Una apuesta, llevándonos a sufrir las consecuencias de no medir las palabras estando enfurecidos, lastimándonos, terminando lo poco que habíamos conseguido.
Para Gregg Hamilton, enamorarse era clavarse otra espina en el corazón.
¿Para mí? Enamorar...
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Respiro hondo, queriendo ahogar las lágrimas, tragarme el nudo en mi garganta e intentar ser fuerte, aunque sea una última vez. Estaba decidida a que hoy moriría, Zac ya había enviado el dinero a la cuenta y Ethan estaba celebrando que le había robado dinero a los Hamilton. Alcohol, prostitutas, drogas, dinero por todo el salón, era la fiesta del año... su ultima fiesta y la mía.
Todo iba a terminar, pero iba a disparar antes de que él lo hiciera, aun sabiendo que sus malditos socios dispararían contra mi después, vengando la muerte de su jefe. Me daba igual, al menos ya había vivido lo suficiente para escuchar unas dulces palabras de amor de los labios de Zac. Era todo lo que quería, lo que necesitaba para sacar un poco más de fuerzas.
Pero todo se vino abajo.
—Mira a quien tenemos aquí —dijo Ethan, tirándome al piso cuando la puerta principal se abrió y Victoria Hamilton entró con su hija de la mano—. Pero si son... ¿Tres princesas? ¡La lotería!
—¿Qué haces? —le pregunté, poniéndome de pie y corriendo hacia él cuando se acercó a Victoria. Lo jalé del brazo, ganándome otro golpe en la mejilla.
—Atrás zorra, ya encontré tu remplazo.
Era obvio, él no se iba a arriesgar a seguir conmigo, pero esto no era parte del trato.
—¡Dijiste que los dejarías en paz si tenías tu dinero y aquí está tu puto dinero! —grité, señalando el dinero esparcido por el salón— Déjalas irse, Ethan. Ellas no tienen la culpa de que tú seas un enfermo.
Agarré su brazo cuando intentó tocar a Nicky, haciéndole una rápida llave y golpeando su rostro contra el sucio piso. No tuve mucha oportunidad de hacer nada, el "escolta" de las chicas me empujó fuera del cuerpo de Ethan, apuntándome con el arma para inmovilizarme.
—¡Las zorras no pueden pelear contra un perro, Zie! —gritó Ethan furioso, agarrándose el hombro— ¡Solo has conseguido adelantar tu muerte!
Cerré los ojos con fuerza cuando el grito de Victoria se escuchó por todo el salón junto al llanto de Nicky al ser separada de su madre. Quería matarlo, quería ver su sangre derramarse contra el mugriento piso en el que siempre me golpeó, en el que mi padre me golpeó y me violó. Quería verlo pagar, verlo sufrir como me ha hecho sufrir a mi y a todas las mujeres que ha comprado con su sucio dinero. Quería ver venganza...
Y algo de luz.
Abrí los ojos, determinada a acabar con todo, salvar a quienes no tienen la culpa de que esta miserable vida exista para las personas menos afortunadas. Cuando tenía una vida normal, disfrutaba los paseos por el parque, la salida con los amigos y la vida en general. Mi tiempo lo invertí en clases de gimnasia, aprendiendo diferentes idiomas, clases de artes marciales y clases extras, donde iba por diversión, para ayudar a esos que no entendían las clases con mi misma facilidad. Era una niña feliz, buena y divertida... enamoradiza.