35. ¿Están juntos?

415 37 0
                                        

– Discúlpame. – Abuela se secó las lágrimas con un pañuelo. – Pero es que adoro esta parte. – Se sonó la nariz, haciendo bastante ruido, y negó con la cabeza. – Parece que el amor verdadero siempre gana al final, ¿no es así, Gus? – Ella se levantó y bostezó. – Adoré la plática. Deberíamos repetirlo algún día.

– Siéntese.

– Pero ya conté todo lo que sabía.

Siéntese. Ahora.

Abuela rodó los ojos, pero obedeció.

– El final. Quiero saber el final de esta historia, porque es eso lo que me va a decir cuál será su destino. ¿La cárcel? ¿O la libertad?

Christopher

Sería feliz teniéndola en mis brazos el resto de mi vida. Me había llevado un tiempo ultimar todos los detalles. Al final, ¿tomarme otros vacaciones justo después de desaparecer por una semana? La gente no se estaba tomando muy bien eso, pero yo había trabajado como burro las últimas dos semanas para poder hacerlo, para ir hasta Seattle, y dejar a Dulce sin piso, como ella se merecía.
Planeaba quedarme hasta que ella cediera. Me había hasta comprado un disfraz de Thor, con la esperanza de convencerla. Si ni eso funcionaba, tendría que recurrir al vino y, por último, al Benadryl.

– ¿Qué está pasando aquí? – Indagó una voz femenina.

Me alejé de Dul y di una sonrisa al ver a la abuela entrar a la sala de espera, caminando bien lento.

– Estamos bailando – explicó Dul, con un suspiro de felicidad. Besé su cabeza.

Abuela entrecerró los ojos.

– ¿Y están... juntos otra vez?

– Sí – respondí, por los dos.

– ¿Y el bebé?

– Por última vez, ¡no estoy embarazada! – Gritó ella.

– Pero, mi niña, ¿te acuerdas de la noche que pasaste con ese de ahí? Hasta donde yo sé, él se pudo haber puesto un impermeable y dado vueltas alrededor de la cama, cantando, antes de aparearse...

– Por el amor de Dios, ¿la señora dijo "aparearse"? – la cuestionó Christopher.

– Eso es lo que los animales hacen, y somos animales.

– NO. – Dulce negó con la cabeza. – No lo somos.

– Como sea, me parece que es mejor hacer un test. – Soltó abuela. – Además, necesito más bisnietos.

Yo no iba a pararla para explicarle que, técnicamente, no serían sus bisnietos. Tenía la sensación de que nunca lograría exorcizarla por completo de nuestras vidas, entonces era mejor quedarme tranquila.

– ¡Ay! – Abuela aplaudió. – ¡Y me hace feliz anunciar que Anahí está bien! ¡Era solo hipoglucemia! El embarazo hace esas cosas.

– ¿Entonces ella está embarazada?

Alfonso debía estar asustado.

– Sí. – Abuela dio una sonrisa enorme. – Bisnieto número uno, pero yo le di un tremendo sermón a Christopher sobre cómo es obvio que está haciendo algo mal en la cama, ya que Alfonso y Anahí van a procrear primero.

– ¿Procrear? – Repitió Dulce, en un susurro.

– No importa. Estoy segura de que él va a estar bien. Le expliqué algunos detalles con los cuales él debía estar medio confundido. ¡Era de imaginarse que él sabría cuáles son las mejores posiciones para la concepción! Le mandé unas fotos.

– ¿De qué?

– Del Kamasutra. – Asintió abuela. – La encontré en Google.

– Ay, qué mierda. – Murmuré.

– ¿Qué? – Abuela se encogió de hombros, aparentando inocencia.

– Ya que todo está bien, creo que Dul y yo vamos...

Lo primero que pensé fue: tomar vino, después tener sexo, después más vino y más vino, sin ningún embarazo no planeado en el camino, y, quién sabe, finalmente podré tirar de su pelo. Gracias a Dios.

– Bueno, la prensa se volvió loca. Están con el ojo puesto en la casa del pobre Alfonso como si fuera Netflix. La historia ya se filtró, y creo que ustedes no van a querer verse atrapados en medio de todo eso.

– Ah. – Dul se veía decepcionada.

– Pero no teman. – Abuela se alisó el abrigo y dio una sonrisa astuta. – Tengo un plan. – Ella me dirigió todo el poder de esa mirada que asusta a mí. – ¿Sabes manejar una van?

El RiesgoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora