Una apuesta, llevándonos a sufrir las consecuencias de no medir las palabras estando enfurecidos, lastimándonos, terminando lo poco que habíamos conseguido.
Para Gregg Hamilton, enamorarse era clavarse otra espina en el corazón.
¿Para mí? Enamorar...
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Corté la llamada con el guardia de seguridad del apartamento, maldiciendo el día en el que conocí a Mackenzie. Me dejé engañar por esa mujer, creyendo que estaba conmigo porque le gustaba por mi forma de ser, y no hablo de apariencia. Tuve muchas malas experiencias con mujeres que solo querían poder decir "estuve con un Hamilton", cosa que al principio no me molestaba ya que obtenía lo mío, pero; conforme el tiempo pasaba, esas noches sin amor se volvían en una daga más en mi corazón.
—¡Mira que linda! —exclamó Cristal, recostando su cabeza en mis piernas, mirando la pantalla de su teléfono con adoración— Tiene los ojos de Demi y la boca de Asheron.
Sonreí al ver sus bellos ojos brillar de ternura ante la imagen de mi linda sobrinita, quien está a doce horas de salir del hospital, directo a su nuevo hogar. A pesar de que papá intentó convencerlos de que se quedaran en casa mientras Demi terminaba de recuperarse, ambos se negaron. No me sorprende, yo hubiera hecho lo mismo en su caso porque apetece más estar en casa con las dos personas mas especiales en el mundo que en una casa con drama y locuras por doquier.
—Si, —acaricié su mejilla con suavidad, perdiéndome entre esos bellos ojos— es hermosa.
—Creo que no estamos hablando de la misma persona —apagó la pantalla del teléfono y me miró—. ¿Vamos a hablar ya o seguirás besándome para callarme?
—¿Qué? Pero si te estaba besando porque me tientas con tus labios, no porque quisiera callarte —me sacó la lengua en una mueca infantil, cosa que me hizo reír—. Bien, también era eso.
—Genial —se levantó y tomó asiento en la otra punta de la cama, cruzándose de brazos—. Empieza hablar, Gregg.
Hay muchas cosas que no sé, Mackenzie es un misterio para mí, pues hay tanto que me ocultó que ya no sé qué pensar sobre ella. Al principio todo era fantástico, teníamos largas conversaciones, salíamos a citas, reíamos, compartía con su familia e incluso compramos el apartamento entre los dos ya que ella dijo que no quería ser una carga para mi y que se ganaría todo con su propio esfuerzo. Me pregunto que le pasó a esa joven con grandes sueños...
—Aún te brillan los ojos cuando piensas en ella...
Levanté la vista para encontrarme con los ojos cristalizados de Cristal. ¿Qué puedo hacer? No puedo olvidar a la primera mujer que amé, sin importar el tiempo que pase siempre habrá un sentimiento entre todo.
Pero ese sentimiento no se compara a lo que siento por Cristal.
—¿Has dejado de amar por completo a León? ¿Has dejado de quererle o sentirte aprecio por él después de haber sido tu primer amor, el primero hombre en el que confiaste a parte de tu padre? —negó con la cabeza, sonriendo de lado—. Pues eso siento yo por ella, Cristal. Le aprecio porque a pesar de lo mucho que sufrí cuando terminamos, al principio todo fue maravilloso y la amé como un loco.
Asintió de acuerdo conmigo, sin enfadarse, pero el dolor era obvio. Me acerqué a ella y la jalé del brazo, pegándola a mi pecho y abrazándola con fuerza. La primera vez que vi a Cristal, me pareció completamente inofensiva, delicada, preciosa, al igual que una hermosa joya única y maravillosa. Cristal es frágil, la convirtieron en una mujer con inseguridades y miedos, cosa que quiero quitarle mostrándole que puedo estar con ella para protegerla, sin importar a quien me tenga que enfrentar.