Capítulo 23

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Desperté cuando escuché un molesto sonido al fondo y estiré mi mano aun sin abrir los ojos

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Desperté cuando escuché un molesto sonido al fondo y estiré mi mano aun sin abrir los ojos. Escuché la dulce risa de Cristal a mi lado, haciendo que una pequeña sonrisa se me escapara, feliz de poder despertar junto a ella. Abrí los ojos cuando sentí su cuerpo encima del mío, observando su cabello caer por sus pechos, cubriéndolos, pero aun dejándome apreciar la bella vista. 

—Numero privado —dijo, enseñándome la pantalla de mi teléfono—. ¿Respondes?

—No me interesa hablar con nadie —acaricié su cintura, levantando mi cadera, insinuándole lo que quería.

—Entonces responderé yo.

—Adelante.

Mientras ella seguía dudando en responder o no, yo seguí la línea de su cuerpo, desde su cuello con un pequeño chupete, sus hombros, sus pechos, su estómago y, por último, el paraíso.

—¿Enserio necesitas un numero privado para llamarle? Por que no aceptas que no quiere nada contigo y ya está —levanté la vista a su rostro, encontrándome con furia pura. Puede que mamá le haya estado enseñando a Cristal como hacerme acobardar, porque ese rostro enfurecido mi da mucho miedo—. ¿Quieres dinero? Yo te doy dinero, si te conformas con un centavo porque es lo que vales.

¿Por qué tiene que ser terca? Le dije que no quería hablar con nadie y ella decide responder. Cristal, esta era nuestra perfecta mañana juntos, como dos idiotas enamorados que acaban de despertar después del sexo "aburrido".

—Si, mi madre fue presa por haberles robado a los Hamilton. ¿Y eso qué?

Observé su rostro con atención, sabiendo que Mackenzie jugaría sucio y aunque intenté quitarle el teléfono, ella golpeó mi mano furiosa.

—Escúchame bien, perra. A diferencia de ti, yo no me abro de piernas a cualquiera por un poco de dinero, tengo dignidad, algo que pareces no conocer. Y si, mi madre fue una ladrona, a mi me da igual lo que ella fue, porque yo no soy ella. Déjate las peleas inmaduras, y si no ves un anillo en mi dedo, es porque no necesito presumir un diamante —sonrió hacia mí, esa sonrisa que dice "mataré a la perra"—. Yo presumo a mi prometido, el cual tengo desnudo debajo de mi cuerpo.

Colgó la llamada y antes de que pudiera decir algo más, se levanto y comenzó a cambiarse, dejando mi teléfono en el... ¿baño?

—¿Acabas de...? —pregunté confundido.

—Si, tiré tu teléfono al retrete —respondió con naturalidad, sonriéndome con dulzura—. Ahora, ¿vamos a la joyería? Hay un anillo de compromiso que quiero comprar.

¿En que lio me he metido?

Durante el viaje a la famosa joyería, yo solo intentaba descifrar sus pensamientos, mirando de reojo su rostro pensativo que miraba por la ventana, sin dirigirme ni una palabra. Esto es completamente lo opuesto que había soñado que sería...

Hamilton Playboy |Serie Hamilton| #2.7 (TERMINADA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora