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Reiner

Los días pasaron, siendo cada uno cada vez mejor en compañía de aquel chico ya no tan tímido y que, por cierto, me vuelve loco.

Durante todo éste tiempo nos hemos dedicado a realizar infinidad de actividades en torno al ambiente que nos ha acogido. Desde largas caminatas por los inmensos alrededores hasta visitar a los distintos animales contenidos en el terreno.

Bertholdt parecía estar disfrutando su estadía, mi madre no había vuelto a mencionar algo sobre "mi pareja ideal", Gabi se la pasaba entusiasmada con nuestra presencia. ¡Nada podría provocar una desmejora! Sin descartar, que ya mañana sería navidad, mi primera navidad con una pareja que de verdad aprecio y adoro.

—Reiner, ¿podemos ir al viñedo?— preguntó Bertholdt acostado a mi lado.

—Por supuesto.

Ambos nos levantamos y nos colocamos los zapatos, para así salir hacia el sitio deseado por el estudiante de medicina, quien se le veía entusiasmado; en cambio yo no entendía el por qué de su alegría, sin embargo, no me atreví a preguntar.

No tuvimos que caminar mucho para llegar al campo,  donde la extensidad y la riqueza de la vid se hacían notar, dando una imagen inspiradora al que fuera artista. Uva blanca, uva negra, plantas que recién nacían, otras ya maduras y cargadas de frutos, semillas, largos senderos entre cada cultivo; de seguro esto era un espectáculo para mi joven novio, pues sus ojos brillaban sin dar cabida a un atisbo de desilusión.

No logré contenerme y le cuestioné su actuar.

—¿Por qué tu mirada resplandece?— hablé a la vez que le tomaba la mano.

—Está normal, no creo que brille— contestó notablemente rápido.

—He estado detallando ese inusual aspecto.

—¿Por qué me detallas?— ahora fue él quién trato trató de acorralarme con su incógnita.

—¿No puedo?— le reté con el fin de hacerle ruborizar. Me encantaba verlo nervioso.

—N-no, es decir, sí, pero no me lo digas.

Solté una carcajada ante lo dicho por el chico. Definitivamente alcancé lo propuesto al mencionarle aquello.

—Bertholdt, ¿qué te tiene tan animado?

—Bueno…

—Dímelo, por favor.

—¿Enserio no lo captas?

—¿No?

—Bueno… Estoy extremadamente feliz de estar contigo.

Mi corazón palpitó con una fuerza sobrenatural que  recuerdo nunca haber sentido. Mis piernas por poco me provocaron una caída ante la presencia del chico que recién removió hasta mi último cabello con su afirmación.

—Creo que no debí decirlo— rectificó, mínimo por cómo reaccioné.

—¡No! Es decir, no te arrepientas. No sabes todos los sentimientos que siembras en mí.

—¿Sí?

—Sí, y más cuando expresas tales cosas. Me regocijas.

Un hermoso sonrojo ocupó su rostro, acto que no demoró en contagiarme, suministrando un cómodo y tierno calor a mis mejillas.

Podría ser un adulto, pero Bertholdt me devolvía a mi estado más infantil, tanto así que yo llegaba a parecer el típico adolescente enamorado.

—¿Hay posibilidad de que cosechemos unas cuantas uvas?— preguntó con optimismo.

—Lo que sea por ti.

It can't be (ReinerXBertholdt)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora