Capitulo 25

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El martes, en la segunda hora, tuvieron el examen de Literatura. El del día anterior no había sido la gran cosa para ellos después del examen. Balthazar, Castiel y Anna no habían respondido la última; y Lucifer, Gabriel y Kali estaban seguros de que la habían respondido mal. Sin embargo, ninguno de ellos estaba realmente preocupado.

Para el de Literatura sólo tenían la primera hora. Eran también cinco puntos. El tiempo parecía avanzar al paso de un caracol; más lento imposible. Por momentos, Balthazar sentía que su mano dejaba de moverse y luego comenzaba temblar, cosa que lo estaba comenzando a preocupar. Estaba por tener un ataque de ansiedad. Gabriel miró en su dirección y se dio cuenta, pero no podía hacer nada o la profesora terminaría por reprobarlos a ambos si llegaba a creer otra cosa.

Aunque no tenía un reloj y que el del aula estaba averiado, todos podían darse cuenta que el paso del tiempo era mucho más lento que otros días. No sabían si pensar que era por el tema del examen o por otra razón que no tenía nada que ver.

Castiel, habiendo hecho ya tres puntos, soltó un suspiro silencioso y se sacudió muy poco en su silla, como si estuviera por tener un ataque de euforia. Siempre le pasaba eso al quedarse sin respuestas para esas cosas. Era lo peor. No le gustaba pasar por eso, pero era completamente inevitable para él. Al darse cuenta, Gabriel le tocó disimuladamente el brazo, provocando que se sobresaltara. Pero ni con eso llamó la atención de la profesora. Castiel sentía que podía caerse de su silla en cualquier momento, cosa que lo estaba empeorando. Tomó aire por la nariz y lo soltó despacio por la boca, mientras Gabriel se aseguraba de que la profesora no lo viera.

Anna, que casi había terminado, notó que Castiel estaba teniendo problemas, pero no sabía que podía hacer para ayudarlo. Miró el lugar donde estaban Lucifer y Balthazar. Ambos escribían tranquilamente. Lucifer notó que los estaba viendo y Anna le hizo un gesto para preguntarle cuantas había respondido. Lucifer levantó cuatro dedos, provocando que la pelirroja arqueara las cejas. Él era inteligente, pero siempre le ponía pocas ganas a esa materia. El rubio miró la hoja de su novio y vio que ya había respondido las cinco, pero estaba esperando que los demás entregaran. Fue como el día anterior: algunos la entregaban en blanco y otros estaban con los nervios a flor de piel. No sabían qué era peor. Aunque la profesora ponía mala cara cuando la entregaban en blanco—cosa que era comprensible—nunca decía nada. Eso los dejaba un poco sorprendidos, pero preferían quedarse callados.

Durante los próximos treinta minutos, al menos la mitad del curso la entregó incompleta o sin hacer. La profesora de Geografía había ido para dejar sus pruebas ya corregidas, alegando que no iba a ir el miércoles. La de Literatura aceptó entregarlas junto con las suyas. Ella corregía después de que todos entregaran, y para eso utilizaba la hora que les quedaba. No les daba más trabajo si ellos hablaban en voz baja y no hacían escándalo. Balthazar solía aprovechar eso para terminar cosas de otras clases, pero eran pocas las veces que lo hacía, debido a que el grupo siempre lo metía en sus conversaciones y, para no aburrirse, aceptaba hablar con ellos. Pero esta vez las cosas parecían tan desesperadamente importantes, que el rubio se había sumergido en una total concentración para su examen. Se sentía cansado, casi como Castiel. Era lo peor para todos.

—Vayan entregando—dijo la profesora, luego de ver la hora en su celular.

Así lo hicieron. Apenas las tuvo todas, acomodó las hojas y comenzó a corregir. El grupo de amigos se acercó a la mesa de las chicas y comenzaron a hablar.

— ¿Cuántas les faltaron?—preguntó Gabriel—. A mí la última

—A mí la segunda—respondió Kali.

—La cuatro—respondió Castiel.

—Ninguna—dijeron Anna y Balthazar.

—Yo dejé incompleta la primera, pero escribí algo—dijo Lucifer, tranquilamente.

Quédate conmigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora