– Quiero entender mejor esta historia. Además de las drogas, ¿qué más hizo la señora contra el senador?
Abuela se frotó las manos mientras sus ojos se disparaban por toda la sala.
– ¿Señora?
– ¡Ay, está bien! – Abuela soltó un suspiro largo. – Pude haberle dado una pequeña mano a la relación.
– ¿Una pequeña mano?
– Tiré lavanda en la cabaña, puse cuentas de fertilidad debajo del colchón, un atrapasueños cerca de la piscina privada, bocaditos de ostras y una banda sonora romántica de Michael Bolton.
– ¿Michael Bolton? – Repitió el agente.
– No tuerzas la nariz antes de experimentar. – Abuela dio una sonrisita.
Dulce
Corrí hasta la cabaña, me lancé contra la puerta, destranqué con la llave que tenía en las manos y entré.
Christopher estaba justo detrás de mí.
Y yo estaba sin aliento.
Pero no sabía si era de animación o vergüenza.
Mi pasado estaba volviendo, para asombrarme. Pero no era un pasado oscuro de drogadicta, o anoréxica, ni nada de eso. Tenía que ver con las inseguridades y cuestiones no resueltas. Y esta era la parte fea de las inseguridades: nunca se van de verdad hasta que las resuelvas. Y yo nunca resolví las mías. Nunca. ¿Y Brett? Había acabado de traer todas de vuelta a mi mente.
– ¡Dulce, la Aburrida, Dulce, la aburrida, Dulce, la aburrida! – Entonaban algunos amigos de Brett, que después se saludaban con un "toca aquí".
Y se fueron todos. Todos, excepto JP.
– Entonces, Dulce. – Sonrió malvadamente, y un mechón de pelo negro cayó en su rostro. – Ahora que sabes que Brett no quiere nada contigo, ya que te tiraste a un jugador del equipo rival del colegio que ni una zorra lo haría... – Él respiró hondo. – ¿Qué tal salir conmigo?
– ¿Salir contigo? – Dije, bajito. – Como, ¿en una cita?
JP dio otra sonrisa malvada, y estalló en carcajadas.
– Salió mal, no puedo. Los chicos me pagaron diez de los verdes para pedirte que saliéramos, pero tu cara no tiene precio. Tengo una novia liberal, ¿por qué iría detrás de una nerd virgen de lentes que hace que los hombres salgan corriendo y gritando?
Mi cuerpo colapsó. El piso frío me ayudó a aliviar la enorme onda de calor que me envolvió. Intenté inhalar y exhalar, hasta que sentí unos brazos fuertes envolverme y levantarme.
Me abracé al cuerpo de Christopher y cerré los ojos, con rabia de mí misma por permitir que un maldito recuerdo del colegio me dejara completamente indefensa.
Me cargó en cuestión de segundos, hasta la piscina privada, donde se sentó, conmigo sobre su regazo, y mis brazos alrededor de su cuello.
– Gracias – dije bajito.
El rostro de Christopher estaba petrificado, enojado, tenso. Apretó los dientes, desvió la mirada y soltó una mala palabra, pegándole al agua con su mano libre.
– ¿Qué te hizo ese tipo?
– Nada.
Intenté liberarme, pero Christopher me apretó más contra él.
– Dulce.
– Es tan idiota... – Mi voz falló. – Creo que nunca había estado tan avergonzada en mi vida. Perdón por haberme descontrolado. Es que...
ESTÁS LEYENDO
El Riesgo
RomantizmEsta historia es una adaptación de @firesvondy, pero algunas amigas mías están interesadas en leerla y ellas no hablan portugués, así que yo hablé con ella y me dejó traducirla para todas ustedes, bellas mías. -- Dulce nunca hizo nada arriesgado. Na...
