– ¿Cómo la señora consigue dormir? – Preguntó el agente.
– Gracias por la preocupación. – Abuela tocó su brazo. – Me tomo una pequeña pastilla rosada con dos copas grandes de Merlot. Funciona tan bien que es una belleza. Duermo como una piedra, excepto cuando Charles Barkley se agita con mis ronquidos.
– ¿Charles Barkley? – Repitió el agente. – ¿En su cama?
– Bueno, ¿dónde más dormiría mi perro? – Abuela rodó los ojos. – Algunos salen con unas preguntas...
Dulce
Era el fin de mis vacaciones. No conseguía obligarme a sentirme mal por Christopher ni por cualquier otra persona. Abuela solo estaba tratando de ayudar, aunque sus razones fueran más, y más excusas. Aún así, ella nos amaba a todos, y yo la amaba por eso. No conseguía ni obligarme a enojarme.
Como máximo, estaba triste.
Porque él me había prometido seis días.
Y me quitaron eso al tercero. Yo tenía derecho a tres días más de romance, tres días más de cuento de hadas. En vez de eso, me gané a mi hermana, a su nuevo esposo, el hermano de él y su esposa.
Ahora que otras personas estaban presentes – gente que sabía mucho más del pasado de Christopher que yo –, era el fin de los besos robados, de las caricias, y de las discusiones bajo las estrellas.
Me estremecí y cerré los ojos por un breve momento, mientras me acordaba del sabor de sus labios. Por lo menos tenía ese recuerdo. Sus manos paseándose por mi cuerpo. Su boca, caliente y desesperada.
Era bien probable que le contara esa historia a mis gatos, cuando llegara a casa y renunciara de una vez al sexo masculino. Tal vez debería considerarme suertuda por no haberme enamorado de él irremediablemente. Porque, a esas alturas, irme todavía era posible. Difícil, pero posible. Tres días más y podía haberme sentido lastimada al ver a Christopher darle la espalda a lo que había entre nosotros.
– Tienes cara de que necesitas eso. – Anahí me lanzó un shot de tequila. – Tápate la nariz y tómatelo de una sola vez. No me importa si te gusta o no, porque, por tu cara, parece que acabaras de escuchar que The Vampire Diaries fue cancelado.
– No le veo el chiste. – La miré mal.
– Tómate eso de una vez – replicó Anahí.
Tomé, e hice una mueca cuando el líquido bajó quemando mi garganta.
– ¡Hola! – gritó Alfonso, juntándose a nosotros.
Ese hombre pondría a prueba la paciencia de un santo. Tenía lindos ojos color miel y pelo negro – los dos hermanos Titus lo tenían.
– Dulce, en serio, si quieres que mate al señor senador, solo tienes que decírmelo. O asentir. – Como no reaccioné, él siguió: – O guiñar el ojo. Maldición, solo respira. Solo tienes que soltar el aire que lo hago.
– Dudo que me quiera muerto, porque la hago sentir cosas que apuesto que tú nunca le has hecho sentir a una mujer en toda tu vida – respondió Christopher, con la voz tensa, atrás de mí.
Apoyó las manos en mis hombros y las deslizó por mis brazos. Me estremecí en respuesta y le di una sonrisa arrogante a Alfonso.
– Entonces – me devolvió la sonrisa –, creo que necesitamos hacer un brindis.
– ¿Un brindis? – repitió Christopher.
– Al senador que encontró el amor. – Él levantó la copa.
– Así como la ardilla que encontró las nueces. – Christopher me guiñó el ojo.
– ¿Qué? – Miré alrededor de la mesa.
Christian se rió.
– Solo tienes que entrar en la onda.
– Parece que eso pasa bastante – murmuré, levantando el ponche de ron.
– Verdad. – Maite chocó la copa contra la mía. – Entonces, ¿cuál es el plan para hoy?
