Capitulo 28

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Dos semanas después de lo ocurrido, Gabriel y Castiel no habían sido capaces de permanecer muy cuerdos. Ellos habían ido al instituto para hablar con la directora, porque los Roché no se habían presentado esa mañana, y la mujer dijo que hablaría con los profesores para que estuvieran al tanto y les pidió que la mantuviera al tanto del joven. Anna y Kali los estaban esperando fuera de la oficina, con los nervios a flor de piel, mientras que Lucifer no había aparecido en todo el día. Les mandó un mensaje al grupo diciendo simplemente que no iría.

Kali miró a Anna y vio que estaba más pálida de lo usual, así que se acercó a ella y le puso las manos en los hombros para frotarlos gentilmente, mientras decía palabras vagas para intentar tranquilizarla un poco. Lo único que ellos podían hacer era esperar que los Roché o que Lucifer les avisaran algo que pudiera darles al menos un mínimo de calma. El tiempo era lento para ellos y por momentos se sentían más perdidos de lo usual.

—Espero que nos avisen pronto. De verdad necesitamos visitarlo—habló finalmente Gabriel, con la expresión completamente ensombrecida.

—Lo mismo digo—dijo Anna, con las manos sobre su regazo. Se sentía completamente apaleada—. Mi mamá habló con los de Balthazar. Dijeron que la mantendrán al corriente sobre su situación.

—Han pasado dos semanas. Nunca creí que podían tardar tanto—murmuró Castiel, más serio que nunca.

—Espero que no haya tenido un problema demasiado grave—dijo Kali, que estaba sentada en su lugar, sin moverse, con la mirada pérdida—. Vi que salía algo de sangre de su cabeza y su brazo parecía roto. Sinceramente, espero que sólo sea eso... y que lo de su cabeza no sea más grave.

—Esperemos—susurró Gabriel.

El resto del tiempo, estaban callados, mirando a la nada, y los profesores que ya sabían todo el asunto, no los echaban como siempre lo habían hecho del aula, porque ellos querían tratar de quedarse un poco calmados, aunque eso se les estaba complicando demasiado. Lógico, pensaron. Su amigo estaba en el hospital, ¿qué calma iba a darles eso? La sola idea de pensar que podía pasarle algo peor mientras estaba allí los ponía mucho peor a ellos también. Y al darse cuenta de eso, se comenzaron a preguntar cómo estarían sintiéndose los Roché y Lucifer. Es decir... sus padres podían ser crueles con él, pero de ahí a no preocuparse porque lo hubieran atropellado, no era algo muy humano dentro de todo. Creían que ellos dos debían sentirse muy mal. Pero incluso siendo así, se atrevían a decir que Lucifer podía estar delante de ellos. Él había quedado destrozado al enterarse que su novio había sido atropellado. Y aparte de eso, se sentía responsable, era insoportable para él sentir ese peso de culpa sobre sus hombros. Decía que hasta se lo tenía merecido, pero habría preferido que fuera de otra forma, sin que Balthazar resultara herido, ni de una forma ni de otra.

Anna bajó la cabeza y se mordió el labio inferior antes de volver a hablar. Ella no era precisamente la chica más optimista de todas, pero debía intentarlo en ese momento.

—Tengo fe en que él podrá salir de ésta. Los doctores, médicos y enfermeros del lugar trabajan muy bien ahí. Mi tía es enfermera allí y la mayoría de las veces pueden salvar a sus pacientes.

—Tienes razón—dijo Castiel, levantando la cabeza—. Debemos pensar que él puede estar bien. Nosotros vamos a tener que apoyarlo mucho cuando esté en recuperación.

Gabriel y Kali se miraron y asintieron. Era justamente lo que debían hacer por Balthazar.


