentaba tras un mostrador, ofreciendo su servicio como asesor.
Marco vagó por el lugar al mismo tiempo que yo marcaba al rubio. Ojalá contestara; más le valía.
Un timbre, dos timbres, tres timbres, cuatro timbres, cinco timbres. Correo de voz. ¿¡Por qué el destino jugaba en su contra!?
No me rendiría tan fácil, más aún siendo conciente del peligro que rondaba en el exterior. ¿A qué se debía la presencia de aquel sujeto? Peor: ¿qué buscaba conmigo?
Un escalofrío corrió por mi espina dorsal. Mi aura destilaba miedo por doquier, y mi novio no contestaba el celular.
—¿Lo lograste?— preguntó Marco, quien yacía sentado en uno de los sofás de exhibición.
—No.
—Explícame la situación; esto no es nada normal. Casi se te escapa el alma cuando viste al hombre.
—Es tan c-complicado. T-tengo pavor.
—Ven acá— palmeó un extremo del asiento para indicarme que me sentara.
El pecoso me refugió en sus brazos, reconfortándome entre ellos y así dándome fuerzas para contarle la verdad del asunto.
Empecé desde el inicio, desde el día que conocí a Reiner y en qué circunstancias nos vimos por primera vez; pasando también por el gran interés que tuvo él por ayudarme a superar mi carácter introvertido. Enseguida le narré el encuentro en primera instancia que tuvimos con Zeke, en qué condiciones se dio y la advertencia de Reiner en torno a aquel ser, señalando específicamente en la disputa histórica que han construido con el tiempo. Transmití mi miedo, mi incertidumbre, mi sorpresa. Desahogué todo lo que me carcomía en el interior, lo saqué a flote ante Marco, mi mejor amigo, el cual procuraba mantenerme en calma, dándome el apoyo necesario en medio de gestos compresivos y suaves caricias en los brazos. Ni siquiera me importó que el joven asesor estuviera presenciando tal espectáculo. Nada me importaba más que sentirme reconfortado. Ansiaba la seguridad.
—Berth, estamos juntos. Ese tipo tendrá que pasar sobre mi cadáver si es que planea infringirte un daño.
—No lo digas de esa forma, por favor; se me crispa la piel de sólo imaginar la gran posibilidad de que eso suceda.
Posó su mano en mi hombro, tratando de conciliar mi estado.
—Intenta llamar a Reiner de nuevo. Insiste hasta que se resigne.
No hizo falta que realizara dicha acción, pues mi celular dio inicio a una serie de vibraciones, cuya idea era advertirme sobre la llamada entrante.
El nombre del empresario figuraba en la pantalla, por lo que sentí cómo la esperanza ocupaba mi ser.
—Hola— saludé.
—Bertholdt, por Dios, al fin escucho tu voz. No sabes cuánto lamento mi tacto hacia ti. Hay veces en que el estrés me influencia de sobremanera y todo se escapa de mis manos. Berth, yo de verdad…
—Para un minuto.
—¿Ah?
—Reiner, ¿podrías recogernos a Marco y a mí? E-es muy urgente. Re-Reiner, te necesito. Si supieras que… — mi voz se cortó. Los nervios me manipulaban.
—¿Qué ocurre? Amor, dime dónde están.
—He visto a Zeke.
—¿¡QUÉ!?
—No soy capaz de dar un paso más fuera del sitio en el que estamos. Me horroriza el salir y toparme con su expresión calculadora y acusadora, la misma que me dirigía hasta hace un rato.
—Iré por ustedes. Ya voy saliendo.
—Estamos en la zona comercial del oriente de la ciudad. Nos escondemos en la única tienda de muebles que hay hacia el quinto callejón. No demores, te lo imploro.
—Espera por mí, bebé. No se muevan de ahí.
Cortó la llamada sin recitar nada más. Suspiré con tranquilidad y por fin pude dejar de temblar.
—¿Y?— Bodt me analizaba.
—Está en camino.
—Únicamente estaremos aquí por veinticinco minutos más. Eso sí, si el tráfico colabora.
Los dos nos recostamos en el sillón, pidiendo a todos lo cielos que no surgieran contratiempos y se nos permitiera llegar a casa sanos y a salvo.
Fácilmente podría bajar la guardia y visualizar el techo, pero la incomodidad persistía en lo profundo de mi pecho, como si las cosas no terminaran ahí.
Oí a lo lejos la voz del asesor, quien al parecer recibía nuevos clientes, o eso pensé.
Todo fue tan rápido: Marco y el otro joven siendo golpeados en la cabeza con suma precisión, ambos cayendo inconscientes; los recién llegados agarrándome con violencia, amenazándome para que no gritara. De mis ojos brotaban las lágrimas de desesperación mientras que forcejeaba con furia. Uno de los hombres zarandeandome con fuerza y otro apretando mi brazo me introdujeron a un vehículo similar al de la experiencia pasada.
Lloré. Quise gastar mis energías, deseé esforzarme más, ansíe luchar por mi vida; sin embargo, fue en vano.
El auto arrancó, abandonando mis esperanzas y mis ganas de ver a Braun, pues ésta vez, el rubio no apareció, y aquello fue lo que más me dolió.
Reiner aparecería, me buscaría; en cambio se estrellaría con el peor de los casos.
---------------------------- Buenas, buenas.
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¡Qué buenos rankings! Infinitas gracias por el apoyo, los adoro.
Hemos entrado a la etapa definitiva de la historia. El final se acerca (y con ello el fin de mi semestre xd).