– ¿La señora es incluso chef y terapeuta? – Preguntó el agente.
– Sí. – Abuela asintió, animada. – También soy piloto.
– ¿Con título?
– ¿Por qué insistes en preguntarme si tengo licencia o no? ¿Acaso no parezco lo suficientemente inteligente para tener varios talentos y hobbies?
– ¿Por qué la señora pensó que necesitaba todas esas... habilidades?
– Porque conozco a mis nietos. Alguna vez, pensé que necesitaría aprender a luchar MMA, pero gracias a los cielos eso nunca pasó. – Abuela cambió de posición en la silla. – Además, un buen líder siempre tiene presente una cosa.
– ¿Qué cosa?
– Si quieres algo bien hecho, hazlo tú mismo.
Christopher
– Si llegas a decirle un "ay", no voy a descansar hasta hacerte picadillo. Era eso lo que tenía que haberle dicho en vez de: Yo amo a esa mujer.
Brett se rió.
– Cierto. Sabes que la mitad del mundo piensa que estás de vacaciones con una nueva novia, y la otra mitad está segura de que estás con una prostituta.
– Bueno, obviamente, ya que yo la amo, no es una prostituta. No hay plata metida en esta relación. Aunque no lo entiendas. – Lo miré con desprecio.
– Te voy a exponer – amenazó Brett. – A fin de cuentas, ¿qué clase de ciudadano responsable sería si dejara a un senador salir impune por mezclarse con la prostitución?
– Inténtalo. No tengo secretos. – Lo miré, enojado, sintiendo que perdía el control. – Pero no metas a Dulce en esto. ¿No te parece que ya le has hecho bastante daño?
Brett frunció el ceño.
– ¿Te contó sobre el colegio? Eso es medio patético, para que sepas. Digo, ¿cuántos años tiene, veinticuatro? ¿Y todavía está enojada por algo que pasó hace doce años?
– Eres un animal. Y, por cierto, era yo.
– ¿Tú?
– En el baile. – Inflé el pecho. – El que besó a Dulce. Era yo, así que métete esas acusaciones dónde tú ya sabes, antes de que yo lo haga por ti. Yo. Amo. A. Esa. Mujer. Yo. La. Elegí. Haz algo con tu vida antes de que le pague al amigo de un amigo para sabotear los frenos de tu carro.
– ¿Me estás amenazando?
– Claro que no. Solo estoy jugando. Estás un poco borracho después de todos los shots – Agarré la bebida del balcón y se la lancé en la cara – y un poco tambaleante después de meterte en una pelea de bar. – Le di un puñetazo en el mentón y lo agarré del cuello de la camisa una vez más, poniendo recto su cuerpo para poder golpearlo de nuevo. – ¿No?
Su rostro adquirió cien tonos diferentes de rojo antes de que me empujara y pusiera las manos en mi pecho.
Retrocedí un paso y di una sonrisa irónica.
– Ahora, o me pides disculpas, o te vas a arrepentir.
– Voy a correr el riesgo. – Brett chasqueó los dedos y preparó un puñetazo.
Lo esquivé y lo golpeé en la cara.
Bien fuerte.
– ¡Hijo de tu madre! – Brett casi se cae para atrás. – Tú ni la amas de verdad. Solo están saliendo. Hay algo oscuro en esta historia.
ESTÁS LEYENDO
El Riesgo
Roman d'amourEsta historia es una adaptación de @firesvondy, pero algunas amigas mías están interesadas en leerla y ellas no hablan portugués, así que yo hablé con ella y me dejó traducirla para todas ustedes, bellas mías. -- Dulce nunca hizo nada arriesgado. Na...
