Totalmente cabreado después de que Lucifer y Balthazar dijeran quien pudo ser el que hizo esa broma tan pesada a Sam, Dean no había dejado de caminar rápido. Sus piernas parecían rogarle que caminara más lento por el bien de sus músculos, pero la furia que invadía su ser hacía que fuera completamente incapaz de pensar en otra cosa. Cuando encontrara al desgraciado, lo haría arrepentirse. Eso si Castiel no se lo evitaba.
En ese instante pensaba en las pocas veces que se había enojado de esa forma, cosa que de verdad no le gustaba, pero tratándose de Sam, no se podía controlar. Su mente y cuerpo no eran más que un largo escrito de odio e ira. La cabeza lo atormentaba muy seguido, como cuando alguien tiene una fuerte resaca. Le dolían los hombros de tan tenso que estaba por la situación. Y eso, sumado la forma en que Sam estaba, no iba a tranquilizar las cosas ni un poco. Se había lastimado la palma de la mano por haber apretado tanto los puños, al punto de clavarse una de sus uñas. Eso era lo de menos para él.
Caminó al lado del arroyo hasta llegar al camino de piedras. Cruzó sin mirar atrás y, escuchando la nerviosa voz de Castiel, los esperó del otro lado, mientras abría y cerraba las manos un par de veces. Apenas cruzaron, volvió a caminar a toda velocidad, viendo el camino que comenzaba a tener la bajada. Tenía ganas de golpear algo en ese momento, pero no le veía sentido a hacerlo antes de lo esperado. Quería descargarse con él. Era cuestión de esperar hasta la casa de campo. No sabía si había sido una señal el hecho de haber ido antes, porque ahora sabía perfectamente cómo llegar para plantarle cara a Daniel.
Para él, todo se reducía al hecho de que los demás, salvo él, Lucifer y Balthazar, no estaban del todo convencidos sobre el hecho de que haya sido Daniel. Sin querer hacerlo sonar mal, él siempre tenía en la mira a Balthazar; razón por la cual se les estaba haciendo extraño que le hiciera esa broma de muy mal gusto a Sam. Él había tratado de calmar un poco a su hermano para que no hiciera una locura, algo que al final terminaría lamentando tarde o temprano, aunque eso era poco probable. Cuando vio que caminaba ignorando todo lo que decía, re rindió y lo siguió de cerca, mientras sostenía la mano de Gabriel, tratando de mantenerse calmado, puesto que seguía teniendo miedo de que apareciera nuevamente su atacante. Sin embargo, creía que el estado en que estaba Dean podía ser momentáneo hasta que descargara su ira.
No obstante, una vocecita en la cabeza de Dean no dejaba de hostigarlo: Sam no te lo va a perdonar esta vez. ¿Eres consciente de cómo te pones? Por eso ellos desconfían de ti. Ya sabes lo que sucede cuando te enfadas de esta forma.
Más enojado que antes, pateó algo que estaba en el camino, llamando la atención de los demás. La piedra que pateó rebotó varias veces antes de chocar contra un árbol. Dean miró la piedra, se relamió los labios y sacudió la cabeza. Hacía un rato un poco largo que habían salido de la cabaña, y sentía que nunca terminaba de llegar. Con cada paso, faltaba menos. Iba bien.
—Ya verá ese maldito. Nadie le hace esto a mi hermano—murmuró Dean, entre dientes.
— ¿Crees que será capaz de golpearlo hasta dejarlo moribundo?—le preguntó Anna a Castiel.
—Espero que no. No quiero que tenga problemas—respondió el moreno, un poco asustado.
—Dejen de susurrar cosas, maldita sea—ordenó Kali. Ella también estaba preocupada por lo que Dean podía hacer.
Dean se quedó parado de golpe, provocando que Gabriel chocara contra su espalda. Habían llegado. Sin perder tiempo, se dirigió a la puerta de entrada. Era hora de ajustar cuentas. Avanzó casi con la idea de tirar la puerta abajo y buscar a Daniel, pero no fue necesario cuando lo vio al borde de la piscina, pero con ropa cotidiana. Apretó los labios y se dirigió hacia allá. Sin hacer ruido, se acercó rápidamente y lo empujó, tirándolo al agua. Los demás se quedaron al margen. Se meterían si la cosa llegaba muy lejos. Cuando salió y vio que era el rubio, su ceño se frunció.
— ¿Qué diablos hacen aquí?—le preguntó, saliendo de la piscina.
—Ajustar cuentas—respondió el rubio, tomándolo de la camisa para estampar su espalda contra el muro.
— ¿De qué diablos hablas?—preguntó, empujándolo.
— ¡Hablo del susto que le diste a mi hermano con tu traje de payaso!—vociferó Dean, acercándose peligrosamente.
—Ah, eso. Sí, lo hice. ¿Y?—soltó con cinismo.
— ¿Por qué hacer esa broma pesada y estúpida?—preguntó Anna—. Casi le da un infarto a Sam.
— ¿En serio se asustó por nada?—preguntó Daniel, burlonamente.
— ¡Él tiene un trauma!—alzó la voz Dean, empujándolo contra el muro nuevamente.
Daniel miró a Sam y le lanzó una sonrisa soberbia.
— ¿Ese chico adolescente le teme a los payasos? Qué patético—escupió. Dean apretó los dientes y lo sostuvo contra el muro nuevamente—. Pero, para no ser hipócrita, esa broma no iba para él ni para otra persona que no fuera el extranjero.
— ¿Qué dijiste?—intervino Lucifer, comenzando a enfadarse. No iba a tolerar que se metiera con Balthazar.
—Ya que estaban aquí, aproveché la oportunidad para ver si podía asustarlo y grabarlo. Algo así tenía que ser visto por las personas del instituto.
Lucifer apretó los puños ante esas palabras. Tenía ganas de golpearlo él ahora.
— ¿Todo por un video? Eso sí es patético—espetó Dean, soltándolo bruscamente.
—Dijo que te veía en todos lados. ¿Cómo hiciste eso?—preguntó Kali, cruzando los brazos sobre su pecho, notablemente enojada.
—Fácil: espejos, tontos. La broma más vieja de la historia—respondió Daniel, con orgullo.
—Mencionó también que tenías un objeto en la mano. ¿Qué era?—interrogó Balthazar.
—Una navaja—respondió como si nada—. Eso le daba un toque más terrorífico.
Dean, preso del enojo, le dio un puñetazo en el estomago y luego lo lanzó nuevamente a la piscina. Se quedó de pie, apretando los puños. Sam y Castiel se acercaron para que no hiciera nada más.
—Dean, con eso está bien para ti. Déjalo—suplicó Sam, con su mirada de perrito abandonado.
Dean apretó los puños con más fuerza, respirando duramente. Castiel lo tomó de la mano y lo alejó de la piscina.
— ¿Qué está pasando?—preguntó la madre de Daniel, saliendo de la casa.
— ¿Qué crees, mamá?—respondió su hijo, saliendo de la piscina.
—Oh, los chicos vinieron—dijo ella. Habría estado encantada de verlos si no fuera por lo que pasaba—. ¿Ocurrió algo? Me pareció escuchar que gritaban, pero no oía bien las cosas.
—Señora, su hijo le hizo una broma horrible a mi hermano—respondió Dean, molesto—. Usó un traje horrible de payaso y le dio el susto de su vida. Él les tiene fobia.
— ¿Cómo?—preguntó, sorprendida.
—Mire esta foto—pidió Sam, sacando su celular.
Cuando la mujer vio la foto, dio un saltito hacia atrás. Miró a su hijo y él se encogió de hombros. Ella negó con la cabeza y se puso de pie delante de Daniel.
— ¿Por qué hacer una broma tan estúpida? Imagina si la próxima te topas con alguien que tiene problemas en el corazón y le da un paro cardíaco.
—Mamá, fue una broma. Y ni siquiera estaba pensada para él—soltó. Al darse cuenta de sus palabras, se cubrió la boca.
— ¿Para quién entonces?—preguntó ella, cruzada de brazos.
No le respondió. Miró de reojo a Balthazar, que estaba al lado de Lucifer, y no pudo evitar apretar los dientes. Su madre no era xenofóbica como él, por eso, si llegaba a decir que era para Balthazar, se iba enojar mucho.
—Eso no importa. Sólo diré que no estaba pensada para él.
Por un momento, Lucifer sintió el deseo de querer decirle a la mujer lo que Daniel hacía en el instituto. Pero, al cruzarse con los ojos de Kali, supo que ambos pensaban lo mismo. Miró a la mujer y dijo:
—Señora, después lo que su hijo hizo, ¿tendría algún problema con que nos quedemos hasta la tarde?
ex)ɉ
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Quédate conmigo
FanfictionBalthazar Roché, un joven de diecisiete años que tiene una vida bastante difícil. Sus padres, dos personas bastante conservadoras, discuten mucho y no se llevan muy bien con su hijo. ¿A qué se debe? A que él es gay. Lucifer Shurley, de dieciocho año...
