Capitulo 35

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Ya en su casa, sentado en la mesa, Balthazar no había despegado la mirada de la misma, sintiéndose completamente incapaz de mirar los rostros de sus padres. Le preocupaba saber qué tipo expresión tenían o cómo podían estar mirándolo. Desde que habían llegado al lugar, no habían cruzado palabra alguna, porque no tenían nada para decirse en ese momento. El tiempo parecía hacerse cada vez más lento, y los tres se estaban comenzando a sentir tan incómodos como cuando comían en la misma mesa.

Damien había sido el primero en sentarse, y luego les hizo un ademán con la mano a su esposa e hijo para que también se sentaran. Fue por eso que habían estado quién sabe cuánto tiempo así, sin hablar de nada, mirándose las caras entre sí, y sintiendo que hasta el aire comenzaba a hacerse pesado. En principio, había pensado en ser el primero en hablar, pero repentinamente, las palabras habían abandonado su boca, aunque buscaba aparentar que no era así. Miró a Amelie y ella tenía la cabeza baja, estando sentada al lado de Balthazar.

Damien levantó la cabeza, cerrando los ojos un momento, y respiró hondo, tratando de aclarar las ideas de su cabeza a toda costa, porque sabía que en algún momento, su esposa lo miraría de una manera un poco acusatoria y con eso iba a conseguir una mirada extrañada de parte de Balthazar. Éste último no había sido ni capaz de mirarlo de reojo. Damien comenzaba a fastidiarse por la forma en que los tres se comportaban, pero no podía reclamar nada o terminaría quedando como un descarado. Y el ruido de las gotas de agua cayendo del grifo de la cocina, sumado el de la lluvia que había comenzado de golpe, no hacía otra cosa que ponerlo todavía más tenso.

Bajó la cabeza con el cuello un poco adolorido, mientras su hijo suspiraba suavemente al ver por fin la expresión de su padre. Aunque por una vez no había rechazo en ella, Balthazar no estaba muy seguro de qué pensar en aquel incómodo momento. Sentía ganas de irse a su cuarto como lo hacía cuando ellos discutían a cada rato, pero eso sólo lo iba a llevar a tener una discusión con su padre; lo descartó rápidamente. Creyó que simplemente debía esperar a Damien.

-Balthazar-dijo Amelie, mirándolo por fin.

- ¿Sí?

- ¿Hay algo que nos quieras decir con respecto a Lucifer?-preguntó.

-No lo sé. ¿Ustedes quieren saber algo de él?

-Sí-respondió rápidamente Damien-. ¿Por qué tiene dos trabajos? ¿Sus padres no le quieren pagar las cosas?-espetó.

-Su madre murió, y él se emancipó cuando tenía quince años. Hace poco volvió a ver a su padre y hermano mayor, pero no sabe si puede volver a vivir con ellos-contó brevemente, sabiendo que su papá podía hacerle más preguntas así.

- ¿Por qué se emancipó?-siguió su padre.

-Por problemas familiares.

-Era más fácil escapar, ¿no?-escupió.

-Damien-dijo Amelie, con tono de reproche.

-Es la verdad, Amelie. En lugar de afrontar las cosas, decidió escapar y dejar a su familia atrás. Eso es de cobarde.

- ¡No es de cobarde! Tú no sabes lo que él pasaba-vociferó Balthazar-. ¿Sabes lo que es verlo todas las mañanas en el instituto completamente agotado? Trabaja tiempo completo para poder mantenerse.

- ¡Fue lo que él se buscó!-alzó la voz Damien.

- ¡Lucifer nunca esperó tener que trabajar desde lo quince años! Ya no podía seguir aguantando los problemas, quería vivir en paz. Yo muchas veces también lo quise, pero sabía que no iba a ser tan fácil para mí emanciparme.

- ¿Y por qué no lo hiciste si tantas ganas tenías?-dijo su padre, con tono desafiante, habiendo ignorado lo anterior dicho por el adolescente.

-No creas que no lo intenté.

Cuando dejaron de gritarse, Amelie tomó la palabra.

-Si ya terminaron de hablar, Balthazar, necesito que entiendas algo: yo no pensaba que tu... novio era una mala influencia sólo por ser gay-comenzó ella. Cuando dijo «sólo», su hijo sintió una punzada-, era también por el hecho de que notaba su estado. Cuando eran amigos y me dijiste que trabaja en dos lugares, pensé lo peor. Me dije que podía ser una mala influencia en ese momento.

- ¿Una mala influencia cómo?-preguntó el rubio.

-Creí que él era una de esas personas que viene de una familia rota y cargada de problemas. No me equivoqué mucho hasta la parte de la familia rota. Si bien tiene problemas, dudo que estén las veinticuatro horas pensando en ellos.

- ¿Eso es una mala influencia para ti?-preguntó Balthazar, sin poder creérselo. Amelie se encogió de hombros.

-Sea como sea, Lucifer es una persona... extraña. Nunca había conocido a un adolescente que se emancipara por problemas-exclamó Damien.

-Existen, y hay muchos. Pasa que nadie lo dice abiertamente. Además, no tenemos porqué meternos en la vida de los demás-respondió Balthazar.

Durante un minuto, guardaron silencio. Cada uno quería pensar bien sus palabras. El matrimonio intercambió una mirada y la mujer negó con la cabeza, como si le hubiese leído el pensamiento a Damien. Sin embargo, él la ignoró.

- ¿Has pensado en lo que hablamos en el hospital?-preguntó.

-Sí. No los puedo perdonar. Al menor no ahora. Me lastimaron demasiado como para que sea tan fácil-dijo Balthazar, firme y directo.

- ¿Y a Lucifer?

-Él me pidió perdón de una forma mucho más sincera y se notaba más arrepentido-agregó-. Son mis padres, pero él y mis amigos han actuado más como una familia que ustedes dos. No quiero estar así con ustedes por siempre, pero por ahora, no puedo hacer otra cosa.

-Lo entiendo-aseguró Amelie, mientras se levantaba de silla y se iba al cuarto.

Balthazar fue poco después para tomarse una ducha. Y Damien simplemente se frotó la frente con fuerza, mientras las palabras de su hijo resonaban en su cabeza.

Quédate conmigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora