Mi parte racional no paraba de repetirme que debería sentirme al menos un poco apenado después de haberme despedido de mi familia antes de adentrarme en la residencia de estudiantes, pero mi parte temperamental estaba tan pero tan llena de júbilo de que al fin hubiera llegado el día de mi independencia que me resultaba imposible fijar mi mente en algo que no fuera el futuro. Llevaba esperando este momento literalmente toda mi vida y ahora que estaba delante de la puerta de mi habitación, tomando una gran bocanada de aire antes de conocer al que será mi compañero durante quién sabe cuánto tiempo, todavía me parece que va a sonar la alarma en cualquier momento y me despertaré para volver al odioso instituto.
Sin embargo, al introducir la llave en la cerradura, girarla y abrir la puerta para encontrarme con el vacío más absoluto, todavía sigo despierto, aunque una parte de mí desearía que esto tan solo fuera un mal sueño. ¿Dónde estaba mi compañero de habitación? ¿No se suponía que debería haber llegado a estas alturas? ¿Y si no había tantas personas este año en la residencia, por lo que me ha tocado estar solo en la habitación? Bueno, eso no sería del todo malo porque tendría más privacidad, pero esperaba que él se convirtiera en mi primer amigo. Igualmente, me adentro en la habitación a trompicones con mis dos maletas extra grandes. No puedo desanimarme ante el primer contratiempo, mi vida como universitario no ha hecho más que comenzar.
Lo primero que hago al entrar en la habitación es echarle un vistazo, pues debido a la decepción inicial de no encontrar nadie ni siquiera me he fijado en cómo es. La verdad es que es mucho más grande de lo que parecía en fotos, hecho que me hace sentirme un poco más animado. Las camas, que reinan en mitad de la habitación, también son grandes, aunque la de mi antiguo cuarto era un poco más ancha. No obstante, al sentarme en la que estaba más cerca de mí me doy cuenta de que es bastante cómoda, un dato reconfortante sin duda alguna. Ambas camas están separadas por una pequeña mesita de noche de madera. Supongo que, en el caso de que hubiera otra persona, nos las tendríamos que apañar de la mejor forma posible
No puedo esconder un suspiro de alivio al darme cuenta de que hay dos escritorios a cada lado de la habitación, pero tampoco es algo que deba importarme demasiado porque, al menos hasta ahora, no tengo compañero. Quizás se ha retrasado un poco pero llega para la hora de la cena, o a lo mejor sus clases no empiezan mañana, aunque tenía entendido que a estas alturas tan solo quedaban unas cuantas carreras, entre ellas la mía, sin haber empezado las clases todavía.
Decido no darle más vueltas al asunto y continuo inspeccionando la habitación, aunque realmente lo único que me quedaba por ver era el cuarto de baño, algo más pequeño de lo que me esperaba, pero bastante bien equipado, que es lo realmente importante. Una vez que he terminado el reconocimiento de lo que será mi hogar durante el próximo año comienzo a deshacer las maletas.
Justamente cuando termino con la primera maleta, escucho que llaman a mi puerta. El corazón me late a toda velocidad. ¿Será mi compañero de mi habitación? Cuando por fin abro la abro me encuentro con un chico bastante bajito, de piel clara y con el pelo pelirrojo. Una sonrisa amable surca sus labios.
–Hola –dice el chico, con un tono de voz bastante amigable–. Me llamo Hinata. Vivo en la habitación de al lado, pero mi compañero me ha dicho que por fin teníamos vecinos, así que he pensado que luego podemos ir a tomar algo si te apetece.
En ese momento mis esperanzas se hacen añicos por segunda vez. Ahora que me fijo mejor me doy cuenta de que no tiene maletas, por lo que es bastante obvio que no era mi compañero de habitación. La verdad es que me habría gustado que fuera él, parece un chico simpático.
–Encantado –respondo, esbozando una sonrisa también–. Mi nombre es Kenma. Todavía tengo que terminar de deshacer las maletas pero, si te parece, puedo pasarme por vuestra habitación cuando termine.
–¡De eso nada! –replica Hinata–. Deja la puerta abierta, en menos de un segundo estamos aquí para ayudarte con las maletas. Es aburrido tener que hacerlo tú solo, te vendrá bien un poco de compañía.
