— Prefiero no hacer apuestas con una criminal condenada.
— ¿Condenada? — Abuela quedó horrorizada. — ¡Cállese la boca! Estoy de paso solamente hasta que este pequeño malentendido se aclare.
— Yo no llamaría una van blanca sin placa, una nota de rescate y una cantidad de droga suficiente para matar un oso — Alzó los dedos, haciendo comillas — "malentendido".
— Puedes llamarlo como quieras. Soy inocente.
— Y yo soy Charlie Sheen.
— ¡Ya decía yo que me parecías conocido! — Abuela soltó una risita. — Cuéntame, ¿cómo va tu papá guapo?
Christopher
Lo primero que pensé cuando entré al avión fue en alcohol. ¿La segunda? Todo el sexo que no estaba teniendo y que la prensa estaba convencida de que sí estaba. Lo cual era chistoso, porque, en aquel momento, si estuviera envuelto en esas actividades extraoficiales con prostitutas, con certeza no sería tan descuidado.
La única evidencia que tenían era una ex-novia amargada y a Dulce apareciendo en el aeropuerto conmigo.
Mi asesor de prensa me había mandado un mensaje diciéndome que no me preocupara — hasta donde la población sabía, yo ya planeaba tomarme vacaciones. Lo único que él necesitaba hacer era explicar que fui a un matrimonio y me reencontré con una vieja amiga. Una vieja amiga que no veía hace diez años y a la que decidí ver sin el vestido de madrina. Lo que también era chistoso, ya que dudaba que alguien además de Dulce y yo, supiera que ya nos conocíamos. Y, ya estaba convencido lo suficiente como para pensar, que de todos los tipos que debían haber babeado por ella en el colegio, yo fui el único que le dio un beso del que ella todavía se acordaba.
Gemí. La verdad era que yo ya estaba pendiendo de un hilo. Había pasado por mucho para llegar a donde estaba y me daba miedo la idea de que todo se escapara, como el agua entre los dedos. Me había graduado antes de la facultad. Había terminado el masterado en menos de un año. Estudié por noches, sin descanso. Había gastado muchos de mis ahorros en campañas. ¿Y todo para qué? ¿Para que las personas se quedaran esperando a que yo hablara? ¿Y después me sacaran del cargo sin ceremonias? Todo porque creían en una mujer que... Sentí cómo se me apretó el corazón. Todavía sentía el olor de casa.
Recién había regresado de una reunión en Washington.
Alguien había prendido la chimenea del primer piso. Podía sentir el olor de un asado con patatas en el horno.
Había subido dos escalones a la vez. Me moría por ver a Natalia, por abrazarla y olvidarme de todo por un momento. En serio, era lo único que le pedía. La usaba para relajarme, y, a su vez, ella permanecía quieta, callada, y linda en mis brazos.
Mi tiempo era valioso. Después de algunos encuentros, comenzamos a bromear con que pasar dos minutos con ella era como tirar centenas de dólares a la basura.
Para mí, el tiempo era lo más valioso que los humanos teníamos. Quería aprovechar al máximo cada momento.
Pero tal vez no debí haber hecho eso.
Porque, si no hubiera subido dos escalones a la vez...
Si no hubiera regresado más temprano a la casa...
Mi vida sería diferente. Estaría tan bien que estuviera viviendo en la ignorancia, pero aún así.
No tendría estas cicatrices, no querría salir corriendo cada vez que una mujer me sonríe.
Carraspeé y miré de soslayo a Dulce. Ella estaba hojeando la revista People.
¿Qué sabía sobre Dulce, de verdad? Ella besaba bien. Tenía un bonito trasero. Y una risa preciosa. A no ser que se haya convertido en una fumadora empedernida, lo cual haría que su risa sonara medio seca.
Pero era todo. Hasta donde yo sabía, ella pudo haber sido prostituta en algún momento de su vida.
Tal vez tuviera algunos secretos oscuros esperando para salir a la luz. ¿Quién no tenía? Además, ¿cómo había pagado la facultad de medicina? No es que estuviera razonando bien, al fin y al cabo, estaba bajo una enorme presión dentro del avión. Debe haber sido por eso que, apenas el avión despegó, solté la pregunta:
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El Riesgo
RomanceEsta historia es una adaptación de @firesvondy, pero algunas amigas mías están interesadas en leerla y ellas no hablan portugués, así que yo hablé con ella y me dejó traducirla para todas ustedes, bellas mías. -- Dulce nunca hizo nada arriesgado. Na...