– ¿Plan? – La abuela fue hasta nosotros con pasos decididos, una mujer con una misión. – Ya me encargué de todo. Primero vamos a hacer una fiesta falsa de despedida de soltero. Alfonso, trata de mantener tus pantalones arriba esta vez. No queremos ninguna anciana más teniendo ataques cardíacos.
Él entrecerró los ojos.
– Fue solo esa vez.
La abuela lo ignoró.
– Seguida de un bello paseo mañana en la mañana, después de la terapia de grupo. Y por supuesto que más tarde tendremos una cena de ensayo. ¿Pueden creer que ya pedí los vestidos? Ah, ¡y Javier! ¡Javier! – gritó abuela, rompiéndome los tímpanos. – Este es Javier. Él va a tomar las fotos del matrimonio.
– Fotos del matrimonio falso – corrigió Christopher. – No nos vamos a dar un Alfonso y Anahí.
– Ah, ya somos una expresión. – Anahí y Alfonso se felicitaron chocando los puños.
Ignoré a la parejita feliz, así como ignoré a la audiencia burbujeando alrededor. ¿Cómo sería ser parte de esa familia? ¿Cómo sería estar tan enamorado de alguien, tan sincronizado, al punto de declarar y ser completamente feliz?
Alfonso y Anahí se besaron y se rieron juntos.
– Por supuesto que no. – Abuela posó las manos en mi pecho y suspiró. – Yo nunca haría eso. Puedes confiar, aprendí la lección. Es mejor que el amor nazca naturalmente. De cualquier manera, vamos a tomar unas fotos y mentir sobre el matrimonio, diciendo que es un evento demasiado íntimo para compartir con el mundo.
Christopher agarró mi mano.
– Entonces es una simulación.
– Por supuesto. – Los ojos de la abuela analizaron nuestras manos unidas. – A fin de cuentas, tienen tres días más de cuento de hadas, ¿no es así, Christopher? No podemos arriesgarnos, con maldiciones y folklore envueltos en la historia, ¿no?
Me mordí el labio para aguantarme la risa.
– ¿Quién le contó eso? – Golpeó la mesa con el puño.
– Ah, el capitán y yo somos viejos amigos. – Abuela sonrió malvadamente.
Le pedí a Dios que Christopher no pidiera más explicaciones, porque por lo mucho que se estaba sonrojando, la respuesta no debía ser apropiada para el público en general. Para nadie, mejor dicho.
– Entonces, sigamos. – Abuela se sentó en la mesa. – Ya programé algunos paseos para hacerlos en familia. Javier va a tomar fotos, y todo el mundo se va a ir a la casa con una sonrisa en el rostro. De aquí a tres días, por supuesto.
– ¿Eso significa que voy a ganarme una nueva luna de miel? – preguntó Alfonso. – Ya que la señora acabó con esta.
– Exacto. – Refunfuñó Christian.
– Ay, por favor. – Abuela los mandó a callar con un gesto. – Les di por lo menos tres días. Me pareció bien generoso, considerando la situación.
– Ah, ¿TE PARECIÓ? – Preguntó Alfonso.
– Alfonso, para de gritar. Deberías agradecerme, no pelear conmigo. – Se viró esperanzada hacia todos nosotros. – Entonces, ¿tenemos un acuerdo?
¿Y de casualidad había otra opción?
– Tengo una pregunta – dijo Christopher, muy tranquilo. – Si esto era un esfuerzo para sacar mi carrera del fango, y yo supuestamente estoy viajando a mi propio matrimonio, ¿no deberían estar aquí mis papás? ¿Y los de Dulce?
La sonrisa de la abuela creció.
– Ah, llegaste justo a tiempo, ¿no, Su Excelencia?
La cara de Christopher perdió todo color mientras se viraba, soltando una mala palabra.
– Papá.
– Hijo, tenemos que hablar.
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El Riesgo
RomanceEsta historia es una adaptación de @firesvondy, pero algunas amigas mías están interesadas en leerla y ellas no hablan portugués, así que yo hablé con ella y me dejó traducirla para todas ustedes, bellas mías. -- Dulce nunca hizo nada arriesgado. Na...