Hinata desaparece rápidamente, pero antes de perderlo totalmente de vista me da tiempo a comprobar que su habitación es la que 210. Antes de que aparezca de nuevo con su compañero vuelvo a entrar para asegurarme de que todo está orden. Instantáneamente me recuerdo a mí mismo que es lógico que mi habitación sea un desastre ahora mismo e intento relajarme. No debo esforzarme tanto por causar una buena impresión, no parecía difícil llevarse bien con él, así que con su compañer0 tampoco debería serlo.
–¡Ya estamos aquí! –anuncia Hinata, sacándome de mis ensoñaciones.
Hinata aparece finalmente ante mí seguido de otro chico. Su pelo es tan rubio que llega a parecer blanco, al igual que su piel, que es incluso más pálida que la mía. Sin embargo, lo que más me llama la atención de él son sus ojos. Nunca antes había visto unos tan bonitos.
–¡Hola! –dice el chico de manera alegre–. Mi nombre es Lev.
–Kenma, encantado.
Entre preguntas banales sobre nuestras vidas antes de llegar allí, terminamos de deshacer la última maleta. La verdad es que Hinata tenía razón: era mucho más divertido en compañía y más rápido. Además, eso me ha permitido conocerles un poco mejor. Ambos estudian Magisterio, así que comenzaron las clases hace un par de semanas. No se conocían de nada, pero coincidieron en un grupo de WhatsApp que crearon durante las vacaciones de verano para los alumnos de primer año de Magisterio y comenzaron a hablar por privado cuando se dieron cuenta de que iban a la misma residencia. Además, he descubierto que Lev es mitad ruso, aunque se notaba que era extranjero.
–¿En qué cama dejo esto? –me pregunta Lev, alzando mi peluche de gato. Agradezco que no se haya burlado ni haya comentado lo infantil que es traer algo así, igual que mi padre cuando intentaba ayudarme a cerrar la maleta en la que estaba guardado.
–Me da igual, ninguna está ocupada todavía.
–Eso es imposible –interviene Hinata–. Recuerdo que el otro día un chico se estaba quejando en el comedor porque no aguantaba a su compañero de habitación, pero le dijeron que era imposible cambiarlo porque todas las habitaciones estaban llenas.
–Quizás llega mañana –sugiere Lev–. Si no vive demasiado lejos, a lo mejor va directamente a la Universidad y luego se pasa por aquí para instalarse con más tranquilidad.
Hinata se encoge de hombros, restándole importancia al asunto, y Lev deposita el peluche sobre la cama de la derecha. Después de aquella pequeña conversación acerca de mi compañero de habitación, no volvemos a mencionar el tema, ni siquiera cuando dejamos la residencia para ir a tomar un par de refrescos a un bar cercano.
El tiempo se pasa tan rápido que ni siquiera nos damos cuenta de que no vamos a llegar para la cena, así que decidimos ir a un restaurante de comida rápida. La verdad es que me habría gustado cenar en la residencia la primera noche para ver cómo es el comedor, el ambiente y probar la comida, pero tampoco es algo que me vaya a quitar el sueño, mañana será otro día.
De vuelta en mi habitación, repaso mentalmente todo lo que ha ocurrido durante las últimas horas. Todavía no me parece real no estar en casa, pero creo que no me costará mucho acostumbrarme si las cosas siguen este ritmo, aunque me siento un poco solo cuando miro el lado izquierdo de la habitación. Me gustaría tener alguien con quien compartir mis emociones o al menos alguien a quien darle las buenas noches, igual que Hinata y Lev, pero según lo que hemos comentado antes, todas las habitaciones están llenas, así que mi compañero debe llegar a lo largo de esta semana. Pensar eso me reconforta.
Antes de irme a dormir dejo sobre la silla de mi escritorio la ropa para mañana. Por último, miro mi móvil una vez más. Tengo algunos mensajes de mi madre, preguntando qué tal va todo por aquí. Le cuento que he conocido a dos chicos simpáticos que viven en la habitación de al lado, pero no menciono nada acerca de mi compañero porque sé que se preocuparía si descubre que voy a pasar mi primera noche solo. Finalmente, apago la luz de la mesita de noche y cierro los ojos con fuerza, deseando quedarme dormido lo antes posible para ver lo que me depara mi primer día de clases.
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Habitación 212
FanfictionKenma ha esperado durante toda su vida el momento de ir a la Universidad. Lo que más ansiaba era conocer a su compañero de habitación de la residencia de estudiantes, pero al llegar allí tiene que hacer frente a su primera gran desilusión. No obstan...
