– ¡Maldición! – Abuela golpeó la mesa con el puño cerrado. – ¡Estoy intentando contarte una historia, Gus! ¡Para de interrumpirme!
– Y yo solo estoy tratando de entender cómo esa historia de amor termina con un secuestro, señora. Solo eso.
– No, estás agotando mi paciencia, Gus, y no voy a tolerar eso. ¡Tengo ochenta y seis años, y, aunque parezca fuerte, eso me desgasta! Eso...
– ¿Señora? – Susurró el agente. – ¿Señora?
Él se levantó lentamente y codeó a la abuela en el hombro. Con un ronquido, ella abrió los ojos.
– Ay – Se desperezó –, qué sueñito más bonito. ¿Qué decías?
Christopher
– Abuela. – Me aclaré la garganta, lo cual solo hizo que mi garganta se obstruyera más cuando me ofreció papel y lápiz. – Todavía no entendí lo que la señora me está pidiendo que haga.
Durante la última media hora, la abuela nos había estado enseñando cómo mantener una relación saludable... en la cama. Mis orejas ardían, y estaba casi seguro de que, dadas las circunstancias, algunos de mis espermatozoides habían renunciado a vivir y se habían suicidado.
No podía culparlos. Hasta yo quise morirme cuando ella comenzó a describir a detalle su intimidad con su esposo ya fallecido, Bill.
Al parecer, en sus últimos años de vida se quedó ciego del ojo derecho, pero la abuela quería que entendiéramos que problemas físicos no deberían impedir que participáramos en lo que ella llamaba, por más extraño que pareciera, Juegos de Mimetismo.
Lo que siguió fue un gráfico sobre zonas erógenas que se despertaban cuando otras partes del cuerpo eran físicamente... comprometidas.
Esa tortura infernal terminó con imágenes. No imágenes normales porque eso sería muy fácil. Ella empuñó – sí, fue una pésima palabra – un cuadro con muñecos de fieltro que podía jurar que mis profesoras de catecismo usaban para contarnos historias bíblicas, después contó una historia sobre Antonio Aburrido y Anna Alegre, y sobre cómo Antonio Aburrido se transformó en Antonio Admirado cuando Anna Alegre aprendió a seguir los consejos de la abuela.
Y había un poema.
Y, finalmente, una canción, que fue cantada con la melodía de "Mary tenía un corderito".
Nunca más comería corderito.
Pensé que la tortura había llegado a su fin, hasta que abuela nos ofreció lápiz y papel y dijo que aplicaría un test sorpresa. Las preguntas debían ser lo más idiota que me han preguntado, y eso que ya había escuchado muchas preguntas idiotas. Era parte de mi trabajo.
– Escriban las respuestas en el papel y discutan sobre ellas.
– Pero las preguntas son idiotas.
– Tú también, y no me paso diciendo eso en voz alta, ¿o sí?
– La señora ya me lo dijo – Argumenté. – Dos veces.
– Es verdad. – Se intrometió Dulce.
Abuela me mandó a callar con un gesto.
– Primera pregunta.
– Mierda.
– Ay, ¿cómo va aquel burro? – Abuela dio un suspiro feliz. – Es muy viejo, ¿sabes?
– Lo sabemos. – Dulce suspiró. – ¿Podemos hablar de eso luego? Estamos desperdiciando luz solar, y necesito mucho broncearme.
– Sí, lo necesita. – Concordé. – Está blanca como fantasma.
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El Riesgo
RomanceEsta historia es una adaptación de @firesvondy, pero algunas amigas mías están interesadas en leerla y ellas no hablan portugués, así que yo hablé con ella y me dejó traducirla para todas ustedes, bellas mías. -- Dulce nunca hizo nada arriesgado. Na...
