El viaje en tren era bastante tranquilo para que fueran todos juntos. Por momentos, se preocupan por el hecho de que algo podía pasar, como que el tren se quedara parado en medio de cualquier lado que ellos no conocieran con exactitud, donde luego podría pasarles cualquier cosa. Aunque no hacían falta más de dos minutos para que pensaran en positivo y se dijeran que si tanto habían querido hacer ese viaje, no podían ponerse a pensar en esas cosas de la nada.
—Ancio llegar y conocer el lugar—exclamó Anna, sacudiéndose un poco en su asiento.
—Yo igual—dijo Kali, acomodándose el cabello detrás de su oreja.
Ellas iban sentadas juntas, delante de los hermanos Novak, mientras la pelirroja tenía un libro de Stephen King en su regazo. Uno que había leído hasta la mitad, pero que había tenía que parar un poco por el hecho de que la trama la confundía un poco. Kali, que estaba del lado de la ventana, había estado escuchando música, mientras miraba los distintos lugares por los que el tren podía pasar en una hora y media. Anna miraba de vez en cuando algunos lugares, su amiga la miraba de reojo y preguntaba « ¿quieres cambiar?», a lo que Anna negaba con la cabeza.
A Dean y a Sam les habían llamado bastante la atención los lugares también. A excepción de la casa de sus abuelos, nunca hacían viajes muy largos. Algunas veces iban de viaje cuando tenían vacaciones, pero casi siempre era al mismo lugar. Y si no era la casa de sus abuelos, era la playa. Mary decía que, por lo general, no era un mal lugar para visitar.
Y es que el paisaje al que llegaron en una hora era muy bonito. Podían ver de no muy lejos algunas colinas verdes, mientras algunas más pequeñas estaban delante. Desde ahí, veían personas subir y sentarse en lo más alto o a niños bajar rodando desde no muy alto. Por esos lados, la temperatura había cambiado un poco, puesto que había empezado a hacer un poco de calor. Ahora, en la tarde, el ambiente era mucho más cálido que la ciudad en julio. Con eso, se activaron los ventiladores, cosa que toda la gente que estaba ahí agradeció con suspiros casi de alivio. Habían pasado por más lugares con mucho verde, y uno en especial llamo la atención de Sam y Castiel. Podía verse un arroyo con un camino de piedras para cruzar o, cuando el agua estaba tranquila, la gente podía nadar.
Les faltaba media hora para llegar, por lo que necesitaban buscar algo para hacer, o se iban a aburrir. Lucifer no dejaba de mover la cabeza hacia todos lados, buscando algo con que entretenerse. Balthazar iba con sus auriculares y los ojos pegados en la pantalla, parecía estar leyendo una historia de alguna página de internet. Le entró más curiosidad por la música que escuchaba.
— ¿Qué escuchas?—le preguntó, mientras le ponía una mano en el hombro.
Sin responderle, Balthazar se quitó un auricular y se lo puso al rubio mayor. Era una canción francesa que cantaba una chica. El tono y el instrumental eran muy buenos.
—Suena bien, aunque no entiendo nada—dijo Lucifer, moviendo un poco su pierna.
Balthazar se rió y dijo:
—Un día debería enseñarte mi idioma natal.
—Dudo que lo aprenda, pero me gustan los retos.
Gabriel iba molestando a Castiel dándole piquetes en la cara y en su costilla derecha. El moreno lo miró molesto y se topó con una mirada que aparentaba inocencia.
—Deja de molestarme—exclamó Castiel, cruzando los brazos sobre su pecho, mientras se echaba contra el respaldo del asiento.
—Pero estoy aburrido. No hay mucho que hacer hasta que se termine la media hora—respondió.
—Pero si ya estamos por llegar—señaló Kali, mientras se asomaba por su respaldo.
— ¿Qué? ¿Ya? ¿Tan rápido?—comenzó Gabriel.
Al mirar por la ventana, notaron que estaban por llegar a su parada. Lucifer se quitó el auricular y, al igual que muchas otras personas, bajó los bolsos. Cuando el tren se detuvo y abrió sus puertas, ellos fueron los primeros en bajar. Salieron de la estación y contemplaron en lugar. Las colinas eran un poco más grandes que las anteriores que vieron, y parecían mucho más verdes, mientras que había un prado de flores en la parte de abajo. A Anna le llamaron mucho la atención. Los arboles crecían alrededor de algunas cabañas, haciendo que poco sol le diera directamente, mientras que detrás era como un bosque, pero sin llegar a exagerar con perderse ahí dentro. Divisaron a varios metros una pequeña cascada que daba a un lago que se veía en completa calma. Por los carteles que veían, estaba permitido nadar ahí; dijeron que irían luego de ver la cabaña en la que se quedarían. Aquel lugar era sin lugar a dudas bellísimo y, lo mejor para ellos, es que no había mucha gente por donde ellos estarían, por lo que Gabriel les había dicho.
Comenzaron a caminar hasta el lugar, siguiendo a los Novak, puesto que ellos sabían bien el camino.
—Puede que en las vacaciones podamos quedarnos más tiempo aquí—comentó Anna—. El lugar me llama muchísimo la atención, pero dudo que tengamos tiempo de recorrer todo.
Kali fue la primera en asentir. Gabriel habló:
—Y seguramente que Kali podría traer a Baldur—dijo con burla.
— ¡Gabriel!—aulló, enojada y avergonzada. Su amigo comenzó a reírse.
—Vamos, Kali. Sabes que es verdad. Ambos no se han dejado de mensajear durante meses, y eso que se conocen desde hace bastante tiempo. Creí que ya serían novios—exclamó Lucifer, mirándola por encima de su hombro.
—Ya cállense—mandó la morena, algo ofendida.
Baldur era un año mayor que ella y estudiaba en la universidad. Era un buen amigo de Kali y estaba más que claro que ella estaba enamorada de él, pero prefería evitar ese tema para alejarse de las bromas de los chicos. Cuando no salía con Anna o con el grupo, y Baldur tenía tiempo libre de la universidad, se veían algunas veces.
Castiel y Gabriel los llevaron hasta la cabaña en la que iban a estar. Era de dos pisos, por lo que era bastante grande. Al entrar, lo primero que vieron fue la sala de estar. Era un estilo rustico muy llamativo. Todos quedaron con la boca abierta. El lugar tenía dos sofás en los que entraban al menos cuatro personas, una mesa de estar en medio, y una chimenea. Las ventanas eran las típicas de cualquier casa, pero la vista era magnifica. En un rincón estaba la cocina, con sus muebles cafés que pegaban muy bien con las paredes y el resto de decoración. Y subiendo las escaleras se podían topar con una puerta que era el baño y otras tres que eran las habitaciones. Gabriel, que había sido el primero en subir, se dijo que si alguien tenía que compartir una habitación, no iba a ser él, puesto que quería tener la suya con Sam. Aunque, en ese momento, recordó que debía darle una llave a Lucifer. Al revisar su bolsillo la encontró. Se la volvió a guardar, diciéndose que debía entregársela lo antes posible, pero cuando los demás no lo notaran.
Los demás dejaron sus bolsos en el sofá y luego se lanzaron ellos en los sofás.
— ¿Qué tal si descansamos un poco y luego vamos a nadar?—propuso Sam.
—Por mí está bien—contestó Castiel—. ¿Ustedes que opinan?
—Seguro—accedió Dean.
—Me encantaría—dijo Balthazar.
—Si Sammy lo quiere, así será—exclamó Gabriel.
Las chicas y Lucifer accedieron y cada uno se cambió en un lugar distinto. Se pusieron ropa más liviana y el traje de baño debajo. Guardaron unas toallas en uno de los bolsos y esperaron un rato antes de irse. Estaban seguros de que estar un día allí les haría bien para bajar el estrés de las cosas cotidianas.
|>
ESTÁS LEYENDO
Quédate conmigo
FanfictionBalthazar Roché, un joven de diecisiete años que tiene una vida bastante difícil. Sus padres, dos personas bastante conservadoras, discuten mucho y no se llevan muy bien con su hijo. ¿A qué se debe? A que él es gay. Lucifer Shurley, de dieciocho año...
