Capitulo 2

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Cuando sus clases terminaron, todos salieron corriendo de la escuela, incluso algunos profesores. Gabriel, Castiel, Anna, Kali y la parejita salieron con tranquilidad. Las chicas iban a ir a la casa de la pelirroja para hacer un trabajo que les había quedado pendiente. Según ellas, no habían tenido tiempo.

-No me vuelvas a dejar plantada, Gabriel, o vas a conocer una furia de verdad-lo amenazó Kali-. Y no me vengas con que es culpa de Sam, porque él es la primera persona que quiere que estudies. Eso tienes que hacer.

-Está bien, está bien. Prometo que lo haré-aseguró el más bajo.

-Más te vale-dijo. Su expresión cambió al ver a su amiga-. Vamos, Anna.

-Adiós, chicos. Tengan buen día-dijo Anna, siguiendo a Kali.

-No lo harás, ¿verdad?-preguntó Castiel. Aunque más que una pregunta, era una afirmación.

-Tentaré a la suerte-fue todo lo que dijo.

Castiel negó con la cabeza, Balthazar bufó, y Lucifer se encogió levemente de hombros. De alguna manera, Gabriel siempre se salía con la suya. Él y su hermano se fueron, dejando a los novios solos.

- ¿Vamos?-dijo Lucifer, comenzando a caminar

-Sí.

Ambos comenzaron a caminar, mientras Balthazar miraba de reojo a Lucifer algunas veces. Parecía completamente capaz de colapsar ahí mismo. El rubio menor solía pensar que le causaba molestias a Lucifer cuando iba a su casa después de que él había trabajado todo el día. Nunca se lo decía, porque al mayor no le gustaba que pensara esas cosas. Además, siempre decía que, viviendo solo, tenerlo ahí no era ninguna molestia. Esas palabras lo tranquilizaban un poco, pero no hacían que dejara de preocuparse, por contradictorio que puede ser.

Al llegar al departamento de Lucifer, ambos dejaron sus mochilas en el cuarto y el mayor fue a preparar algo de comer. Balthazar miró determinadamente el lugar. Lucifer lo tenía todo muy ordenado, a pesar de que cualquiera pensaría que su departamento es una mugre, ya que es bastante flojo respecto a su hogar. Luego, se fijó en un pequeño marco que tenía una foto de ellos dos, parados en un puente, tomados de las manos, mientras se veía un hermoso atardecer. Sonrió al recordar ese día. Fue la primera cita que habían tenido y en ese momento, él no podía estar más nervioso. Cómo para no estarlo al salir con alguien como Lucifer, pensó.

- ¡Balthy!-el llamado de Lucifer lo sacó de sus pensamientos.

- ¿Sí?

-Ven, necesito ayuda con la mesa-dijo desde la cocina.

Balthazar fue y sacó dos platos y vasos. Los dejó en la mesa y se quedó parado mientras veía a Lucifer sacar la carne que tanto le gustaba. Sonrió levemente y se sentó cuando el mayor le pidió que lo hiciera.

-Balthy, hay algo que quiero preguntarte-dijo Lucifer, mientras comía.

- ¿Qué cosa?-preguntó, preocupado por el tono con el que su novio había hablado.

- ¿Daniel te siguió molestando?-indagó. Aunque ya sabía la respuesta, quería que Balthazar se la dijera.

-Pues... más o menos-respondió, casi en un hilo de voz.

-Balthazar-pronunció con voz más grave.

-Hoy ha hecho lo de siempre. Sólo me llamó extranjero.

- ¿Sólo?-dijo, arqueando una ceja. Sabía que Balthazar no quería contarle por no molestarlo con sus cosas.

-Lu, por favor. No quiero hablar de eso-exclamó, girando la cabeza para no verlo.

El mayor se sintió un poco mal por hablar de eso. Sabía que era algo difícil para Balthazar ser víctima de hostigamiento por algo tan trivial como ser inmigrante. Lo mismo le podía pasar a una persona de piel de color o a una persona homosexual. Fuera como fuera, era hostigamiento, y seguía estando mal. Por suerte, nunca llegó a los golpes con Daniel.

Quédate conmigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora