Una apuesta, llevándonos a sufrir las consecuencias de no medir las palabras estando enfurecidos, lastimándonos, terminando lo poco que habíamos conseguido.
Para Gregg Hamilton, enamorarse era clavarse otra espina en el corazón.
¿Para mí? Enamorar...
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Ignoraba la conversación de Chad y Zac, concentrándome solamente en las dos mujeres a que dormían a mi lado. Cristal recostó su cabeza en mi hombro y Mackenzie abrazaba a Cristal, aferrándose a ella como si tuviera miedo de que la dejara, haciéndome preguntar que tanto había sufrido estos años.
—¿No es gracioso que te enamoraste de dos mujeres que se parecen mucho? —preguntó Alex en un susurro, molestándome.
—¿No es gracioso que todas tus amigas tienen problemas mentales? —dije para molestarlo, sin querer burlarme, obviamente.
—En este mundo todos tenemos problemas mentales, empezando con las personas que creen no tenerlos, quienes siempre suelen ser los más enfermos.
Nos quedamos mirando en silencio, acusándonos con la mirada y cuando volteó a ver por la ventana, pasé mi brazo por su cuello y lo atraje hacia mí, besando su frente como si fuera un pequeño niño.
—Eres mi enfermo favorito.
—Eres un idiota.
A pesar de hacerse el enfadado, se relajó entre mis brazos y cerró los ojos, justo cuando era un niño asustado de los monstruos inexistentes. Este es mi querido hermanito, el que prometí cuidar siempre y quien está demostrando ser el más fuerte de todos al enfrentarse solo a sus demonios.
—¿Podemos quedarnos en el apartamento de Demi? —le pregunté a Zac, sintiendo de pronto como se reducía mi espacio personal—. Porque no creo aguantar mucho con todos encima de mí.
—Es tu culpa por consentirlos demasiado —dijeron al unísono, molestándome.
¡Lo dice el que cargaba en brazos a su hermanita de ocho años y el que llevaba a la universidad a mi hermanita! Bueno, Demi se le pegaba como una garrapata, pero sigue siendo más mi hermanita que la suya.
Pero cuando llegamos al apartamento de Demi, con Cristal en mis brazos y Chad cargando a Mackenzie, esa dulce niña que se la pasaba el día con las manos manchadas de pintura, era solo un lindo recuerdo porque enfrente de mí, solo está una mujer furiosa que quiere arrancarme la cabeza.
—¿Qué hace ella aquí? —preguntó furiosa, mirando de mi a Chad— Ella te causó problemas y ahora ¿la cargas como princesa? Sé que tienes tus problemas Chad, pero no acepto esto.
—Eres muy linda cuando te pones celosa, querida —le dijo, pasando a la par de ella sin miedo.
—¡Estáis en mi apartamento con la mujer que dijo que la amenacé! Y tú —me señaló con el dedo, mostrándome sus ojos grises llenarse de rayos y relámpagos—, eres un maldito que no puedes decir "ya no te amo, sal de mi vida.". ¿A qué rayos juegas, Greggory?
Asheron siempre dice que Demi se mira adorable cuando se enoja, peor lo único que yo puedo ver es mi futura muerte y ella riendo como psicópata...
—¿Me dejas llevarla a una habitación? —pregunté, caminando por el pasillo con ella siguiéndome de cerca.