— Con todo respeto, la señora cometió un crimen federal. No creo que una pastilla de menta vaya a resolver el problema. Y, por última vez, no, su perro no sirve como testigo de su buen comportamiento.
— ¿Es solo porque es francés, no? — Abuela asintió, en señal de que sabe cómo son las cosas.
Dulce
Yo necesitaba una bolsa de papel y un chance de hacer todo otra vez, al estilo de Volver al Futuro. Me recosté en la puerta y respiré profundo varias veces antes de abrir los ojos.
Christopher.
Tenía que ser Christopher.
De todos los malditos hombres solteros de ese matrimonio, ¿mis ovarios tenían que decidir jugar dentro de sus pantalones? ¿En serio? ¿Será que estaba así de desesperada? ¡No tenía sentido! Pasé la mayor parte de mi baño tratando de entender la lógica de la situación en la que me encontraba.
¿Era porque me había salvado unos años antes? ¿Será que todavía no me había olvidado de ese amor perdido? Para ser sincera, si él no se hubiera escapado como un niñito asustado, probablemente yo me hubiera escapado.
Estaba aterrorizada, sentí cosas que ninguna niña de dieciocho años debería sentir. Pasé la mayor parte del primer año de la facultad pensando en ese beso. Pensando en sus labios pegados a los míos y preguntándome qué habría pasado si Christopher se hubiera quedado, en vez de salir corriendo.
Pero él se fue, y nunca más lo vi.
Recién el año siguiente me di cuenta de que él no frecuentaba mi colegio.
Me puse el pelo detrás de la oreja, acongojada. ¿Será que me había reconocido?
¿Será que sabía quién era yo?
¿Por qué nunca me pasaba nada normal? Yo podría haberme olvidado de cualquier otro chico — pero no de él.
Mis ojos ardían, me dolía el cuerpo, estaba muriéndome de hambre y parecía que había sido atropellada por un camión.
Respirando profundo para calmarme, busqué en mi mente los recuerdos de la noche anterior.
Los dos estábamos en el matrimonio.
Los dos habíamos tomado.
¿Será que él se acordaba de algo? ¿O yo era la única idiota, come galletas que se apagó en medio de la noche de diversión?
No iba a enloquecer. No podía enloquecer. Já-já. Estaba oficialmente enloqueciendo. Llamar a mi hermana no era una opción. No solo se decepcionaría sino que también debía estar ocupada haciendo las maletas para la luna de miel.
Dando un paso lejos de la puerta, extendí el vestido con delicadeza encima del servicio higiénico y lo miré.
Ese vestido me había traicionado.
Abuela Nadine me había prometido que haría milagros. Ella literalmente dijo: "Dulce, confía en la abuela. Ella ya se encargó de todo por ti".
¡Qué se encargó de todo ni qué ocho cuartos!
Debí haberme dado cuenta que abuela Nadine tenía un as bajo la manga.
Al fin y al cabo, la mujer se metía en la vida de Dios y del mundo, pensando que sabía lo que era mejor para todos. Parecía Cupido, pero usaba estampa de leopardo, en vez de corazones y, así fuera su peor día, lograba dejar a la mismísima CIA en el piso.
El vestido me hizo una cara fea.
Yo le hice una cara fea de vuelta.
La tela brillante me recordaba mi vestido de graduación. Era blanco y parecía digno de una princesa. Sentí un nudo en el estómago con el recuerdo...
— ¿Quieres bailar conmigo? — Brett extendió su mano.
Después de recoger mi barbilla, que estaba en el piso, y recuperar el aliento, agarré su mano y me incliné contra su pecho al son de "Crazy", de Jojo y K-CI, que salía de los parlantes.
No me creía que estaba bailando con Brett Xander. Intenté aparentar calma y estar controlada, pero mi corazón latía de forma irregular. Me alejé y sonreí.
— Gracias por hacer esto por todas nosotras.
— No hay problema — respondió él, pareciendo totalmente sincero. — Digo, no graduarme hubiera sido una vergüenza.
— ¿No graduarte?
— Sí — Rodó los ojos. — Mi castigo por haber sido vago durante los últimos cuatro años vino en forma de una profesora idiota diciéndome que necesitaba aprender a ser menos egocéntrico. Desgraciadamente, mis papás estuvieron de acuerdo. Así que, además de recibir un montón de tarea extra para mejorar mis notas, tuve que hacer voluntariado.
— ¿Y qué voluntariado hiciste? ¿Invitaste a todas las nerds de la clase de biología a salir?
— ¡Claro que no! — Se rió.
Me relajé en ese preciso momento.
— Escogí a todas las chicas que sabía que no tenían pareja para el baile de graduación. Digo, sin ofender, Dulce. Eres atractiva de una manera nerd y retraída de bibliotecaria sexualmente frustrada, pero eres demasiado inteligente e intimidante para que algún chico quiera salir contigo.
— ¿Soy demasiado inteligente? — Repetí, aturdida. O sea, sabía que era un imbécil por hacer lo que hizo sin darse cuenta de cómo eso afectaba a otras chicas, y aún así... ¿Quería darme lecciones de moral? ¿Y en una noche especial?
— Bueno, sí — Brett asintió y me acercó más a él — A lo mejor si fingieras ser un poco más tonta, le caerías mejor a la gente.
— ¿A la gente?
— Sí. — Él se veía un poco forzado — O sea, no solo los chicos que se van rápido cuando pasas por los pasillos. La gente cree que estás a un paso de convertirte en Carrie, la rara, y matar a todos en el colegio.
— Verdad. — Mi labio inferior temblaba. — ¿Algo más?
Él entrecerró los ojos.
— Wow, te lo estás tomando muy bien.
— Sí — Mentira. Pura mentira.
— Creo que ayudaría que tengas unos pechos más grandes. Pero puede ser que no hayas terminado de desarrollarte todavía. Eso pasa.
La canción terminó. Brett se inclinó para darme un beso en el cachete.
— Pero, hey, hasta estás bien para ser una nerd. Gracias por bailar conmigo.
Me quedé quieta, sin reacción, en el medio de la pista. Me sentía incapaz de llorar, de sentir o de hacer cualquier cosa que no fuera mirar hacia abajo, a mi vestido blanco, y desear que, por lo menos una vez, fuera la princesa, y no el patito feo.
— ¡Dulce! — Christopher tocó la puerta. — Si ya terminaste de enloquecerte, tenemos que irnos.
— Está bien.
Sequé mi cara y planché el vestido con las manos. No era mágico. Era como máximo un recordatorio de que no había cambiado desde la graduación, en el 2000. Era una loser. Una marginada de pechos pequeños que prefería matemáticas y ciencias que Facebook.
— Dulce, estoy hablando en serio. La situación no está nada bien.
— ¡Ya! — Le grité, irritada porque me estaba apurando. Maldije, me puse el vestido, me hice una cola de caballo y abrí la puerta del baño. — ¿Por qué la prisa?
Christopher levantó el celular. En la pantalla estaba escrito Abuela Nadine.
— ¿Aló? — Gritó una voz, bien alto. — ¡Christopher! ¡Dulce! ¡Vengan ya! ¡Abuela ya se encargó de todo!
— Estas son las últimas palabras que muchas personas escuchan.
Christopher asintió — Pero no tenemos otra opción.
— ¿No tenemos otra opción? ¿Qué? ¿La mafia está detrás de nosotros o algo así?
— Peor.
— Lo dudo mucho.
— Míralo tú misma — Apuntó la TV. Había periodistas frente al hotel, y todos parecían bien animados.
— ¿La prensa? — Pregunté — ¿Por qué eso sería peor que...
— ¡Nos informaron que el senador llevó una prostituta al cuarto alrededor de la media noche y todavía no salió! La pregunta es: ¿será que el senador realmente dejó atrás el pasado oscuro? Fuentes cercanas a la ex-novia del senador dicen que la infidelidad de hace dos años casi destruye su carrera. Un nuevo escándalo no le hará bien al senador más joven en la historia del estado. ¿Será que la falta de escrúpulos en su vida personal tendrá repercusiones en su vida pública?
— Suficiente. — Le quité el control de las manos a Christopher, que estaba paralizado, y lancé el objeto a la cama. Genial. No solo había perdido mi virginidad con un político, sino que también me había convertido en una prostituta. Cogí su celular y refunfuñé: — Vamos a tener una pequeña conversación después.
Abuela resopló.
— Pero, primero, sácanos de aquí.
— Di las palabras mágicas.
— Este... ¿por favor? — Le di un codazo a Christopher, intentando hacerlo volver a moverse.
— No esas palabras.
Cerré los ojos y dejé que las imágenes mentales de mi escritorio sereno e inmaculado trajeran la paz de vuelta a mi espíritu. No funcionó. Yo necesitaba pensar en The Vampire Diaries. Damon Salvatore. Damon Salvatore. Damon Salvatore. ¡Ah, allá estaba mi tranquilidad!
— No soy adivina. ¿Qué palabras quiere que diga la señora?
Abuela rió.
— ¡Que, gracias, es obvio!
— ¿Por qué?
— ¿Cómo estuvo la noche? — Soltó una risita, sonando como una niña de secundaria. — Los hombres con poder parecen tener una manera especial de...
— ¡Gracias! — Prácticamente grité — Ahora sácanos de aquí.
— Entendido.
El celular se quedó en silencio.
Miré a Christopher en busca de un poco de luz, pero parecía estar en una batalla con la corbata mientras intentaba quitársela del cuello.
— Para. — Quité su mano. — Vas a terminar ahorcándote si sigues así.
Se encogió de hombros.
— ¿Qué? — Aflojé la corbata. — ¿No tienes respuestas chistositas?
— No le veo el chiste a nada de esto — Respondió, seco.
Le di una cachetada. Nunca dije que era buena para manejar las emociones.
— ¡¿Por qué hiciste eso?!
— Por haber cantado Katy Perry. — Sonreí — Ahora deja de hacer eso, señor Senador. Vamos a salir de este hotel antes de que esa vaga flacuchenta le de la noticia al periódico de la noche.
— ¿La abuela?
— La periodista.
— Se entiende mi duda — Comentó, en el momento en que alguien tocó la puerta.
— Quédate aquí.
— Esto parece una película llena de clichés — murmuré a solas, arrancándome el esmalte de la uña con los dientes.
— Ah, mierda — Christopher miró por el ojo mágico y dijo mierda cinco veces más antes de abrir la puerta, bien despacio.
¿Por qué estaba tan perturbado? ¿Por qué...
— Ah, mierda — Repetí. No había ninguna otra palabra en el mundo que encajara tan bien.
Así que la repetí.
Así como Christopher.
Abuela se encogió de hombros y se quitó las gafas oscuras.
— ¡Que comience la fiesta!
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El Riesgo
RomanceEsta historia es una adaptación de @firesvondy, pero algunas amigas mías están interesadas en leerla y ellas no hablan portugués, así que yo hablé con ella y me dejó traducirla para todas ustedes, bellas mías. -- Dulce nunca hizo nada arriesgado. Na...
