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XXV. Sueños medicados

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*Dos días antes*

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*Dos días antes*

​—​¡¿Dónde está?! —Gritando fúrico el chico de cabello rojizo arrojó al rubio contra el anaquel. Importándole muy poco que la mezcla repulsiva de sangres se derramase sobre el suelo.

—Él y tu hermano viajaron a Jersey. No me preguntes para qué...yo sólo.

—¡Tú sólo estas siendo su asqueroso espía! —gruñó—. Tienes idea de lo jodida que esa chica a la que has estado envenenando va a terminar.

—No estoy envenenándola —protestó él tipo rubio—. Quizás, quizás lo hice al principio, pero...

—¡¿Pero ¡¿qué?! —Golpeó su cuerpo nuevamente contra el anaquel—. ¡¿Pero qué?!

—¡La amaba! —desafió—. Aun cuando sabía que iba a perderla —apartó las manos del chico de cabello rojizo que se aferraban con fuerza a sus extremidades—. Sabía del peligro al que la exponía —bajó la mirada. Como si estuviese a punto de confesar un crimen terrible—. Pero...cada vez que me besaba mandaba todos y cada uno de esos pensamientos a la mierda y disfrutaba que ella me correspondiese...sé que no somos más que monstruos...a pesar de eso ella me también me correspondía, podía sentirla. Me amaba tanto como yo la amé.

Las manos cedieron, la realidad resultaba mucho más hiriente que los pensamientos donde había decidido refugiarse. Ignorando su propia naturaleza, fingiendo que podría llevar una vida normal como tanto deseó desde la primera vez que se besaron.

Dejando tras de sí a un alterado chico rubio, subió de dos en dos las escaleras. Necesitaba viajar a Jersey. Tenía que parar las cosas terribles que podrían desatarse si no terminaba con todo aquello.

Metiendo de manera mecánica un par de camisetas en la mochila color azul. Pasó frente al espejo, deteniéndose abruptamente, las ojeras violetas se habían descontrolado, lo que antes habían sido pequeñas marcas, ahora parecían medias lunas bajo sus ojos. Negó, no había tenido el tiempo suficiente como para pensar en alimentarse. La seguridad de su Kylie era mucho más importante que unas cuantas dosis de sangre.

Echándose la mochila al hombro, dio la vuelta solo para encontrarse con la única persona que se mantuvo a raya durante toda esa situación.

—¿Qué tiene Jersey que de pronto todos quieren viajar ahí? —Preguntó. Tratando de añadir un toque divertido a la situación—. Lo digo en serio, nos hemos pasado la vida viajando de país a país para terminar regresando al mismo agujero del que salimos.

Intentó pasar a su lado. Pero no se lo permitió, aferró con fuerza la mano sobre su hombro para obligarlo a detenerse.

—Jayden...—pidió, tratando de controlar la ira. Mirando de reojo el sitio donde lo estaba tocando. Nunca le gustó mantener contacto físico con otras personas. Resultaba irónica la manera en la que permitía que los suyos traspasaran el límite del espacio personal sin pedir su consentimiento.

Lost Boys: Vampires Will Never Hurt YouHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora