10. ¿Una cena?

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— Señora, ¿qué tiene que ver Justin Timberlake con esto?

— Justin Timberlake es la respuesta para todo en la vida. — Dice la abuela, solemne.

— ¿Por qué?

Después de una larga pausa, respondió:

— Porque es muy sexy.

— Cómo me arrepiento de no haberme tomado el día libre...

Christopher

Entonces, ya la besé dos veces. Gran cosa. Me lamí los labios por la vigésima vez más o menos, esperando, o mejor dicho, rezando para que todavía pudiera sentir el gusto de ella en la punta de la lengua. Juro que Dulce tenía un sabor muy bueno. No podía sacarme de la cabeza su olor y su sabor, pero necesitaba mucho concentrarme en cosas importantes, como encarrilar mi carrera de nuevo, en vez de tirarla al drenaje.
Con un gemido ronco, me lamí los labios. Una última vez. Solo para acordarme.
Ya había perdido la cuenta de cuántas veces había besado a una mujer sin sentir nada.
Era vergonzoso admitir que un hombre podía quedar tan decepcionado del sexo femenino al punto de parar completamente de reaccionar. Eso era lo que Natalia me había hecho. Gracias a ella, terminé defectuoso. Odiaba sentirme como un juguete defectuoso, que no funcionaba más. Eso me hacía enfurecer y me hacía sentir menos hombre.
¿Pero Dulce? Ella me hacía sentir vivo. Es una pena que las cosas que hacen a las personas sentirse vivas acostumbran a matarlas. Drogas, alcohol, bungee-jump. Ok, ok. Estaba exagerando, pero aún así. Las mujeres son como depredadoras. No consiguen resistirse las ganas de atrapar a los hombres y, con el tiempo, destruir la relación. Tal vez fuera el miedo, pero yo creía que era algo mucho más profundo que eso.
Matrimonio arreglado. Ese era mi futuro. Por lo menos así podría controlar la situación y usarla en mi propio beneficio. Tendría la esposa del senador perfecta, y entonces mi sueño se realizaría.
¿Cuál era el problema? Mientras más tiempo pasaba con Dulce y esa abuela loca, más me alejaba de la realidad de mis pensamientos.
Necesitaba volver a casa y llamar a Rick.
Dulce me desconcentraba.
Nunca me consideré un romántico. Ese sueño había muerto hace 10 años.
Yo era joven, estúpido e ingenuo al pensar que Dulce se acordaría de la magia de nuestro beso. Del momento mágico que compartimos. Yo había caído a sus pies. En 3 minutos exactos ya había planeado nuestro matrimonio, mientras ella no podía esperar para salir corriendo.
Cuando le dije a abuela Nadine que la ayudaría a juntar a Alfonso y Anahí, nunca me imaginé que me enredaría en el drama de la familia Titus. Ni por una vez en la vida pensé que terminaría en la cama con la hermana de Anahí. Mucho menos después de todos esos años soñando con eso.
Miré de soslayo a Dulce.
Era hermosa. Pero yo vivía rodeado de mujeres hermosas, y ninguna, ni una sola, me había dado ganas de luchar por algo.
Ella me las daba.
Y a mí me enfurecía muchísimo haberle dado, de alguna manera, ese tipo de poder emocional sobre mí. Eso ya había pasado una vez, con Natalia: había bajado la guardia y la había encontrado en la cama con mi mejor amigo. Pero, ni con Natalia, había sentido la química que sentía con Dulce.
Eso me aterrorizaba. Si era tan fácil querer estar con ella, eso solo podía significar que Dulce tenía todavía más poder para destruirme. Y la peor parte era que probablemente la dejaría, porque, aunque quisiera ser el tipo fuerte que no daba ni la hora, no lo era.
Y siempre supe que, cuando me enamorara de alguien — cuando comenzara a amar a alguien —, eso me destruiría desde adentro hacia afuera.
Mi mamá siempre dijo que soy un tipo franco, directo. En mi profesión, eso ayudaba. La gente de verdad confiaba en mí. Les caía bien. Y, a cambio, yo intentaba hacer lo mejor para ellas.
Para ellas. Necesitaba recordar para qué había nacido. Liderar a otros y sacrificarme. Por lo menos, al final del día, todavía tendría trabajo.
Logísticas, elecciones y política eran los temas que, dado el caso, se encargarían de la vida de una persona, sin dejar espacio para nada más.
Necesitaba que mi vida fuera así para conseguir controlar las cosas.
Gimiendo, decidí darle un descanso a mi mente.
Al menos por el resto del día.
Me iba a concentrar en sobrevivir a la cena. Sería bastante difícil luchar contra los deseos de la abuela. Necesitaría de todas mis fuerzas para lidiar con esa mujer. No sé en qué estaba pensando Dios cuando la creó.

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