Después de haber salido de la cafetería, con un día más duro de lo usual, Lucifer iba directamente al hospital. Lo habían llamado hacía nada para decirle que Balthazar estaba fuera de peligro, y ya estaba despierto. Haber escuchado esas palabras a través de celular había hecho que su cordura aumentara súbitamente, provocándole casi un ataque de euforia, aunque eso fue interrumpido cuando recordó cómo lo había tratado, y que justamente iba a tener que tratar de arreglarlo. Seguía siendo insoportable para él pensar en eso, pero se decía que era un ataque del karma. A pesar de estar más tranquilo, no les había hablado a los demás para contarles la noticia, ya que primero quería comprobar si Balthazar podía comenzar a recibir visitas; si le decían que sí, iba a hablar en el grupo para hacerles saber las buenas noticias. Además, se decía que, antes de haberlo llamado a él, podían haber llamado a sus padres. No quería comenzar a discutir con ellos y que sus amigos estuvieran en el medio de todo. Aseguraba siempre en el trabajo que no pasaba nada, pero sus compañeros no eran tontos. Se daban cuenta por la cara que Lucifer tenía mientras trabajaba, y él era perfectamente consciente de eso. Pero ahora, sólo le importaba poder llegar al hospital y preguntar por su querido novio francés, porque era lo único que lo mantenía en pie en esos duros momentos.

Mis pasos se hacen cada vez más pesados... Pero no puedo parar ahora, pensó.

No tenía ganas de viajar en el autobús y un taxi iba a dar demasiadas vueltas. Optó por ir a pie. Debían ser al menos quince minutos caminando, cosa que para él no era nada. En otros momentos de su «suficiente larga vida» había llegado a caminar más de lo que debía hacerlo en ese momento. Había sido así con su hermano, las veces que salían cuando su padre se iba a trabajar y ellos se quedaban solos. Michael siempre lo sacaba, llevándose varías quejas, pero al final la pasaban bien. Pero había veces en las que Michael debía volver con Lucifer en su espalda porque éste estaba demasiado cansado para caminar. O simplemente decía que lo estaba y se ahorraba el tener que hacerlo. Sonrió de lado cuando recordó eso. Sin embargo, no quería quedarse estancado en algo que tuviera que ver con su hermano. Así de orgulloso podía ser.

Pensó en Chuck. Tras años de haber trabajo varios turnos para que no les faltara nada a sus hijos, se daba cuenta que ellos dos cada vez se unían más y se despegaban de él, lo cual lo tenía algo preocupado. Sabía que no podía hacer otra cosa, pero el hecho de verlos tan independientes siendo jóvenes lo hacía querer dejar algunos turnos, aun si eso significaba llevar menos dinero a la casa. Siempre, bajo la atenta mirada de su hijo mayor, se movía de un lugar a otro por la casa, tratando de no olvidar nada útil antes de irse, porque a veces la mínima cosa podía ocasionarle algún problema severo en el trabajo. Se notaba que a Michael no le gustaba que estuviera tanto tiempo fuera de la casa, pero entendía perfectamente su motivo principal, así que nunca le decía nada al respecto. Y su hijo menor, que la mayoría de veces le decía las cosas en la cara, tampoco le reclamaba el que no estuviera casi nunca, haciéndolo sentir un poco mal inconscientemente. Con una mirada apenada, Chuck se iba y no regresaba hasta pasada la media noche.

Dio un salto hacia atrás cuando estuvo por cruzar y ser atropellado por un auto que iba a toda velocidad, tocando bocina repetidas veces. Lucifer se llevó una mano al pecho por el susto y tomó una bocanada de aire para recuperar el oxigeno que se le había escapado de golpe. Cuando vio que nadie más pasaba por ahí, cruzó y siguió su camino al hospital, pidiendo internamente que no estuviera los padres de Balthazar en el mismo lugar que él. O simplemente que no se dignaran ni a mirarlo. Y si lo hacían, que no le hablaran.

Los pensamientos no salían de su cabeza por mucho que intentara apartarlos o ignorarlos. Era una verdadera tortura. Pero lo verdaderamente «malo» pasó cuando cruzó la puerta del lugar y miró el lugar de recepción. No fueron los Roché quienes estaban ahí.

— ¿Papá?—murmuró, quedándose de pie, junto a la puerta.

Quédate conmigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora