Clan de los Demonios

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El chico Rubio por su parte llegó pronto al inframundo lugar donde residían los demonios.

Descendió con sus grandes alas negras, mucho mas grandes que las de cualquier demonio y no era para menos el era el líder de los mandamientos, si bien era conocido por su gran fuerza y crueldad era porque bien merecido lo tenía, su padre el rey demonio lo habia entrenado con la mayor crueldad posible.

-¡El líder ah llegado! Joven maestro que bueno que ah regresado- hablo un demonio con bigote blanco.

-No hay necesidad de tanto escándalo chandler- hablo con su típica crueldad y frialdad de siempre.

-Lo siento joven maestro- contesto nervioso mientras hacia una pequeña reverencia.

Meliodas camino tranquilo a paso firme por los pasillos del castillo, paso por una ventana y miro descender del cielo oscuro a su pequeño hermano menor.

-¿Fuiste a ver a esa Vampiro de nuevo Zeldris?

-¡Hermano! Si, vengo de verla.- contesto algo apenado.

Meliodas lo miro sin ningún rastro de sentimiento alguno, a pesar de que Zeldris era su único hermano menor no entendía porque se comportaba diferente cuando hablaba de esa Vampiro que visitaba muy seguido.

Sin decirle palabra alguna continuo su camino hasta su habitación, se quito las botas y la camisa y se acostó en su gran cama.
De repente llego a su mente quien habia sido el que lo daño, ese arcángel llamado Mael, definitivamente se vengaría de el y de la peor forma.

¿Arcangel eh? Que irónico que uno intento matarme pero uno de su misma especie me curó.

Pensó para si mismo. Recordó aquel rostro de esa bella mujer. 
De algún modo sintió algo cuando la vio descender

  De algún modo sintió algo cuando la vio descender

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Esa imagen de ella bajando hacia el con sus 4 alas. La tenia muy grabada en su mente.

Sacudió su cabeza de ambos lados el no debería sentir ningún sentimiento absurdo mas que el de venganza, ira. Pero irónicamente su mandamiento del amor era el mas poderoso.

¿Amor? Que el rey demonio crió y educo a su hijo para matar y sembrar odio le diera un mandamiento tan poderoso como el amor.

Saber que ni siquiera sabia algo respecto al amor. No tenia a esa persona ideal para sentir eso.
La persona que su hermanito Zeldris tenía, a veces se preguntaba porque las cosas deberían ser tal y como su padre decía y mandaba.

Pronto el sueño lo dominó.

Despertó al día siguiente el cielo se tornaba rojo, era usual ese color por tanta energía demoníaca alrededor. Por eso salia al mundo exterior porque estaba harto de toda esa maldad que lo rodeaba.

Bajo al comedor donde los demás mandientos se reunían a comer o hablar.
Paso junto a ellos sin saludarlos y salio por la gran puerta extendió sus alas dispuesto a volar pero la voz de su padre lo detuvo.

-Meliodas. ¿A donde vas?- pregunto con su típica voz grave y fuerte.

-Por ahí a extender las alas un poco.

-Tengo un encargo para ti

-¿Cual es?

-Matar a Mael.

-Eso pensaba hacer pronto- contesto mientras se formaba una sonrisa retorcida en su rostro.

Mael se las pagaría definitivamente.

Sin mas que decir tomo vuelo. Pronto salio de aquel gran castillo. Llego pronto a una pequeña aldea que comenzaba a habitarse siguió volando y llego al castillo en ruinas donde se acostaba a descansar.

Pudo ver a aquel cachorro que la diosa Elizabeth habia llevado.

Descendió hasta a el y oculto su modo asalto dejando ver sus ojos esmeraldas. Se inclino hasta el perro y comenzó a acariciarlo.

-Ey, ¿Te acuerdas de mi?- pregunto al can mientras este comenzaba a lamerle la mano.

-Supongo que tienes hambre, te traje un pedazo de pan- volvió a hablarle al can mientras sacaba el pan de entre sus ropas.

El cachorro comió con gusto aquel pan mientras Meliodas sonreía al verlo comer.

Unas ráfagas de viento se sintieron de repente, eso lo hizo mirar al cielo, era un gran grupo de arcángeles y ángeles que seguían a ryudoshiel, detrás de el estaba Mael, sariel, tamiel y ludoshiel. Seguido de una de pelo rosado y detrás de todos estaba Elizabeth.
Quiso seguirlos pero no quería que lo descubrieran. Siguió acariciando al cachorro unos minutos más y jugo con el.

Estaba por caer la tarde cuando Elizabeth apareció frente a el.

-¡Hola Meliodas! ¿Hace mucho que estas aquí?- pregunto mientras descendía poco a poco junto a el.

-Hola Elizabeth, si desde la mañana estoy aqui, de hecho vi que pases junto a varios de tus colegas.

-Si, el arcángel ryudoshiel quería que fuéramos a supervisar lo del funeral del rey hada Dalia.

-¿Murió?

-Si, es una pena. Al menos el gran árbol ya eligió un nuevo rey, esperamos que sea igual de bueno que el rey Dalia.

Meliodas no contestó de nuevo, se limito a solo verla. Su belleza era envidiable. Sus cabellos plateados largos y sus hermosos ojos azules. Podría admirarla todo el día.

-¿Sucede algo?- preguntó Elizabeth cuando notó que Meliodas la miraba mucho.

-No. Creo que es momento de que sepas quien soy de verdad. Y quizá con esto dejes de frecuentarme.

Ella no sabia porque el le decía eso de repente. Estaba el por seguir hablando cuando una ráfaga de viento los lleno.

-¿Sabes que diría tu madre la deidad de que hablas con un demonio? Lady Elizabeth.

-¡Mael! ¿De que hablas? ¿Que demonio eh habdemonio
-No me digas que no sabes quien es con el que estas hablando.- miro a Meliodas con una sonrisa triunfante, burlona.

-No hay necesidad de que me presentes por mi. Yo soy Meliodas, el Mandamiento del amor y el líder de los 10 mandamientos. El linaje de demonios de primer nivel que fueron elegidos estrictamente por el rey demonio. Y no solo soy el líder soy el hijo primogénito del rey demonio.

Elizabeth se llevo sus manos a su boca, esa persona era el que todos dicen que es cruel y despiadado.
Sin embargo el no aparentaba lo que todos decian, con ella el era diferente.
Las miradas de Mael y Meliodas no se apartaban estaban a punto de iniciar una pelea sin dudas.

Mael estiró sus 4 alas retando a Meliodas. El no se dejó intimidar y mostró su modo asalto y extendió sus alas oscuras.

Elizabeth por fin veía el verdadero modo de Meliodas.
Aun lo miraba sorprendida, el en verdad era aquel demonio que todos le temían.

Pero ella en el fondo sabia que era diferente.

Podía ver la pureza de su alma en sus ojos esmeraldas que ahora eran oscuros

Ambos sacaron sus espadas, la pelea estaba por iniciar pero Elizabeth se puso entre ellos

¡Basta!

Ambos se detuvieron.

-No inicien una tonta guerra sin sentido.

Meliodas metió su espada y sin decir  nada, emprendió vuelo.
El mataría a Mael definitivamente pero no frente a Elizabeth.

-Ahora que sabes quien es el espero que no vuelvas a verlo Lady Elizabeth.

Ella no contestó y solo siguió mirando como se alejaba mas y mas aquel demonio rubio.

Demonio y DiosaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora