Capitulo 8

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«No sé qué pasó, pero creo que me lo tienes que explicar», le había dicho Anna a Lucifer.

-Amigo, creo que realmente tienes que hablar con ella de lo que pasó-le aconsejó Gabriel, mientras ellos, Castiel y Balthazar estaban en los vestuarios, cambiando su ropa. Habían aprovechado el receso para hacerlo. Se habían guardado su ropa diaria en las mochilas, razón por la cual estaban más pesadas de lo usual. Iban a tener dolor de espalda hasta que llegaran a sus casas.

-Lo sé, pero la verdad, no sabría bien qué decirle-respondió Lucifer, acomodándose como siempre el cabello.

-Sólo dile cuál era el propósito de esto-dijo Castiel, lavándose la cara para sacarse el maquillaje.

- ¿Qué opinas, Balthy?-le preguntó Lucifer.

-Creo que lo mejor será decirle. Kali aún no le ha podido explicar bien-respondió el menor.

El día se estaba pasando más lento de lo usual, y se decían que la próxima hora no iba a ser mejor, menos con todos hablando de la semejante actuación que habían hecho. Espero que nada malo pase, pensó Lucifer, pero la verdad, estaba comenzando a dudar un poco. Aunque si alguien se atrevía a decir algo, él se encargaría de cerrarle la boca. Eso incluía a Daniel, sin lugar a dudas.

Mientras Lucifer salía de los vestuarios para buscar a Anna, los otros tres decidieron ir a la cafetería para comprar algo, aun si no era la hora de comer. Preferían tratar de no alterarse ante nada, y menos por hambre. Eso siempre los ponía o de mal humor o se ponían nerviosos. Para ellos, eres preferible quedarse hasta que los echaban de la cafetería, que era cuando terminaban y luego volvían para el almuerzo.

Lucifer cruzó el gimnasio y salió al patio, para luego entrar al pasillo principal del instituto. Pasó por la sala de profesores, mirando por costumbre hacia adentro y siguió en la búsqueda de Anna. Miró en las aulas, les preguntó a algunos chicos de su clase, y hasta llegó a pedirle a una chica que se fijara si estaba en el baño. En ningún momento obtuvo una buena, pero no podía dejar de buscarla, porque seguramente luego ella le iba a reclamar que no la buscó para contarle. Se dirigió a su aula y vio que la única persona que estaba ahí era su enemigo. Desde la puerta, vio que lo único que Daniel hacía era mirarlo sin expresión. Eso duró unos segundos antes de que se transformara en una mirada de burla. Al parecer, sí les había prestado atención cuando hicieron de otras personas. Pero sin querer comenzar una pelea, dio media vuelta y siguió en su búsqueda.

Durante toda su búsqueda, sus pasos se iba haciendo cada vez más lentos, como si sus piernas le estuvieran pidiendo que se detuviera, mientras él sentía como el corazón se le aceleraba cada vez más. Fue ahí cuando pudo notar que casi estaba corriendo. Tuvo la suerte de no ser visto por algún profesor o por la directora. Ante su falta de ganas de seguir yendo de un lugar a otro, acabó nuevamente en el gimnasio. ¿Se habrá ido?, pensó. Rápidamente, se quitó esa idea de la cabeza. A menos que se sintiera mal, ella no se retiraría del instituto. Se sentó en las gradas y suspiró. Seguramente la vería en el aula.

-Oye-lo llamó.

- ¿Anna? ¿En dónde estabas?-preguntó, mientras la pelirroja se sentaba a su lado.

-Buscándote-respondió-. Fui a la cafetería y Gabriel dijo que me estabas buscando también. ¿Me dirás?

-Escucha, cuando vi que nos criticaban tanto por nuestras personalidades, no se me ocurrió hacer otra cosa que cambiar nuestros papeles para demostrarles que no se puede ser alguien si no es por ti mismo-explicó-. Me di cuenta cuando Kali dijo que les agradamos, pero no por lo que interpretamos. Creo que me dejé llevar por los comentarios.

-Entiendo. Fue muy extraño verlos actuar de otras personas-dijo Anna. Al recordar lo que pasó, preguntó-: ¿Por qué dijiste que Kali te recuerda a un tal Michael? ¿Quién es él?

-Es mi hermano mayor-respondió, con el ceño fruncido-. Cuando vivía con él y mi padre, solía pelear en broma con él, pero nunca buscábamos hacernos enojar.

- ¿Cuándo cambió eso?-preguntó Anna, un poco dolida por saber la respuesta.

-No fue tan malo ser una caricatura humana-dijo Gabriel, mientras caminaba por el pasillo, comiendo una porción de tarta.

-La verdad es que no. Cas, el gótico no te quedaba mal-exclamó Balthazar, dándole una palmada en la espalda.

-La verdad es que no me resultó muy cómodo-respondió Castiel-. Balthazar, ¿tus padres te dejaron ir al viaje?

-No les pregunté aún. Lo haré hoy-contestó.

-Avísanos en el grupo así ya sabemos-pidió Gabriel.

Luego del receso, tendrían Geografía, lo que significaba que iban a repasar para el examen de la semana siguiente a la próxima. No estaban muy entusiasmados, pero sabían que, siendo el último año de instituto, debían ponerle ganas.

- ¿Piensan ir a la universidad?-preguntó Balthazar, abriendo su casillero para sacar el cuaderno que usaba cuando escribía sobre su día.

-Supongo. Si tenemos suerte de entrar a una buena, no veo el inconveniente-respondió Castiel.

- ¿Y tú, Balthy?-le preguntó Gabriel.

-Ya me inscribí en una. Tengo que ver si me aceptan-respondió, cerrando su casillero.

-Seguro que lo hacen-lo animó Castiel-. Ahora vuelvo. Dean quería que me asomara por una ventana para regalarme algo.

-Espero que no sea marihuana-dijo Gabriel, recordando lo que casi dijo la noche que le robó el celular a su hermano.

- ¡Ya déjame en paz con eso!-exclamó Castiel, ofendido.

- ¡Pero ya te pedí perdón!-dijo Gabriel, siguiendo a su hermano.

Balthazar negó con la cabeza y se sentó contra el muro para poder escribir bien lo que había pasado ese día, sabiendo que terminaría con lo último que pasara en su casa, que seguramente sería o una discusión con sus padres o de sus padres. La verdad, en ese punto ya no estaba tan afectado como siempre. Es decir, sí, lo estaba un poco, pero en esos días, no pensaba en otra cosa que no fuera el viaje que iba a hacer con sus amigos y en esos exámenes. Debía repasar lo más que pudiera para no suspender. Eso hizo que se pusiera a pensar en las notas de Lucifer. Él no era precisamente el estudiante más aplicado, pero al menos lo intentaba. O al menos quería creerlo. Sabía que no lo hacía de vago. El tener dos trabajos no facilitaba especialmente las cosas. Tal vez si lo ayudaba, Lucifer podría dejar uno. Pero al pensarlo bien, el mayor nunca iba a aceptar dinero si le ofrecía. Suspiró. Debía pensar en una forma de poder ayudarlo.

Mientras escribía, lo leía para estar seguro de no haberse equivocado.

Debo decir que el día no ha sido tan malo. Y debo admitir que fue divertido haber sido una «caricatura humana.» Nunca había hecho nada así en la escuela de Francia, a la que fui hasta los seis años, antes de venir aquí. Aunque todo fue divertido, me siento mal por Lucifer. Aún no me termina de quedar clara esa reacción suya, pero según Gabriel, ése es el nombre de su hermano mayor, cosa que yo ya había olvidado. No creo que sea necesario decir que Anna estaba esperando una explicación, y dudo que haya dejado de buscar a Lucifer para que se lo cuente. Espero que todo acabe bien.

Sin darse cuenta de que cierta persona iba hacia él, no pudo reaccionar a tiempo cuando alguien golpeó, sin demasiado fuerza, su brazo izquierdo con el pie. Soltó un gritito de dolor cuando su codo sufrió el impacto y miró a su lado sólo para encontrarse con la mirada soberbia de Daniel. No valía la pena hablarle a ese imbécil, por lo que se levantó y le dio la espalda para irse.

-Hey, extranjero, ¿qué harás cuando salgas de aquí? ¿Irás a la universidad o trabajaras en un local de comida?-escupió el castaño.

-Hey, Daniel, ¿de qué trabajarás cuando salgas? ¿Serás recolector de basura o trabajarás en las alcantarillas?

Algunas personas que estaban ahí se rieron por el comentario de Balthazar. Daniel lo miró con odio y se habría acercado para empujarlo, pero sabía que si lo hacían donde había gente, iban a delatarlo con la directora, por lo que pasó por su lado y susurró:

-Esto no se ha acabado-y luego le golpeó el hombro con el suyo.

Balthazar sonrió cuando pensó que lo había dejado como un idiota. Ahora, ya sabía bien como hacerle frente sin depender de que Lucifer lo defendiera tanto.

Quédate conmigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora