Te protegere de cualquier peligro

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-Meliodas, todo esto es por nuestra culpa ¿Cierto?- pregunto la diosa peliplata con la mirada deprimida.

El rubio alzo su rostro obligándola a mirarlo.

-Elizabeth, te amo y te protegeré de cualquier peligro.

La diosa abrazo fuertemente al rubio, este se aferro más a ese abrazo. Sabia que seria uno de los últimos que se darían con mucho amor.

Drole llego junto a ellos con Gloxinia. Se dirigían ahora si los 4 a la cúspide de la guerra.

Cuando llegaron Drole realizo una barrera gigante y alta de rocas que dividió a todos. Encima de aquella barrera estaban Meliodas y Elizabeth levitando junto a Gloxinia.

Intentaron calmar a todos pero su simple presencia, empeoro todo.
Era obvio que estaban juntos y que traicionaban a sus respectivos clanes.

-¿Como te atreviste hermano?- le grito Zeldris enojado.

-Pueden pensar lo que se les de la gana. Pero solo les advertiré algo a todos ustedes. Mandamientos y arcángeles si se atreven a lastimar a Elizabeth los mataré sin duda.

Todos los presentes se sorprendieron, era mas que Obvio que Meliodas aceptaba que estaba junto a Elizabeth.

El arcángel Mael voló rápido hasta a el para atacarlo pero Meliodas lo esquivo con facilidad.

Elizabeth bajo hasta el arcángel Ryudoshiel. Para tratar de persuadirlo de que detenga esa tonta guerra pero el en cambio intento golpearla. No pudo lograrlo ya que Gloxinia la protegió con sus ramas.

La guerra se volvía mas violenta. Elizabeth miraba a Meliodas y Mael luchar, y a los mandamientos contra los Arcángeles.
Se sintió tan culpable e impotente que se limito a llorar sentada en medio de todo ese caos.

Galland miro a Gloxinia que luchaba de lado de Meliodas, asi que se dispuso en marcha hacia el bosque del rey Hada.

Seguía sentada llorando cuando escucho el grito de su rubio amado.
Miro rápido hacia el y estaba siendo atacado por los mandamientos.

Veía como luchaba contra todos con mucho cansancio y determinación. Se puso de pie rápido secó sus lágrimas y voló hasta el.

-¡Ark!- grito mientras de sus manos salía una esfera de luz blanca muy poderosa.

Su magia era muy efectiva contra los demonios. Asi que optaron por retirarse. Los Arcángeles tomaron de rehenes a unos demonios llevándoselos a sus territorios.

-Espera ryudoshiel, eso no es necesario, esta tonta guerra sin sentido solo por un hermoso sentimiento.

-No Elizabeth no es por lo que sientes sino por quien. Si decides ahora mismo dejar a Meliodas la guerra se acabará, puedes amar a quien sea menos a un demonio.

-No puedes mandar en mi corazón y lo siento pero peleare junto a Meliodas.

-Bien, ya has decidido tu destino. Considerando esto una grave traición te sugiero no volver a poner un pie en el palacio.

Elizabeth no contestó y solo se quedo inmóvil sorprendida.

El arcángel se dio vuelta y se marcho de ahí.
El demonio rubio se acerco a la diosa, le tomó la mano y ella se acomodo en su pecho soltando algunas lágrimas, mientras el la consolaba.
Gloxina voló rápido sin despedirse de ellos lo que dejo confundido al rubio.

-Estan atacando al bosque por un mandamiento- grito Drole mientras corría hacia el bosque.

Meliodas se separo levemente de su amada y junto a ella volaron rápido hacia ahí.

Pronto llegaron y el paisaje no era muy alentador.
Pero pudieron hacer que Galland se marchara de ahí gracias a Meliodas.
Elizabeth descendió hasta Gloxinia quien abrazaba fuerte a su pequeña hermana, quien ya habia perdido una pierna y un ojo izquierdo.
Elizabeth comenzo con la curación rápido en ella.

Pudieron salvarla pero quedó mal herida.

-Yo me encargó del resto Elizabeth tranquila.- contesto el rey Hada ya con las lágrimas secas.

-Rey Gloxinia lo lamento, por nuestra culpa su pequeña hermana resulto muy lastimada.

-No te disculpes Elizabeth, esto tenia que pasar tarde o temprano. Lo de la guerra y tenemos que ser valientes y continuar con esto.

La diosa peliplata asentio y miro hacia aquel humano que defendió el bosque también junto a Gerheade, el igual estaba herido y rápido lo curó pero a comparación de la pequeña hada sus heridas de el no eran tan graves

Las horas pasaban y la noche caía, pero Meliodas no regresaba, el se había encargado de mandar a volar lejos al mandamiento de la verdad. Pero no pudo regresar.

Comenzaba a preocuparse por el asi que salio del bosque y emprendió vuelo hacia la dirección donde vio marcharse al rubio.

Pronto lo visualizó volaba débil y cansado y muy golpeado. Ella se apresuro a llegar junto a el y lo abrazo muy tranquila.
Meliodas suspiro hondo el olor del cabello plateado de su amada, su olor siempre lo reconfortaba.

Estaba tan cansado que se dejo caer en sus brazos. Elizabeth lo sostuvo con mucha fuerza y asi abrazándolo lo llevo a la cabaña donde tenían a Merlín.

Afortunadamente la pequeña ya dormía asi que sin hacer ruido acostó suavemente a meliodas en una sabana blanca que extendió en el piso.

Se acostó junto a el y se quedo profundamente dormida.

Al día siguiente Meliodas despertó cuando los rayos del sol entraron por la ventana y le daban en la cara, abrió pesadamente los ojos y miro a Elizabeth dormir pacíficamente junto a el.

La abrazo fuerte hacia el y nuevamente olió el dulce aroma de su diosa.

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En el clan de los demonios solo se hablaba de la traición de Meliodas y de como podían recuperar a sus camaradas que fueron capturados por los arcángeles.

El rey demonio estaba muy furioso y quería darle un buen escarmiento a aquel hijo traidor que tenia.

La guerra era un hecho ya. Irónicamente causado por un sentimiento lindo como era el amor. Pero en épocas donde dominaba la magia entre el bien y el mal el amor no era irrelevante.

¿Cuales serán las consecuencias de la guerra santa?

Demonio y DiosaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora